Espacio Carrascal abrió las puertas para sus vecinos en una fiesta navideña inolvidable

El calor decoró una fiesta familiar y multicultural, en la que participaron cerca de 300 niños y sus familias, regada en bombas de agua, helados y bebidas que permitió al entorno del remodelado centro de eventos reconocerse entre juegos, alegría y buenas prácticas sociales.

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La mayoría de los vecinos del edificio de la ex Oficina de Control Técnico y la Subdivisión de talleres de la Compañía de Teléfonos de Avenida Carrascal, en Quinta Normal, conocían el lugar solo a través de la televisión. De ahí la alegría que les provocó recorrer y observar en vivo y en directo su transformación estética que ha dado vida al Centro de Eventos Espacio Carrascal.

Tras una reciente remodelación, el nuevo centro también ha sido locación para teleseries como “La reina de Franklin” de Canal 13, “Mi nombre es Lorenzo” en Mega y un par de comerciales de la compañía WOM.

En la previa navideña, una fiesta de fin de año abierta a la comunidad recibió a los habitantes de la zona y sus hijos en una actividad de vinculación con el territorio ofrecida por Novoa y Asociados. Cerca de 300 personas accedieron al espacio de reconocible arca vidriada recortada contra el paso sobre nivel de calle Carrascal.

Helados, pizzas, refrescos, juegos inflables, caritas pintadas, competencias y muchas bombas de agua recibieron a los invitados de los condominios cercanos quienes aprovecharon cada instancia del evento. La experiencia se completaba con torneos de taca taca, sillas musicales y regalos de Navidad para los invitados de este barrio multicultural.

Una de las más entusiastas fue la pequeña Carmy, quien da en el blanco de la estación de tiro a los tarros con una espléndida parábola. Su mamá la aplaude mientras se llevan a casa un lanzaburbujas y una vuvuzela, como premio. Más tarde, la chica lo da todo bailando en la pista de baile aplicando lo que aprende en su taller de danza.

El DJ Jota Mix trata de mantenerle el ritmo con todo su archivo MP3. Pese a que no pone música en eventos infantiles aceptó el desafío gustoso, dice este programador habitual de la casa. “Los niños escuchan cualquier cosa, pero según como los veas reaccionando vas alternando. Es más difícil cuando están junto a los adultos”, señala pinchando una tornamesa a escasos metros de donde se realiza una incesante guerra de bombas de agua.

También a pasos de ahí, Rocío y Sofía las primas del Condominio Quinta del Parque hacen la fila del punto pintacaritas junto a su adulto responsable, Pilar. Ella cuenta que desde su balcón ve a diario este lugar perteneciente a la ex Compañía de Teléfonos. “Durante mucho tiempo fue un sitio abandonado y la idea de conocerlo ahora que está tan bonito me tenía intrigada hace tiempo”, recuerda.

Varios de los vecinos, también son parte del nuevo Chile multicultural provenientes de Venezuela, Colombia o República Dominicana. La mixtura del barrio se nota en los equipos que disputan en el taca taca o la guerra del agua. Ismael, Agustín y Lucía son amigos del mismo condominio. Los cuida Oscar, un festivo colombiano que cuenta que durante mucho tiempo se especuló con que el terreno de 3.300 metros cuadrados iba a convertirse en un mall chino o un edificio que les iba a tapar la cordillera.

“Se habló hasta de que iban a poner las bodegas de Amazon. Me alegro de que hayan mantenido la arquitectura de un edificio tan bello que armoniza con el resto del paisaje”, remarca.

El pequeño Milan, de 3 años, se sacude sonriente el agua encima de sus papás, Katherine y Medardo, oriundos de Medellín, disfrutan de la tarde y reciben el rocío con agrado. Cuentan que hay varios rostros conocidos del condominio Parque Yungay. A veces se ven en la feria libre, el supermercado o las áreas comunes, pero no habían tenido la oportunidad de compartir una fiesta. Medardo agrega que padre e hijo comparten la barberschop en Estación Central.

Contagiado por la pasión por el agua, Martín y Valentina arrecian a su mamá con un vaso de agua sin saber que ella, Valentina, les tiene reservado otro de vuelta. “¡Ya me duché!”, le contesta el travieso mayor que trata de escapar del chapuzón cuando nota que llegaron las pizzas. Ahí ya están Álvaro y sus hijas Sofía e Isabella, del Condominio Yungay. Él se ofrece de voluntario para que las niñas gasten sus últimas bombas de agua y pasar a comer.

Junto a las sillas musicales Dj Jota Mix sorprende a los dos finalistas, un niño y una niña, al ritmo del popular corrido “Cómo se mata el gusano”. El círculo de padres de la estación de pintacaritas aplaude a la ganadora. Entre ellas está Marina y su hija Teresa que no se decide aún si quiere ser un pony o un gato.

En el taca taca nada perturba el partido entre Michael y su papá Manuel. Ambos hinchas de la “U” disputan el campeonato del fin de semana como expertos lejos de la consola de videojuegos. El papá no se sorprende de la habilidad de su hijo y cuenta que el tacataca no es nada extraño en sus rutinas familiares.

Cerca de 300 niños y sus acompañantes adultos conocieron un lugar que hasta hace poco era solo un lugar misterioso más. Otra ruina del pasado industrial local.

“La idea es que este lugar también incluya a su comunidad y pueda ser parte de las vidas de estas personas y su entorno. No solo para el Día del Niño o Navidad, sino otros donde puedan sentirse parte”, cree Catalina Novoa, organizadora de la jornada. A cargo de un extenso equipo de personas que donaron su tiempo para las actividades, la joven especula sobre cómo sería un país en donde más privados salieran de su zona de confort y reuniera más esfuerzos por impactar en las comunidades.

“Es mucho más que entregar un buen momento a otros. Es poder reunirnos, compartir y de paso ayudar y a despejarnos todos de las diferencias para que otros, niños y sus familias, en este caso, puedan reconocerse más allá de las dinámicas del barrio”, sostiene.

Por su parte, Andrea Bustos, abogada del estudio Eluchans, también destaca la apertura de espacios para los vecinos, una iniciativa necesaria por estos días.

“La sociedad es un entramado de relaciones ya que estamos todos unidos en el territorio y esto hace necesario reencontrar con los valores de la fiesta navideña, compartir en familia entre niños y adultos. Esto resulta en algo de aire fresco súper importante y un recordatorio de lo más importante que es vivir en paz, en familia, generosamente y conectados sin diferencias”, remarca.

Al costado de una de las estaciones de juegos inflables y la cascada interminable de niños, el abogado Carlos Ossandón, socio de Eluchans Abogados, empresa que también participó en la organización de la fiesta navideña, coincide en que hay otro tipo de inversión y retornos cuando se habla del diálogo de intereses entre privados y la sociedad.

“Siempre debiera existir esa conversación y detenernos para retornar a las raíces de la convivencia. Lo que está viviendo el país en las calles es producto de la mezquindad de mucha gente y basta que haya algunos empresarios que hagan las cosas mal para generar esta rabia. Si todos estuviéramos en la sintonía de tratar al otro como semejante, creo que la sociedad no necesitaría a los abogados”, se ríe.