Evo Morales se asilará en México mientras la violencia se toma las calles de Bolivia

La situación de ese país será analizada este martes por la OEA en una sesión especial en Washington para colaborar en el restablecimiento del orden institucional, en tanto que el Congreso boliviano debe reunirse para ratificar las renuncias nombrar al presidente interino.

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Evo Morales abordó un avión militar mexicano en el que partió la noche del lunes rumbo a ese país que le concedió asilo político tras su renuncia a la presidencia de Bolivia, mientras las fuerzas armadas se unieron a la policía para contener la creciente violencia callejera entre opositores y detractores del ahora exmantario.

“Hermanas y hermanos, parto rumbo a México, agradecido por el desprendimiento del gobierno de ese pueblo hermano que nos brindó asilo para cuidar nuestra vida”, dijo al despedirse de su pueblo en un mensaje por redes sociales.

Añadió que “me duele abandonar el país por razones políticas, pero siempre estaré pendiente. Pronto volveré con más fuerza y energía”, escribió en su Twitter.

Un poco más tarde, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, confirmó por esa misma vía que “despegó el avión de la Fuerza Aérea Mexicana con Evo Morales a bordo”. “Su vida e integridad están a salvo”, añadió.

Mientras ello ocurría, la violencia se multiplicaba en las calles bolivianas y las autoridades intentaban llenar el vacío de poder. Para ello, Jeanine Añez, la segunda vicepresidenta del Senado, y más probable sucesora interina de Morales, anunció la próxima convocatoria de una elección presidencial.

“Vamos a llamar a elecciones con personalidades probas”, dijo a la prensa Añez, aparentemente destinada a suceder a Morales tras la dimisión de todos los que la precedían en la línea de sucesión.

“Tenemos ya un calendario. Creo que la población grita por que el 22 de enero tengamos ya un presidente electo”, añadió, evocando la fecha prevista, antes de la crisis, para la toma de funciones del próximo presidente.

MILITARES EN LAS CALLES

En 24 horas se profundizó la crisis desatada por la dimisión del entonces gobernante el domingo, a tres semanas de protestas por las cuestionadas elecciones en las que el primer mandatario indígena del país buscaba un cuarto mandato, y que tras la auditoría de la OEA, se comprobó que fue un proceso irregular.

Tanto en su dimisión pública como en la carta remitida al Congreso, el exgobernante aymara de 60años, afirmó que la suya fue una “renuncia obligada (…) producto de un golpe de Estado político, cívico y policial” y nunca aludió a los resultados de la autoría que lo hizo llamar a elecciones.

Grupos de descontentos desataron la violencia en Cochabamba (centro) y El Alto, ciudad vecina de La Paz, donde quemaron unidades policiales, hirieron a uniformados y civiles, y causaron pánico en la población.

Al final del lunes, centenares de partidarios de Morales que llegaron a La Paz desde la vecina ciudad de El Alto, protestaban frente a la casa de gobierno. En tanto, el expresidente Carlos Mesa, segundo en los comicios del 20 de octubre, denunciaba un inminente ataque a su vivienda.

La policía de La Paz, desbordada, pidió apoyo a los militares. “El mando militar de las Fuerzas Armadas ha dispuesto que se ejecuten operaciones conjuntas con la policía para evitar sangre y luto en la familia boliviana”, dijo en respuesta el comandante general de las Fuerzas Armadas, William Kaliman.

La situación del país andino será debatida por la Organización de los Estados Americanos (OEA) en una reunión especial fijada para este martes en Washington, anunció el organismo.

La secretaría general de la OEA rechazó a su vez “cualquier salida inconstitucional” y reclamó al Legislativo reunirse “en forma urgente” para organizar nuevos comicios que permitan un tránsito legítimo y democrático de Bolivia a un nuevo gobierno.

El Senado de 36 escaños, donde los seguidores de Morales son aún mayoría con 25 bancas, debe sesionar esta jornada para ratificar las renuncias en el seno del gobierno y nombrar al presidente interino de Bolivia.

SEÑAL A VENEZUELA Y NICARAGUA

Morales dimitió presionado por los militares, la policía y la oposición, que le exigieron dejar el puesto que ocupaba desde 2006 para pacificar al país. Renunció al cuarto mandato al que aspiraba tras sucesivas reformas constitucionales y un referéndum adverso.

El desenlace fue denunciado como un “golpe de Estado” por gobiernos de izquierda latinoamericanos, entre ellos México, Cuba, Venezuela y Uruguay.

El gobierno ruso, también aliado de Morales, dijo que las acciones violentas de la oposición forzaron su salida, mientras que la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, llamaron a la “moderación” y a nuevas elecciones.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destacó en tanto la renuncia de Morales como “una fuerte señal” a los gobiernos “ilegítimos” de Nicaragua y Venezuela.

DEBATE POR LA SUCESIÓN

En Bolivia, en ausencia del presidente la Constitución establece que la sucesión recae primero en el vicepresidente, luego en el titular del Senado y después en el jefe de la Cámara de Diputados, pero todos ellos renunciaron con Morales.

En la embajada mexicana en La Paz se refugiaron “20 personalidades del ejecutivo y legislativo de Bolivia”, según Ebrard.

Además, el exministro de gobierno boliviano, Carlos Romero, la exministra de Planificación, Mariana Prado, y un tercer exfuncionario de menor rango están en la embajada de Argentina, aseguraron a la AFP fuentes diplomáticas argentinas.

Morales, forjado políticamente como sindicalista cocalero, dejó el poder defendiendo un legado que, según él, trajo progreso económico y social a una de las tres naciones más pobres de América Latina.

Tras su renuncia, la policía detuvo a la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, y a otra treintena de responsables comiciales por orden de la Fiscalía, que investiga irregularidades en las elecciones.