Gabriela Rodríguez: “Es la colaboración real la que se necesita urgentemente para que podamos seguir vivos”

La psicomaga y autora de “La Memoria de la Sangre” (Editorial Aguilar) inaugura este lunes una serie de columnas y reflexiones de mujeres sabias y abuelas ancestrales que analizan para La Nación los efectos de los contagios de Covid-19 que tienen prácticamente paralizado al mundo y a millones de personas en cuarentena y confinadas en sus hogares. “Esta crisis es de absolutamente todos y tenemos que lograr ser eslabones de la cadena de la especie humana.  No estamos separados.  Estamos conectados y pertenecemos a la totalidad energética", dice.

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“Estamos en cuarentena, obligados a detener el mundo de allá afuera, a restringir el movimiento automático e ilimitado por las ajetreadas calles de la ciudad, pueblo, villorrio o barrio que habitamos. Obligados a permanecer en nuestras casas,  a movernos en un espacio físico reducido, remitidos a nuestro mundo íntimo, ya sea una mansión, casa, departamento, pieza, albergue o mediagua:  Todos Adentro – Confinados – Distancia social. El mundo paró”, remarca Gabriela Rodríguez.

La taróloga, psicomaga y autora de “La Memoria de la Sangre” (Editorial Aguilar) reflexiona para La Nación respecto a esta pandemia de coronavirus, o Covid-19, que ha dejado miles de contagiados y fallecidos en el mundo, y ha confinado en sus hogares a millones de personas.

“Más casa menos mundo, limitación espacial que nos obligó a redistribuir el tiempo, a adecuar el cronograma mental de las habituales rutinas y que a los más afortunados les da tiempo libre para instruirse o  divertirse, o ambas”, apunta.

“Este es el panorama simplemente descrito que significa un cambio drástico del tiempo y del espacio, en que  lo real y lo surreal se conjugan a través de la tecnología que nos conecta y ambos comienzan a tener otra dimensión.  En medio de una amenaza apestosa, el espacio y el tiempo con sus ojos vacíos nos interrogan con preguntas cruciales sobre la vida y la muerte. Todo tipo de muertes: la muerte por el virus, la muerte del trabajo, la muerte de un sistema social, la muerte de la especie, la muerte del planeta.  Mega crisis”, describe.

“Acorralados  en el hogar, enfrentados a un arcoíris de emociones oscuras y luminosas, tenemos la posibilidad de tomar consciencia  del mundo personal, de mirar el cuadro o las fotos que cuelgan de la pared que antes eran invisibles, de mirar a los hijos y darnos cuenta de cómo han crecido y quiénes son, de ver a la pareja y sentir cariño, amor u odio intensificados, de saber que hay temas que nunca hemos podido tocar y ahora son urgentes.  Con la incertidumbre total de  cómo y cuándo saldremos de esta pandemia, estamos frente a una oportunidad fenomenal de ver, de reflexionar, de poner a prueba nuestras verdaderas necesidades, de sentirnos, de aquilatar y de ¡crecer!”.

“Es un tiempo de confrontación y al mismo tiempo de creatividad: en medio de una amenaza radical que involucra a todos los seres humanos y al planeta,  tenemos que resolvernos de una  manera nueva”.

ES UNA CRISIS SOCIOSANITARIA Y PLANETARIA

Gabriela Rodríguez señala que “lo interesante de esta pandemia es que a un nivel colectivo nos cuestiona, ahora puertas adentro, con preguntas fundamentales sobre valores humanos, personales y sociales, que ya se venían manifestando puertas afuera en las revueltas que estallaron el año pasado en varias partes del mundo (como soy chilena me refiero particularmente a nuestro país) con demandas que apelan esencialmente a la dignidad y la libertad de las personas, socavadas por un sistema económico perverso que, a mi juicio, es el meollo y la causa de toda la crisis.  Es decir, el origen de todo lo que está ocurriendo está en el sistema económico y no al revés (como han querido comunicarlo)”.

“La llamada economía de mercado que se instaló en el mundo en los años setenta, teniendo como base experimental a Chile bajo dictadura, mercantilizó la vida del ser humano generando una esclavitud económica para varias generaciones, disfrazada de progreso futuro con un presente basado en una gigantesca deuda que se maneja en las esferas financieras”, dice.

Y añade que “todo esto utilizando un lenguaje técnocrático y exclusivista que genera una tremenda distancia de lo real, es decir al ciudadano común le es muy difícil entender  qué hace el Estado con su dinero y tuvo que confiar a ciegas para luego encontrarse con que lo que tiene en realidad no le pertenece: es deuda. Triste realidad”.

“No quiero extenderme sobre la economía esclavista sobre la cual hemos tenido  bastante información en Chile, destapada gracias al movimiento social de los últimos meses, pero me parece indispensable tocar este punto para entender la crisis global y su contexto socio -económico.  Concluyo entonces, remarcando que en este sistema mercantil los que mandan no son los gobiernos sino los mercados que se han movido por décadas en un sistema de especulación  que estalló hace rato y genera lo que llamaron ‘guerra comercial’ entre Estados Unidos y China, que en realidad es un gran bloque político contra otro gran bloque político donde el mundo entero tiene intereses que están en juego”.

Manifiesta que “en lo particular, ese manejo especulativo hace que suban y bajen las bolsas y un día te enteras que no hay plata en tu fondo de pensiones y ni tú ni yo tenemos ninguna posibilidad de hacer algo porque no tenemos cómo, no tenemos lenguaje. No entendemos.  Hemos sido saqueados por una red de multinacionales financieras que no tiene rostro. Desfalco planetario es lo que ocurre en el fondo de esta crisis, es la caída del sistema neoliberal que se instaló a punta de metralletas”.

