“Imaginarias”: voces de mujeres en la literatura de género

La “antología de mujeres en mundos peligrosos” de Tríada Edición y La Ventana Sur, se presenta como un regalo para la literatura de género nacional. Es un texto que la tradición editorial -siempre conservadora y privilegiada para autores hombres- no lo hizo por décadas. Y era necesaria. No tanto por lo plausible que resulta ver a las autoras dentro de esta antología, sino, por el favor que hace el libro de acercar a los lectores sus voces. Es el público lector de literatura de género el principal ganador con esta publicación.

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La mujer en la ficción, la mujer en las novelas de género, la mujer creadora de mundos, ¿debería sorprender? Una vez Guillermo del Toro dijo “algunas personas encuentran a Jesús, yo encontré a Frankenstein”. Este connotado director, creador de tantas fantasías, no sería nada sin aquel monstruo, y el terror no sería tan rico sin este personaje. Ni siquiera el cine sería lo mismo. La historia de Frankenstein está vinculada estrechamente con el don de dar vida. Y no es casual. La historia la creó una mujer: Mary Shelly (1797-1851). De cierta forma, todos quienes escriben sobre monstruos son hijos de Mary Shelly, y mucho se le debe a su voz, a su imaginario.

Algo parecido pasa cuando hablamos de casas embrujadas, cuyo contexto e historias siempre están vinculadas a la imagen materna por aquella cuestión psicológica que define “el hogar”  como un gran útero que alberga a todos. Algo que se puede ver clarísimo en la obra de la destacada escritora Shirley Jackson (1916-1965) en su libro “La maldición de Hill House”. Clásica historia de casas embrujadas, la cual tiene una adaptación a serie en Netflix donde el simbolismo de “la casa” está muy bien expresado. Y de nuevo: lo bien logrado en la pertinencia de una voz para contar una historia.

También pasa algo parecido con la latina, “Reina del realismo gótico”, Mariana Enríquez. Sus historias de terror parecen la confesión de una amiga íntima, sus narradores (siempre mujeres) son de un realismo abrumador, y sus relatos “miran de frente el abismo”. Y volvemos a lo mismo. Mariana Enríquez es admirada justamente por su talento y su voz que pone a ellos. 

Y así se podría seguir con una larga lista de escritoras de novelas de género: Lois McMaster Brujold, Ursula K. Le Guin, Lisa Tuttle, Patricia Cornwell, la imprescindible Agatha Christie, Francisca Solar aquí en Chile, etc.

No cabe duda. Existe una tradición de escritoras en la narrativa de género, con sus propios imaginarios, con voces claras, pero muy omitidas. Siempre han sido pioneras en la ficción. Hay quienes intentan negarlo, tal vez, apoyándose en que otra forma conocida de contar historias como lo es el cine, supuestamente no serían pioneras. Es comprensible que lo piensen si no tienen el antecedente de que las mujeres que trabajaron en los orígenes del cine como directoras, montajistas, y guionistas, a muchas le fueron borrados sus nombres en los créditos de sus propias obras y reemplazados por los de sus maridos, y en el caso de estar solteras, por los de algún hermano, o simplemente destruían sus obras. Y se presume que fue por ese criterio cavernícola de enaltecer la imagen masculina en tiempos de guerra: que no es otra cosa que misoginia. De esto se pueden enterar en el booklet del documental y en el documental mismo, “Pioneers first women filmmakers”.

El desplazamiento que ha sufrido la mujer como creadoras (y en la historia en general) se ejemplifica perfecto en la conocida anécdota de Joanne Rowling, autora de la exitosa saga de Harry Potter, quien tuvo que usar el seudónimo “J. K. Rowling” para que su nombre de mujer no saliera en portada ya que existe una inclinación por leer fantasía escritas por hombres.

UN REGALO PARA LA LITERATURA DE GÉNERO NACIONAL

En este desafortunado contexto, una publicación como “Imaginarias: antología de mujeres en mundos peligrosos” de Tríada Edición y La Ventana Sur, se presenta como un regalo para la literatura de género nacional. Es un texto que la tradición editorial -siempre conservadora y privilegiada para autores hombres- no lo hizo por décadas. Y era necesaria. No tanto por lo plausible que resulta ver a las autoras dentro de esta antología, sino, por el favor que hace el libro de acercar a los lectores sus voces. Es el público lector de literatura de género el principal ganador con esta publicación.

Imaginarias” son 17 mujeres que entregan una serie de relatos que van de la fantasía, ciencia ficción y terror. Historias sobre: una bruja y una niña, inteligencia artificial, un mago criollo, una mano con voluntad propia, una ascensión pagana y un escabroso hogar de niños, son algunas de las cuestiones que se pueden encontrar.

La originalidad de cada una se ve aún más destacada por la selección variopinta de relatos. Algo que sirve no tan solo para conocer autoras, sino para ver en qué está la literatura de género actualmente, y cuáles son los temas que se tocan y cómo los abordan.

Algunas relatan desde unos narradores existencialistas, otras crean ambientes oscuros, otras van más por el terreno de lo fabulario y otras destacan con sus diálogos elocuentes. Pero lo que queda claro al leer la última página del libro, es que hay muchos mundos y cuestiones que contar.

En lo establecido, “Imaginarias” es un texto rebelde. Algunos aún creen que las mujeres solo escriben de “flores y amores”, de la misma forma en que nos han hecho creer que Gabriela Mistral escribía solo poesía escolar, omitiendo todos sus agudos ensayos políticos y todo el resto de su obra poética. Basta de eso. “Imaginarias” da un punto final a ese prejuicio. Sigamos a estas voces.