Director de “Araña”: “El mundo está agarrando una veta nacionalista de lo más absurda”

Andrés Wood, realizador de “Machuca” y “Violeta se fue a los cielos”, reflexiona sobre los espacios que tiene hoy la violencia del discurso y de una clase política que recurre a ideologías que hace 20 años sonaban de lo más extravagantes o que relucen “cada vez que practicamos este deporte nacional de ningunear a las instituciones”, remarca en conversación con La Nación.

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¿Qué vasos comunicantes existen entre el ecosistema que dio vida a Patria y Libertad hace medio siglo y el llamado de colectivos nacionalistas a marchar contra los migrantes en los días en que se estrena “Araña”? El más reciente trabajo de Andrés Wood deja en el aire otras preguntas además de cómo evolucionaron los integrantes del grupo de extrema derecha que a comienzos de los 70 intentaba acelerar la caída del gobierno de la Unidad Popular.

Tres de ellos, en la película, viven un presente dispar. Inés y Justo viven una acomodada existencia al legitimar sus antiguas pasiones políticas nacionalistas, mientras que Gerardo, antiguo camarada de armas, carga con el lastre de su particular idea de la consecuencia, que, cuarenta años después, amenaza con destruir el estilo de vida de sus excompañeros.

Para el director de “Machuca” y “Violeta se fue a los cielos”, el germen que gestó un discurso de odio legitimado por entonces, no solo se asoma de nuevo en la historia reciente, sino que es una persistencia que no nos ha abandonado. Incluso suele pasearse por la región como el duque en sus dominios.

“Identifico este movimiento en diversos discursos de odio, pero como un carácter permanente de nuestra cultura. Lo veo en el negarse a la inmigración de manera violenta y cuando se le califica como una gran amenaza. Eso es parte de esto, pero es apenas una sola de estas partes. Vemos esta violencia cada vez que practicamos este deporte nacional de ningunear a las instituciones o cuando se toma tan livianamente todo lo que se ha avanzado en muchos temas sociales y culturales y cuánto se ha retrocedido en otros, como cuando BancoEstado deja de financiar el cine chileno”, apunta Andrés Wood en conversación con La Nación.

Enumera otras disidencias y asimetrías como el tema de género, la interculturalidad y las leyes de cuotas que han exigido consensos y vislumbran un mejor país antes de que, como un zarpazo, el debate más reacio al cambio sitúa al sentido común en la vereda del frente, lamenta el autor. En esto, los medios, la clases política y el mismo ciudadano aportan en un sinsentido que convierte la diferencia en ideologías, cree Wood.

“¿Recuerdas hace dos años cuando la serie de incendios en la Octava Región comenzaron a hacerse del eco de noticias falsas acerca de que eran los mismos mapuches los que incendiaban los bosques?”, señala.

Y añade que “la gente reaccionaba de una manera irracional muchas veces, cuestionando lo chileno en cuanto a nacionalidad, ideologizando burdamente el problema… el chileno se transformaba en una raza que no existe y eso pasa también hoy cuando surgen políticos que, supuestamente amparados en la honestidad, dicen muchas barbaridades que encuentran una audiencia que se identifica. No solo en Chile, tienes el caso de Jair Bolsonaro, en Brasil; de Donald Trump en EEUU u otras obviedades como el Brexit. Hasta no hace mucho, quizás al comienzo del 2000, si alguien llegaba a sacar a relucir ideas como las que proponen estos líderes, todo sonaba de lo más extraño. El mundo está agarrando una veta nacionalista de lo más absurda. Sobre estas situaciones, espero que ‘Araña’ funcione a un nivel en el que exponer este tipo de discursos sea algo que incomode”.

 “UNA TORPEZA” EL TÉRMINO DEL APOYO AL CINE

Si bien el trabajo de Wood demuestra que el relato cinematográfico se puede ir complejizando a la par de las exigencia de las audiencias con una historia que bebe de la historia reciente y las fórmulas del thriller comercial, el director es cauto al proponer un enfoque más precario de lo que muchos creen una industria.

“Creo que la cosa sigue muy precaria aún y, para superar la idea de industria, se requiere de una voluntad política más fuerte. En Chile hay cineastas que se encuentran en la primera división, por decirlo así, como Pablo Larraín o Sebastián Lelio quienes hacen obras de tremenda calidad y nivel de producción. Pero por otro lado, hay mucho joven autor al que le cuesta muchísimo mostrar sus películas y que tienen poco contacto con el público. Es importante que existe el denominado ‘cine de garage’, pero no hay que contentarse solo con ello porque no se arma una industria así”, estima el director.

De paso califica de “una torpeza” la decisión de acabar con el apoyo institucional al cine nacional si se compara el valor que países como Colombia, Argentina o Brasil entregan a su práctica comercial cinematográfica. “Nosotros contamos con ciertas ventajas por sobre algunos de esos países, pero no hemos podido alcanzar el nivel de industria que tienen ellos en materia audiovisual. Estamos a años luz de eso. Hay entusiasmo, buenas obras, pero no hay una visión institucional clara de cómo remar hacia allá”, dice.

¿Qué otras historias políticas crees que pueden convertirse en relatos extraordinarios desde la estética y la narrativa como “Araña”?
-Es una buena pregunta en la que he pensado mucho y aunque no tengo una certeza, sí he podido notar que existe mucho interés. Las nuevas generaciones tienen mucho interés en la historia y la política reciente, pero no en la historia de hace 45 años, sino en sus vínculos con el presente y cómo se ha gestado un país lleno de contradicciones. Uno donde la historia, quieran o no, todos se quejan de que ha sido escrita por el bando contrario. Pocos se detienen en que la historia política reciente y la de la formación de los grandes eventos se relaciona a un movimiento económico tal como ha sido desde la Guerra del Pacífico, la Guerra Civil, los intereses detrás del golpe de Estado, etc. Lo concreto en que podríamos acordar es que no ha habido una responsabilidad política ante lo que ha ocurrido. En lugar de eso, vivimos como votantes escogiendo una y otra vez a los mismos protagonistas de esa historia reciente y eso es algo que siempre va a dar material para una nueva película.