La fórmula de Virginia Demaría para tejer, cocinar y llevar una familia robándole tiempo a la rutina

La creadora multitasking que publica “Hecho por ti te hace feliz”, un nuevo libro que agrupa los patrones de 30 prendas que tejió para su última hija, invita a dejar de ver las labores domésticas como un corralito de funciones femeninas y acabar con la ansiedad a través de manualidades hechas por el lector para sí mismo y los suyos.

867

El invierno es la temporada alta en la línea de producción interminable que es esta factoría llamada Virginia Demaría. Junto con la llegada del frío, la cocinera, tejedora, fan del bricolaje y la decoración publicó “Hecho por ti te hace feliz”, un nuevo compilado de su trabajo de manualidades cotidianas con un sello de valor. En este caso se trata de los patrones y modelos de los tejidos de ropa de bebé que hizo para su última hija.

Esta publicación de la Editorial Planeta aumenta la apuesta en el nivel de complejidad de las piezas, propone puntos para iniciados en el tejido y prendas más sofisticadas: calzones de lana, boleros de lana, vestidos de lana, chalecos, enteritos, mantas y otras prendas -30 en total-  que parecen sacados de un ropero liliputiense. La trabajadora de radio, TV y empresa editorial nos cuenta de donde saca tiempo para hacer este tipo de proyectos.

Demaría cree que es un periodo óptimo para crear este tipo de proyectos que, hechos por una persona para sí misma o para otras, genera una satisfacción superior a la de una tarde de compras en el mall.

“Resulta bastante evidente que, últimamente, se ha desarrollado de manera potente este tipo de dedicación. Cada vez se valora más el trabajo manual y el efecto que provoca crear nuestras propias cosas. Al menos es una sensación que yo tengo, ya que la recepción de este material ha sido esa. En el caso de este libro, es un texto de nicho a diferencia de los de recetas de cocina. ‘Hecho por ti te hace feliz’ es aún más especifíco que otros libros que he hecho y obedece a algo que me estuvieron pidiendo harto tiempo como son estos patrones de ropa de guagua”, cuenta.

La autora comparte un dato que para ella es clave y casi mágico pues va de la mano con la necesidad del ser humano por liberarse de las cosas malas y de desarrollarse en otras que le propongan bienestar, estima. “Hay una explicación que me fascina acerca de cómo la última falange de nuestras manos -es decir la parte de los dedos que va desde la punta de ellos hasta tres centímetros más abajo- son los canales por donde se libera la ansiedad. Al estimular esta área estamos liberando tensiones y soltando lo malo”, dice sobre el porqué realizar labores de este tipo, ya sea cocinar, coser, tejer o hacer cualquier manualidad. “Es tan positiva para hombres y mujeres por igual”, recalca.

CATALIZADORAS DE LA ANSIEDAD

En ese aspecto, Demaría reconoce en el debate de género más radical una barrera que ha enfrentado a las tareas de este tipo a un fuego cruzado ya que históricamente se las ha definido como propias de la mujer. “Se ha extendido una connotación negativa sobre la mujer que se posterga profesionalmente o se queda en casa tejiendo o cocinando y sin poder hacer lo que de verdad deseaba, lo cierto es que no se trata de actividades incompatibles con ese desarrollo personal”, agrega. Invita a concentrarse en estas prácticas como catalizadoras de la ansiedad al igual como otros tratan de relajarse fumando, comiéndose las uñas o yendo a apostar a un casino, enumera. “En el hacer masajes, realizar peinados o colgar un cuadro también hay una posibilidad de conectarnos con lo bueno”, remarca.

En el caso de esta chef y comunicadora, el tiempo es un capital clave. Permanentemente, sus lectores y seguidores le preguntan cómo compatibiliza una vida de proyectos en movimiento con cuatro hijos y una carrera. Muchos interesados en la cocina o el tejido se enfentan a la frustración de la rutina y dejan trabajos sin acabar. A todos ellos, Demaría les comparte su espacio del día en que se dedica a sus proyectos más personales.

Por lo general me hago un tiempo para mis proyectos cuando acuesto a mis hijas. Un espacio que yo valoro mucho y que va entre las ocho y media y las once  y media de la noche. Al menos es ahí cuando más productiva soy. Por otro lado, tejo en el auto cuando voy de copiloto, tejo en el ascensor, en las salas de espera  o durante cualquier espacio de tiempo muerto. Siempre ando trayendo todo tipo de tejidos y palillos y tamaños, así me caben en cualquier cartera o bolsa, porque son diminutos. Cuando voy al restaraunt, en vez de pedir el platito con el pan para esperar la comida, también tejo. Soy practicamente adicta y no salgo de la casa sin una manualidad en la cartera por pequeña que sea”, revela la autora.