Analistas exploran a la luz de la CEP el futuro del gobierno con menor aprobación desde el retorno a la democracia

Las profesoras de Ciencia y Comunicación Política, Lucía Dammert, Rossana Castiglioni y Bárbara Fuentes ponderan las cifras de la encuesta del Centro de Estudios Públicos y explican por qué las alternativas que se abren ante un gobierno cuestionado pueden ser aún más calamitosas que un ínfimo marco de popularidad. “El Presidente debe encontrar un mecanismo que lo saque de la primera línea del debate cotidiano y haga lucir a sus ministros que, hasta la fecha, solo lo han limitado”, remarca Dammert.

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Diversos analistas políticos coincidieron, desde antes que se dieran a conocer los poco alentadores resultados de la Encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), que la definición del Presidente Piñera sobre un estado de “guerra contra un enemigo poderoso”, fue el gran hito que marcó el histórico bajo nivel de popularidad de un mandatario.

Si bien el Presidente se jactó durante su segundo gobierno de contar con el 50% del apoyo del país, hoy su popularidad se remonta apenas a un 6%, y un 82% de desaprobación, según uno de los sondeos más respetados de la escena política. Otros datos de la medición reflejan que la confianza en Carabineros cayó 20 puntos y que un 47% de los consultados cree que la democracia en Chile funciona mal o muy mal.

La doctora en Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Lucía Dammert, dice que estamos ante una situación inédita que demuestra una crisis más allá de los personalismos. “Una crisis de la política y la relación de las instituciones y su ciudadanía como representantes que, por otro lado, abre la puerta a una definición política de debate más profunda”, cree ya que –remarca- hasta ahora, las autoridades estaban viviendo de slogans y respuesta a temas generales sin penetrar en el descontento social.

“La encuesta evidencia que la gente tiene sus niveles de prioridades claros, los cuales no han ido en la línea de lo que el Gobierno ha definido como su política pública. Responder a esto, después del resultado de la CEP, va a requerir montar un equipo con esta iniciativa. La pregunta es si la ministra de Educación o los titulares de Hacienda y Salud actuarán tras un objetivo de búsqueda de igualdad o si se realizará una reforma policial efectiva que son las respuestas que la ciudadanía quiere. En paralelo, creo que el Presidente debe encontrar un mecanismo que lo saque de la primera línea del debate cotidiano y haga lucir a sus ministros que, hasta la fecha, solo lo han limitado”, agrega Dammert.

“ESCÉPTICA” A LAS EVALUACIONES POSITIVAS 

Para analistas como Rossana Castiglioni, académica de la Universidad Diego Portales, esta mirada más orgánica de un Gobierno que no vio venir un estallido social inédito, la aguda caída en popularidad de un Presidente electo para un segundo mandato es parte de un cuadro mayor que arrastra consigo a todas las instituciones como los partidos políticos y un Congreso que ya estaban en el piso para la ciudadanía.

“Es una preocupación enorme que esta encuesta refleje con un ‘no me identifico con nada’ al chileno en cuanto a posiciones ideológicas, lo que también ha ido en aumento. Las cifras de desaprobación de Sebastián Piñera, francamente, son solo parte de ese cóctel”, agrega la doctora en Ciencia Política de la Universidad Notre Dame.

“Hay un rechazo específico al Presidente, pero en un contexto en el que el rechazo de la clase política y otras instituciones es generalizado”, agrega.

La situación remite, cree Castiglioni, al de estados latinoamericanos con democracias disfuncionales y niveles muy bajos de legitimidad. Países vecinos que viven un deterioro permanente que escala y vuelve disfuncional y limitadas a estos poderes ejecutivos. Muy parecidos a las preocupantes cifras de la CEP.

“Creo que si se hiciera una encuesta en la que preguntas por diversos líderes negativos, considerando el margen de error correspondiente, es muy probable que no obtengamos datos tan distintos. Tampoco parece haber alguien que capitalice este descontento o falta de legitimidad”, se pregunta ante nombres que suenan como presidenciables en la encuesta, pero cuya heterogeneidad agrega más incertidumbre a una idea de consenso, tales como Joaquín Lavín (37% de evaluación positiva); el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, (26% de imagen positiva) o la expresidenta Bachelet (25%).

