Nona Fernández: Hay una juventud a la que no le interesa el presente ni el futuro así como se lo están proponiendo

La autora de “Voyager” cree que si observáramos la contingencia con la perspectiva que tienen las sondas enviadas al espacio en 1977 -y que hoy viajan más allá del Sistema Solar- se detendría cualquier tipo de barbarie. “La gente ahora desea ser escuchada, quiere hablar y habla largo. Es algo maravilloso que enriquece a ambas partes. Es muy maravillosa la manera en que las personas se han ido ‘contaminando’ unas a otras con este interés participativo”, dice.

1096

Participando entre asambleas, foros de debate, la dramaturgia y la interpretación, como expresiones de un momento histórico, la también escritora Nona Fernández cree que faltan varios eventos aún para que podamos dimensionar los reales cambios de una temporada transformadora como la actual.

Luego del 18 de octubre pasado, cuando comenzó el estallido social, la autora transita por un nuevo país donde la poesía ahora se escribe en los muros, la dignidad marcha por la calle y la historia se le vino encima a la gente. En tanto, a 21 mil millones de kilómetros en el espacio, más allá del Sistema Solar, dos sondas creadas por el ser humano viajan en el silencio absoluto sin la menor pista ni interés en lo que ocurre en esta esquina del mundo.

“Voyager” se llaman las memorias híbridas de Nona Fernández que -al igual que el par de sondas humanas enviadas en busca de vida inteligente el año 1977- cruzan el relato de la exploración espacial que más lejos ha llegado en el universo y el avance inexorable de deterioro mental que sufre la madre de la autora. En ambos casos, las señales de las sondas y los exámenes neurológicos, la narradora describe las similitudes entre lo insondable detrás de los monitores del neurólogo y de la NASA.

El texto avanza a través de los días de la madre, su cumpleaños, el recorrido de las sondas, el páramo infinito y su lectura a través de la astronomía de las estrellas y la astrología de las constelaciones e incluso el relato sobre cómo llega la luz eterna de las estrellas sobre la feble existencia de las víctimas de violaciones a los derechos humanos.

“En algún momento todo eso se volvió pertinente e interesante, porque la vida es así si la sabemos observar. Ese material quedó registrado ahí y creo que yo solo hice de sonda. Me gusta pensar en la imagen de un DJ que toma elementos disponibles y solo los organiza”, remarca la autora de “La dimensión desconocida”.

Para la escritura de esta obra de divulgación personal, Fernández regresó al universo de Carl Sagan y la obra “Cosmos” que fue como una ventana, para mirar el infinito, en los tiempos duros de la dictadura.

“En ese contexto me obsesioné con el proyecto de las Voyager y el mensaje que portan en ese disco de oro que debe ser uno de los trabajos poéticos más hermosos que se han hecho en la historia de la humanidad”, remarca.

“LA GENTE DESEA SER ESCUCHADA”

Un poco más cerca de la Tierra, la autora admite estar fascinada con una nueva audiencia que despertó junto al estallido social y que participa mucho más en conversatorios y asambleas que son parte del debate luego de montadas las obras de su compañía “La pieza oscura”.

“La gente ahora desea ser escuchada, quiere hablar y habla largo. Es algo maravilloso que enriquece a ambas partes. Es muy maravillosa la manera en que las personas se han ido ‘contaminando’ unas a otras con este interés participativo”, dice. Anticipa el próximo reestreno de la obra “El taller”, que emula con humor negro el taller literario que llevaba adelante Mariana Callejas.

Por otro lado, Nona Fernández actuó recientemente en la obra “Junto al lago negro”, la pieza de la alemana Dea Loher que, precisamente, comparte lecturas del presente con la de unos padres que asisten a la sordera de una juventud dispuesta a inmolarse porque no encuentran seductora a la vida. Esto, en un país de altas tasas de suicidio adolescente.

“Hay un tipo de juventud que es muy frágil, que vive con muchas fobias y dificultad de encajar en el mundo y no ve atractivo en la existencia. Hay otra juventud a la que en rigor no le interesa el presente ni el futuro así como se los están proponiendo y eso tiene una pertinencia muy escalofriante”, señala acerca de estos montajes de guerrilla cuya recaudación va en beneficio de jóvenes estudiantes, actores, actrices y técnicos de teatro que han perdido la vista por efecto de los balines de carabineros. Algunos de ellos de la edad del hijo de la escritora.

“Recién cuando uno llega a la casa a dormir y se acuesta. La cabeza empieza a decantar todo lo que está pasando. Es ahí cuando sientes el ¡Paf! Y te das cuenta del calibre de lo que está sucediendo y sus consecuencias. Si nos metemos en la premisa de las Voyager, que es el de unas “pequeñas obreras del registro” que solo se dedican a hacer eso, podemos compararlo con la memoria colectiva y una enorme cantidad de material audiovisual, testimonios y registros a los que el tiempo les otorgará un nuevo sentido”, señala recordando el valor que 50 años después tiene, por ejemplo, “La Batalla de Chile” de Patricio Guzmán o el trabajo de Agnes Varda.

Para apreciar ese discurso de una mediana duración, no nos queda más que vivenciar y registrar gracias a la tecnología, apunta. “Yo escribo lo que veo, otros lo graban y editan, pero hoy es difícil saber lo que va a suceder con ese material. A diferencia de lo que pasó en dictadura hora sí podemos hacerlo y enviarlo al ciberespacio para que quede disponible como el material de las Voyager en espera de que alguien lo reciba algún día y lo entienda. Es como un llamado de auxilio para el futuro, para quien está allá afuera de uno mismo”, reitera.

Al respecto, Nona Fernández envía y recibe su propio material con autores audiovisuales y pares fuera del país en busca de nuevos relatos y perspectivas. “Soy como una sonda”, se ríe y piensa cuál sería el mensaje que enviaría desde más allá del Sistema Solar a un país que se desintegra para dar vida a uno nuevo.

“Siendo media panfletaria, yo pondría una frase que diga: ‘Es posible, lo podemos lograr’ y ‘detengan la barbarie’. Para quien lo lea y por si en algún minuto, en algún lugar alguien escucha ese llamado por ayuda. Quizás leer esos mensajes devueltos desde 21 millones de kilómetros de distancia en el espacio generen otro impacto, como decía Carl Sagan en ‘Un punto azul pálido’: Las cosas por las que se mata y causa dolor en la Tierra son una pelotudez si las consideramos con la mirada del universo. Sería tan fácil convivir entre nosotros como el universo lo hace amablemente con esta mota de polvo a la que llamamos planeta”.