“Apartamento 11”, la historia que ocurre en la “zona cero” de una ciudad cualquiera, ganó concurso El Barco de Vapor

Mayi Eloísa Martínez, escritora venezolana, asentada en Chile desde hace seis años, resultó ganadora de este concurso de literatura infantil. La autora valora que estas audiencias sean consideradas como lector exigente y crítico. “La cultura ha empezado a mirar a los niños como un ser complejo”, remarca.

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Dos hermanos, Mati y Alejandra, matan el tiempo encerrados en un departamento ubicado en la zona cero de una ciudad en plena ebullición social. Por la ventana, los niños ven desfilar a la población con pancartas, a la policía y los helicópteros. Los gases lacrimógenos se cuelan por debajo de la puerta y mamá no regresa hace días desde que salió a trabajar. El papá, a cargo, está más pendiente de fumar y de captar alguna buena noticia en la tele cada vez que la electricidad regresa en este apartamento que se vuelve patio de juegos, sala de espera y un limbo de incertidumbre para sus habitantes.

“Apartamento 11”, novela ganadora del XIV Concurso de Literatura Infantil El Barco de Vapor 2019, escrita por la venezolana, Mayi Eloísa Martínez (25), alcanza momentos tan sobrecogedores como divertidos. Interpela a padres y niños que -en cualquier lugar de Latinoamérica- sienten a sus países como extensiones de una adolescencia en plena transformación.

La autora, quien reside en Chile desde hace seis años, aborda esta historia que corre paralela a las marchas en Chile como un relato que puede leerse como una hoja de ruta sobre este tipo de hitos. Como una faz de la que nunca se habla.

“Qué pasa en ese pequeño mundo privado que es un hogar mientras en la calle están sucediendo grandes acontecimientos sociales que comienzan a afectar la cotidianidad de la casa”, sostiene.

En el caso del apartamento 11 que da título a la novelita, no se sabe muy bien qué pasa afuera, pero se intuye que es una suerte de estallido social. “Dentro de la casa, los niños construyen un mundo para derrotar sus miedos y para reinventarse una especie de universo paralelo que los salva”, explica la joven autora.

La vieja tradición de relatar el mundo infantil como una realidad impostada desde la óptica adulta queda, para Martínez, puertas afuera en este caso. Ante el desafío de escribir una novela anclada en el mundo adulto, pero narrada desde una perspectiva infantil, la autora dice que prefirió instalar ambas visiones en la misma contingencia.

“Los niños están viviendo junto con los adultos el mismo hecho social. Es decir, son miembros de la sociedad como cualquier otro. En situaciones de este tipo muchas veces olvidamos que los niños piensan, sienten, perciben, temen. La mirada infantil viene de mis propias vivencias y de que tengo la suerte de ser una adulta que no ha perdido su niñez”, agrega sobre una metodología que es más biografía que fórmula.

Durante la presentación del libro que, como muchos otros eventos, se vio afectado por el 18 de octubre y sus jornadas posteriores, la consagrada autora infantil María José Ferrada se refirió a “Apartamento 11” como una historia que perfectamente podría estar ocurriendo en Venezuela, México, o China apuntando a un universal cultural de estos días.

Sentaba así también una expectativa sobre los años venideros de los niños que escriben sus propias pancartas, ven el noticiario con suspicacias y opinan sobre una era de cambio.

“Esta generación de niños y niñas está expuesta a mucha más información que las de otras generaciones anteriores. Hay un mundo en movimiento que algunos incluso han catalogado como un nuevo ciclo. Van a ser testigos en primera línea de grandes cambios de tipo ambiental, social, político e incluso filosóficos. Ellos van a tener la apertura para ser parte protagónica de ellos y los autores tenemos que percibirlo y acompañarlos con nuestras creaciones”, plantea la autora.

¿En qué aspectos recientes te parece que este tipo de obras y referencias dan cuenta de que el librero de los niños/as se ha complejizado?

-Creo que la cultura en general sea el cine, televisión, teatro o la literatura ha empezado a mirar al receptor niño como el ser complejo que es. Del niño inmaculado, ingenuo a veces, de la literatura de hace algunos años, los autores han empezado a atreverse a escribir sobre todas las complejidades del ser humano que ya están presentes en la infancia: los miedos, las dudas, las pasiones, los odios. Se han publicado historias de temas como la muerte, la enfermedad, la sexualidad, la identidad de género. El gran problema en relación con la literatura infantil –aún la presente- es que se escribe o se publica pensando más en los adultos, padres o maestros que comprarán o recomendarán el libro que en el propio niño receptor. Eso, sin duda, está cambiando.

Respecto a lo anterior, ¿Puedes recomendar algunas de estas piezas a quienes quieran innovar en estas temáticas?

Depende de la edad e intereses del niño, por supuesto. No me gusta generalizar, pero en relación a autores chilenos podría hablar de varios libros que tienen temas difíciles y novedosos, como el poemario “Niños”, de María José Ferrada; la novela gráfica “Al sur de la Alameda”, de Lola Larra, o la novela “Rallo”, de Sergio Gómez. En relación a autores latinoamericanos hay una novela llamada “Los ojos del perro siberiano”, de Antonio Santa Ana, que, aunque se escribió hace tiempo tiene un tema inédito en la literatura juvenil de su momento: el Sida.

“Pero también hay autores que leí en mi infancia, que están aún muy vigentes por sus temas y modos de escribir, como Roald Dahl y Christine Nöstlinger. Bueno, mi mamá –Mireya Tabuas- también es escritora para niños, publicada en varios países, y creo que tiene obras de temática innovadora. Pero insisto, mientras que hay niños a quienes solo les gusta leer comics sencillos, otros bien pueden leer ‘El Quijote’. No podemos meterlos a todos en el mismo saco. No todos los libros son para todos los niños, como no todos los libros son para todos los adultos”, remarca.