Los sueños de Francisco

El Papa deja “brotar una sana indignación” y critica a los poderes económicos y al paradigma tecnocrático responsabilizándolos de la destrucción ecológica del Amazonía, y de los abusos como no respetar “el derecho de los pueblos originarios al territorio y a su demarcación, a la autodeterminación y al consentimiento previo”.

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  • Eugenio Yáñez, director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián.

La exhortación post sinodal “Querida Amazonia” debe haber sorprendido tanto a moros como cristianos, a destra e sinistra y a más de algún “vaticanista”. Se esperaba con mucha expectación e incluso con algo de morbo, si el Papa aceptaría o no la propuesta del Sínodo de la Amazonía, de ordenar sacerdotes a hombres casados, y que las mujeres puedan ser ordenadas diaconisas.

Para sorpresa de los expertos, ninguno de los dos aspectos fue abordado directamente en el documento. ¿Por qué no abordó Francisco el tema de los viri probati? Esto puede ser interpretado de tres maneras: a) El Papa le resta importancia al tema, lo cual significa que las soluciones a los problemas de la Amazonía no pasan solo por aumentar el número de sacerdotes, sino por poner el foco en las situaciones de injusticia, abandono, destrucción ecológica, abusos y pobreza que asola a la región; b) el Papa no quiere dar por cerrada la discusión y estima que no es el momento para proponer cambios; c) es una forma elegante de esquivar la polémica, y darla por superada “desde arriba”.

En el otro tema conflictivo, ordenar mujeres como diaconisas, Francisco afirma que “gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo” se ha transmitido la fe en la región. “Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe”.

Una eventual ordenación de mujeres solo “nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable”. Agrega que “las mujeres hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la Madre”.

La exhortación, que no pretende según el Papa ni reemplazar ni repetir el Documento Conclusivo del Sínodo, sino “aportar un breve marco de reflexión que encarne en la realidad amazónica una síntesis de algunas grandes preocupaciones (…) y que ayude y oriente a una armoniosa, creativa y fructífera recepción de todo el camino sinodal”, cuenta con cuatro capítulos titulados respectivamente: “un sueño social”, “un sueño cultural”, “un sueño ecológico” y “un sueño eclesial”. Son 32 páginas, distribuidas en 111 números y 145 pies de página. El estilo del texto es directo, escrito en primera persona, pastoral y a veces coloquial. Como ya es costumbre, el Papa cita autores no canónicos. Esta vez, a varios escritores y poetas latinoamericanos, entre ellos Neruda.

¿Cuál es la esencia de la exhortación? El Papa deja “brotar una sana indignación” y critica a los poderes económicos y al paradigma tecnocrático responsabilizándolos de la destrucción ecológica del Amazonía, y de los abusos como no respetar “el derecho de los pueblos originarios al territorio y a su demarcación, a la autodeterminación y al consentimiento previo”. Según él a estos “emprendimientos” en la Amazonia hay que darles el nombre que se merecen: “injusticia y crimen”.

Destaca con dramatismo como estos pueblos, de los que tenemos tanto que aprender, son obligados a emigrar a las periferias de las ciudades viviendo no solo desarraigados, sino, además, en condiciones miserables.

Francisco se muestra escéptico de la posibilidad de un crecimiento armónico y sostenible entre el paradigma tecnocrático y la ecología integral. Su apuesta es por la inculturación, que significa evangelizar sin desarraigar, sin colonizar. Inculturación “que no desprecia nada de lo bueno que ya existe en las culturas amazónicas, sino que lo recoge y lo lleva a la plenitud a la luz del Evangelio”. La misión de la Iglesia, sacerdotes y en especial los laicos, es entonces, “cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir”, es decir, “no basta con llevar un “mensaje social”.

En síntesis, Francisco nos comparte cuatro sueños: a) social: luchar por los derechos de los más pobres de la Amazonia; b) cultural: preservar la riqueza cultural de la región; c) ecológico: custodiar la hermosura natural de la Amazonia; d) eclesial: desarrollar una Iglesia con rostro amazónico. ¿De qué depende que esos sueños de Francisco se hagan realidad? De muchos factores, de toda la Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad.

• Eugenio Yáñez, director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián.

 

 

 

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