“En cada caso hablamos de niveles muy bajos de apoyo, lo que significa que el descontento no se ve estructurándose en torno a un determinado sector o candidato específico. Soy escéptica respecto a estas evaluaciones positivas porque aún falta que corra mucha agua bajo el puente y el 2020 y el 2021 serán cruciales para darnos más información y especular”, señala.

“REMOCIÓN” DE SU CARGO NO ES LA SOLUCIÓN

Los críticos del Gobierno señalan que en la baja histórica de la aprobación del Ejecutivo han incidido su política de comunicaciones y la falta de empatía que, hasta la fecha, transmuta a una audiencia que hasta hace un semestre triplicaba las exiguas cifras de apoyo. El perfil de ese ciudadano que pasó de votar durante dos mandatos a esta administración a pedir, en algunos casos, su renuncia.

“Sin duda el Presidente está en situación muy débil actualmente, pero la remoción de su cargo no es la solución si consideramos que, en general, el Ejecutivo cuenta con periodos cortos para reorganizar su Gobierno, redefinir su rol para buscar acuerdos transversales y entrar a responder a lo que la ciudadanía reclama con urgencia. Creo que cualquier otro camino agudiza el escenario y las definiciones presidenciales erosionando la democracia en el país”, plantea Lucía Dammert.

En el juego de las alianzas, explica que otro aspecto que no hay que olvidar es que el 50% de los votantes actuales son representantes de ciertos grupos elitistas o de personas mayores. “El Presidente debe dejar de gobernar para un 25% de ese electorado y escuchar a una mayoría que es la que se expresa a través del estallido social. Este mensaje no es el estallido de un grupo, sino de la sociedad en su conjunto y eso es lo que viene a decir el 6% de popularidad de Piñera”, asegura la docente de la Usach.

Bárbara Fuentes, directora Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, magíster en Comunicación Política, advierte que si se observa una mejor narrativa política puede que mejore la ecualización del Ejecutivo y la ciudadanía.

“Hubo pocas frases menos afortunadas que ‘estamos en guerra’ y prueba de ello es que casi instantáneamente, la respuesta volteó la situación completa con un ‘no estamos en guerra’ en rayados en las calles pancartas y producción artística local y las redes sociales. La potencia de esa declaración, que fue negada también por el mismo Ejército, logró opacar varios anuncios importantes sobre reformas sociales incluso, porque en el contexto de un conflicto nada que viene desde el bando rival puede ser bien recibido. Hoy se entiende que es un slogan, que a un sector de la oposición le conviene seguir usando, especialmente cuando el Gobierno, con excepción del ministro Briones (titular de Hacieda), da muestras de no tener tan claro de cómo se puede conducir este proceso”, dice la académica.

Se suma a esta visión la profesora Castiglioni quien recuerda que otro de los momentos que generaron esta fatiga de material fue la desconexión de las élites con la realidad cuando aseguraron un “no lo vimos venir” como prueba de un mal manejo colectivo de la situación.

“La reacción después de eso tampoco fue la mejor, pues lo que vino fue una acción represiva por parte de la autoridad, en segundo lugar, la implementación de medidas compensatorias que fueron percibidas como parches y finalmente, cuando el Gobierno se muestra dispuesto a negociar, la crisis ya estaba totalmente desatada y el diálogo quebrado. En síntesis, la segunda administración de Piñera se ha caracterizado por la falta de capacidad de reaccionar a una crisis que solo iba a crecer y que careció de una agenda a corto y mediano plazo visible que pudiera otorgar pistas sobre una salida eventual a todo esto. En lugar de eso, asistimos a una serie de anuncios con poca información para armar el puzzle. No hubo una hoja de ruta sino anuncios diarios intrascendentes que marcaron un derrotero”, puntualiza la académica de la UDP.

Encuesta CEP – Diciembre 2019

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