COMO SI ACASO estuviera pagado por las petroleras, un animoso Presidente George W. Bush reapareció tras su regreso de Europa y, abruptamente, exigió al Congreso que permitiera perforar las costas de Florida y los parques naturales de Alaska. Relajado, y por enésima vez, explicó que esto de aprovechar los recursos naturales era imperativo para “la seguridad nacional” y que bajaría los escandalosos precios mundiales de la gasolina. Habría “tecnologías nuevas y más seguras” y una pronta solución para la dependencia energética de Estados Unidos.
Aunque los entendidos en el tema ya indagan sobre una bestial especulación y dicen que de nada sirve la iniciativa, Bush atribuye la actual situación petrocrítica a la oposición tenaz de los demócratas. Quizás un tanto desmemoriado, omite que fue su padre quien protegió parte de Alaska en 1990 con una orden presidencial (la moratoria es de 1981) y su hermano y ex gobernador de Florida, Jeb Bush, estuvo en desacuerdo con las perforaciones en las costas de Florida.
Horas antes, en Houston, el aproblemado candidato John McCain demostró su agilidad populista al reconocer que ya era tiempo de meter mano a las reservas. Una postura que contrasta con su imagen verde, tejida con cuidado por años y que pone en ascuas una candidatura estilo terminator (el gobernador Arnold Schwarzenegger se impuso a las exigencias del partido, construyendo un personaje más libre, medioambiental y alternativo, obligando a los republicanos a seguirlo sin condiciones ideológicas).
El llamado de Bush, desde luego, es acompañado de la clásica y millonaria campaña comunicacional que no puede sino relacionarse con los pocos meses que le quedan como Presidente. Hay favores que se deben pagar. Sin embargo, Alaska y las playas de Florida no sólo están protegidas por una orden presidencial sino por una prohibición impuesta por el Congreso. Bush sorprendió con su ataque civilizado, que trata de convencer al Legislativo en vez de desafiarlo. Básicamente apela al oportunismo de cada estado, porque parte de los fondos se quedarían en las arcas locales. Igual, se especula que su postura esconde varias agendas. La más lógica, que intenta reforzar la marca McCain, que aún no seduce a las bases republicanas por la simple razón de que es percibido como muy blando o -si se quiere- amarillo. Hay una incomodidad tan grande con McCain que a duras penas atrae al electorado tradicional, que ya tuvo problemas en votar por él en las primarias. El partido no sólo debe acomodar mediáticamente la desilusión con el Gobierno de Bush sino atesorar la real adicción republicana bushiana que existe, con un controlado “cierre de filas” tras McCain.
Por otro lado, se comenta que McCain ya no consiguió aglutinar el partido tras de sí, lo cual abriría la opción de que, en la convención de septiembre, se baje (o lo bajen) para así proclamar un candidato más ad hoc con las masas republicanas. O sea, un republicano con atractivo trascendental y con soluciones consecuentes. Puede sonar a locura, pero McCain ya sucumbió a la voluntad del partido el ’99, cuando la maquinaria de Bush se impuso por sobre la suya. Es decir, si McCain no tiene ninguna posibilidad real de ganarle a Obama, su lealtad al partido puede ser más fuerte que su ambición por llegar a la Casa Blanca.
McCain aún no ha declarado quién será su candidato a la vicepresidencia. No es casual que el gobernador de Florida, Charlie Christ, muy cercano a su antecesor Jeb Bush, alegremente se sumara a los buscapetróleo en Florida. El perma-bronceado alegaba que su voltereta medioambiental de 180 grados se debía a que “su corazón se desangra” por el sufrimiento de las familias ante los precios de la gasolina y se debe dar la oportunidad para que “la gente pueda manejar sus autos”, sin hacerle caso a que producir petróleo demorará diez años.
Christ, quien “suena” como posible vicepresidente de McCain junto a una variopinta docena de otros personajes, es el mismo quien magistralmente adelantó las primarias en su estado, desatando el impasse que de seguro le costó una candidatura más sólida a Clinton. Hay que recordar que los votos de Florida no fueron tomados en cuenta en el recuento final de las primarias demócratas. Christ ha sido un fiel adherente de McCain desde un inicio y McCain ya supera a Obama en las encuestas de Florida. Esta mezcla, entre los intereses de la familia Bush con la candidatura de McCain, puede traer resultados nefastos al último. No porque -como dicen algunos- demasiada cercanía con Bush puede perjudicar a McCain, sino porque tras bambalinas ya figura quien debería estar hoy en la Casa Blanca. Jeb Bush comunicó que si bien apoyaba el afán de su hermano de desarrollar nuevas fuentes de energía, “esto no disminuye la necesidad a largo plazo de conservar y desarrollar fuentes alternativas de energía”.