“Los economistas saben que este sistema ya fracasó en el mundo, (unos pocos han venido hablando de esto desde el 2018), explotó la burbuja de la mega deuda y no lo dicen oficialmente, y entonces aparece la ‘Panicdemia'”.

“Le llamo así porque estamos infectados de miedo y de virus y esta mezcla es letal, sin duda”.

La autora subraya que “ahora, la crisis sanitaria  deja en evidencia las malas políticas de salud  – también reguladas por el sistema económico –  y tenemos un importante rebote que enfrenta a la ciencia y la política en cuanto al control, que es algo que a ambos se les va de las manos todos los días”.

“El virus es un bicho descontrolado que hace de las suyas con la ciencia, y sobrepasa a los médicos no porque sea mortal sino porque carecen de infraestructura hospitalaria, horrible paradoja que es producto de decisiones políticas desastrosas que, en el fondo, ahora los enfrenta a una cuestión moral: o salvan vidas o salvan la economía. Es por eso, que tenemos cuarentenas a medias con miles de personas que, bajo controles y permisos, tienen que seguir exponiéndose para no perder el trabajo, lo cual va a producir el colapso ya visto de la famosa curva de contagio”, anticipa.

“Tenemos miedo y, con total justificación, porque al  final del día la gran mayoría siente el desamparo y no tiene contención frente a la angustia de perder: o el trabajo o la vida.  Estamos en ascuas frente al movimiento de la curva y a lo que sucede allá afuera porque perdimos la confianza y tenemos sospechas fundadas. Y esta frase de Naomi Klein viene al caso: “La conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno”.  Yo espero que no se tomen decisiones que nos lleven al nuevo orden mundial con sociedades militarizadas e hiper controladas”, agrega.

“Todo esto que es actualidad, es la expresión oscura de la manipulación social dentro de un proceso largo que nos toca vivir como humanidad”.

“Estamos en el pasaje por el túnel de nacimiento. En este proceso todo está sucediendo en sus dos caras simultáneamente.  Lo oscuro y lo luminoso van interactuando”.

EL ANTÍDOTO DEL MIEDO ES LA CONFIANZA, ¿DÓNDE ESTÁ?

“Guardados en nuestras casas nos hemos ido adaptando a la rara  distancia social que te obliga a estar en cercanía con los tuyos y en relación virtual con el resto”, expresa.

“Desde nuestra guarida compartimos todo tipo de información y chistes, activamos la comunicación y compartimos mucho más que antes – sin tocarnos – estamos constantemente dialogando en el computador o en el teléfono y luego de eso, sí o sí tenemos que vernos más seguido en el espejo interior”.

“Y aquí está lo bueno, en la exploración interna, en las preguntas que nos hacemos frente a lo que sentimos. Por ahí aparecen nuestros deseos sublimes y es este el momento, y no otro, de preguntarnos qué queremos construir, cómo queremos vivir, cuál sociedad nos interesa gestar”.

“Ahí estamos, y va a llegar el tiempo del número cuántico – la aparición de la conciencia – en que vamos a vivenciar (no tan solo desear ni imaginar) que no podemos solos como individuos aislados o naciones aisladas, porque es la colaboración real la que se necesita urgentemente para que podamos seguir vivos. Y más profundamente es la colaboración con la tierra la que se necesita para no morir de asfixia.  En muy corto tiempo vimos cómo la naturaleza se ha regenerado sin nuestra movilidad.  Esa es una prueba potente de lo que hacemos cuando usamos petróleo y consumimos todo a nuestro paso”, agrega.

La psicomaga indica que “en este comienzo de siglo nos toca crear una sociedad  más humana, ligada amorosamente a la tierra que es nuestra gran casa.  Es un cambio radical en nuestras relaciones y en la sociedad y por lo tanto colectivamente tenemos mucho trabajo que hacer:

“Lo primero es unir las ideas que son virtuales con el cuerpo que es tierra. Hacer un esfuerzo para salir de la disociación entre las ideas y la realidad. Es decir tenemos que encarnar”.

“Tenemos  que repensar la sociedad  para poder transformar el capitalismo destructivo que ha hecho subir la temperatura del planeta y de seguir nos llevará a la desaparición.

“Crear un sistema de economía real  responsable y sustentable. Esto implica cambiar las energías fósiles”.

¿CÓMO?

“Todos los problemas que genera esta crisis se resuelven por colaboración: colaboramos individualmente para no contagiarnos, colaboración de la política con la medicina implementando recursos necesarios que luego debieran ser compartidos donde sea que se necesite. Colaboración internacional de los estados.  Lo mismo que se hace en algunos lugares para ayudar a los vecinos que no se pueden proveer, se tendría que hacer a diferentes escalas. La olla común de la tribu implementada con tecnología a escala mundial”.

“Esta crisis es de absolutamente todos y tenemos que lograr ser eslabones de la cadena de la especie humana.  No estamos separados.  Estamos conectados y pertenecemos a la totalidad energética. * Así se recupera la confianza,  co-operando.  Creando redes de apoyo.  Mano a mano en todos los niveles, personal, familiar, social y universal.  Vinculados por un espíritu común que es la vida nuestra en este planeta.  La conciencia tiene distintos niveles y nos toca crecer para actuar colectivamente.  Humano es Humanidad.  Humano es un ser espiritual que se reconoce en la totalidad”.

*ref. “La Memoria de la Sangre”.