Informe de OEA sobre “brisa bolivariana”: Expertos remarcan que no hay evidencia para hablar de conspiración

Luego de que la Organización de Estados Americanos planteara la hipótesis de que Cuba y el gobierno de Nicolás Maduro están detrás de procesos de “desestabilización” social en la región, los académicos Pablo Lacoste y Carlos Meléndez, explican a La Nación quién resulta funcional una denuncia sin evidencias en tiempos de postverdades. “Lo más recomendable es, siempre, desconfiar de las versiones más extremas y conspirativas, provengan de donde provengan, en espera de evidencias fehacientes y sólidas. Las noticias falsas pueden manipular a las masas de uno y otro lado (…)”, recomienda Lacoste.

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A mediados de la semana pasada las especulaciones sobre la eventual participación de los gobiernos de Cuba y Venezuela en la génesis de la “desestabilización” social de países como Ecuador, Colombia y Chile adquirió más fuerza cuando la Secretaría de la Organización de Estados Americanos (OEA) se sumó a esta hipótesis.

Esta supuesta estrategia liderada por el “chavismo” ronda desde comienzos de mes cuando recrudecieron las protestas masivas en Ecuador y el gobierno de Lenín Moreno culpó a agentes externos de propiciar el levantamiento social y en particular a Nicolás Maduro. Lo propio hizo el mandatario Iván Duque en Colombia, quien denunció que Venezuela sería la cocina de un plan para “desestabilizar la democracia en la región”.

Por su parte, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente venezolana, aseguró que lo que se está viviendo en Chile también sería parte de esta “brisita bolivariana”, confirmando, para la OEA, su teoría. “Las brisas bolivarianas no son bienvenidas en este hemisferio. Condenamos firmemente la amenaza de exportar malas prácticas y desestabilización a Colombia realizada por ese personero de la dictadura bolivariana”, apuntó la Secretaría General de la OEA.

El Doctor en Estudios Americanos y docente de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Pablo Lacoste, es cauto -en conversación con La Nación– a la hora de aceptar esta postura y señala que, más allá de las declaraciones oportunistas, no existe evidencia bien sustentada para hablar de una conspiración de este tipo. “La idea de un Nicolás Maduro moviendo los hilos tras las movilizaciones de toda la región es una teoría muy débil. Los dichos de la OEA parecen más los de sectores conservadores en busca de un efecto espejo, como el que se genera también en las izquierdas, tratando de demonizar los hechos que se ciernen sobre otros gobiernos”, cree.

Agrega que el mismo fenómeno se suele ver en discursos y hechos difundidos en video que son descontextualizados para generar un ambiente de terror en la población como parte de operaciones de inteligencia que buscan deslegitimar a un adversario social y político.

“Lo más recomendable es, siempre, desconfiar de las versiones más extremas y conspirativas, provengan de donde provengan, en espera de evidencias fehacientes y sólidas. Las noticias falsas pueden manipular a las masas de uno y otro lado y es, en ese ambiente de tensión, desorientación, y anomia, cuando logran incitar a comportamientos masivos muy dañinos y equivocados”, recomienda el profesor Lacoste.

 UNA ACUSACIÓN IRRESPONSABLE

Coincide con Lacoste, el sociólogo y profesor de la Universidad Diego Portales (UDP), Carlos Meléndez. Para él tampoco hay evidencia plausible, a nivel informativo ni de inteligencia, como para creer que haya grupos organizados y estratégicos cruzando fronteras como para desestabilizar otras naciones. “Eso es algo que exige un alto nivel de organización que va más allá de lo que pueda hacer cada uno de estos países cuestionados”, señala.

En el caso de Ecuador, la organización indígena -que se ha radicalizado e ideologizado respecto a otras ocasiones- sigue lineamientos propios del conflicto de su país, al igual que en el caso chileno, también inédito hasta ahora en su nivel de movilización y escalada de violencia en ocasiones aisladas, estima.

“En todo contexto, en toda protesta social existen componentes de violencia y lo que debe asegurarse es la naturaleza local de estos componentes. Achacar estos elementos en común a las protestas sociales a un actor transnacional es algo difícil de demostrar y también muy irresponsable”, asegura el también Doctor en Ciencia Política e investigador del centro de Estudios del Conflicto y Cohesión Social (COES).

Entonces, ¿a quién resulta funcional este tipo de denuncias? El profesor Meléndez cree que estas acusaciones sin fundamentos aportan solamente a la polarización ideológica de un continente que celebra elecciones en diferentes países clave.

“Esto es un tipo de manipulación ideológica que intenta generar divisiones en países que tienen sus propios períodos de elecciones por estos días como Bolivia, Argentina y Uruguay. Latinoamérica no está en momentos para permitirse una nueva Guerra Fría entre sus componentes sino en un escenario que le exige buscar salidas legítimas a las contingencias de sus países movilizados”, estima el académico.