La fiesta de La Tirana: el fervor religioso hecho baile

El festejo comenzó este lunes y se extenderá por una semana en un pueblo enclavado en medio del desierto del norte chileno, con polvorientas calles, casas de adobe y una iglesia construida a mediados de 1500.

1084

El seminarista Gabriel Alburquenque cuelga su sotana negra para vestirse con una capa y una temible máscara de diablo con la que, al son de trompetas y tambores, baila en honor a la virgen de La Tirana, la fiesta religiosa que reúne a miles de chilenos.

Alburquenque está a pocos meses de ordenarse sacerdote, y este año será su último baile como seminarista en esta festividad que conjuga las costumbres paganas con el fervor católico.

Si bien sus orígenes se remontan a fiestas que realizaban mineros aymaras antes del siglo XIX, es desde 1910 que se venera a la virgen del Carmen, patrona del Ejército de Chile.

El festejo comenzó este lunes y se extenderá por una semana en La Tirana, un pueblo enclavado en medio del desierto del norte chileno, con polvorientas calles, casas de adobe y una iglesia construida a mediados de 1500.

Alburquenque participa desde hace varios años en una de las decenas de comparsas que bailan la diablada, una de las más conocidas danzas religiosas que representa la lucha entre el bien y el mal, y que es bailada en otras festividades del altiplano que comparten Chile, Bolivia y Perú.

Tras dejar sus vestimentas sacerdotales, se coloca un buzo rojo, botas blancas, una capa con adornos dorados, un pañuelo carmesí en la cabeza con una larga peluca roja.

El atuendo lo corona una máscara con cuernos, enormes ojos y colmillos que representan el rostro del diablo, quien en el baile deja de lado su antagonismo hacia Dios para honrar a la virgen con vistosos saltos.

“A la virgen se la pinta, se le dibuja pisoteando a una serpiente y esa es la imagen más pura del baile de diablo acá en La Tirana. Es el diablo que se humilla y se arroja a los pies ante la virgen”, explicó a la AFP este seminarista.

Durante la fiesta, a este pequeño pueblo llegan unas 40.000 personas revolucionando sus calles. Movidos por la fe en la virgen, muchos de ellos caminan desde la ciudad de Iquique, a unos 70 km de distancia, en la región de Tarapacá.

Además de los diablos, el fervor hacia la virgen también se expresa durante horas en otros bailes andinos como antawaras, caporales, chino o Kayahuallas con trajes de vistosos colores y distintos ritmos.

En enero del 2018, la virgen de La Tirana fue coronada por el Papa Francisco como la ‘reina madre’ de Chile, durante su visita a este país en una misa realizada en el desierto a orillas del océano Pacífico.

EL TRUEQUE CON LA VIRGEN

Las comparsas bailan durante todo el día aguantando el extenuante calor del desierto. Filas de danzarines avanzan al ritmo de las bandas que los acompañan con trompetas, tambores, enormes bombos y platillos que entonan los ritmos en medio de los aplausos de los fieles.

Los danzarines bailan hasta llegar a las puertas de la iglesia, donde caen rendidos de rodillas -algunos de ellos entre lágrimas- ante la imagen de la virgen, rodeada de flores en un altar en la nave central de este templo blanco por fuera y en cuyo interior resaltan sus paredes de madera y el techo azul cubierto de estrellas.

La emoción de los bailarines se nota en los ojos luego de haber cumplido “la manda”, una especie de trueque que hacen con la virgen.

“La manda es una promesa que uno le hace a la virgen que en un sentido más bien es un trueque: yo virgen te bailo, pero tú me cumples”, sostuvo Alburquenque, quien sin embargo afirma que desde que se hizo seminarista, sólo baila por “devoción”.

Los fieles se mezclan con los bailarines al interior de la iglesia a donde algunos ingresan de rodillas para pedirle a la virgen un favor o agradecerle algún milagro concedido, encendiendo una vela, rezando o cantando alabanzas.

En uno de los momentos más emotivos del festejo, la imagen de la virgen es sacada de la iglesia mientras fieles y bailarines la acompañan en un paseo por las calles de La Tirana.