La importancia de crear una cultura de innovación

Tanto la ciencia como la programación deberían ser pilares de toda malla escolar. Al igual que en el fútbol, trabajar las divisiones inferiores es fundamental, y si queremos exportar talento, como en el fútbol sudamericano, con ejemplos como Messi, Neymar y Alexis Sánchez, tenemos que potenciar las futuras generaciones. El 65% de los niños que empezaron el colegio este año tendrán empleos que aún no han sido inventados.

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. Anil Sadarangani, director de Innovación de la Universidad de los Andes.

Uno de los principales desafíos de ser número uno en Innovación a nivel nacional, clasificación que por segundo año consecutivo recibió la Universidad de los Andes en el Ranking SCImago 2019, donde participan más de tres mil instituciones de educación superior del mundo relacionadas con la investigación, es seguir avanzando y mantener el posicionamiento como una institución y, más difícil aún, como país innovador.

Si algo hemos entendido en este proceso es que uno de los aspectos fundamentales para lograr resultados es crear una cultura de innovación. Esto implica, atraer talentos y mentes creativas que permitan desarrollar una comunidad donde la diversidad cultural, étnica y social ayude a formar a esos genios que se necesitan.

La gente creativa atrae a más gente creativa y eso es lo que hoy están buscando las empresas. Un dato: en Corea existen 5.400 investigadores por millón de habitantes; mientras en Latinoamérica la proporción es 56 investigadores por millón de habitantes. Esto también se complementa con la idea de que un ambiente colaborativo y no competitivo, genera mejores resultados.

Otro paso clave es robustercer el capital humano, cambiar el modelo de educación donde se enseña a los alumnos a memorizar datos y fechas. Lo que tenemos que priorizar no es la enseñanza, sino el aprendizaje, y hoy necesitamos que los niños aprendan a razonar, a cuestionar, a encontrar fórmulas para resolver los problemas y que se premie a los innovadores.

A modo de sugerencia, tanto la ciencia como la programación deberían ser pilares de toda malla escolar.  Al igual que en el fútbol, trabajar las divisiones inferiores es fundamental, y si queremos exportar talento, como en el fútbol sudamericano, con ejemplos como Messi, Neymar y Alexis Sánchez, tenemos que potenciar las futuras generaciones. El 65% de los niños que empezaron el colegio este año tendrán empleos que aún no han sido inventados.

Estimular la inversión en innovación debiese ser un ítem importante a nivel país, porque sin recursos es difícil que las tecnologías se puedan desarrollar, y sin tecnologías, no hay avance. En Chile, la inversión en I+D+i es muy baja. Solo se destina 0,34% del PIB a estas materias, mientras Israel supera el 4% y Estados Unidos destina el 3%.

¿Y qué sucede con el mundo privado nacional? La verdad es que aún son pocas las instituciones que se atreven a invertir en innovación, que comprenden las ventajas y el impacto que esto puede tener para su organización y a nivel local. En este sentido, las universidades y centros de investigación tenemos una tarea pendiente, que es generar un mayor diálogo y cercanía entre la academia y las empresas.

Junto a esto, debemos impulsar también una cultura de Propiedad Intelectual, donde se respeten las creaciones de la mente y donde las leyes protejan y promuevan los inventos. En ese aspecto, Chile está al debe y así lo demuestran los datos. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) el conjunto de solicitudes de patentes que Latinoamérica y el Caribe alcanzan las 1.200 al año, mientras que Estados Unidos entrega 57.000 aplicaciones, Japón 44.000, China 22.000 y Corea 12.400.

En conclusión, si bien no hay certezas ni fórmulas concretas para convertirse en un referente en materia de innovación, el primer paso es perderle el miedo al fracaso. Incluso Thomas Edison, que dijo: “no fracasé 1.000 veces, sino que la invención de la bombilla eléctrica requirió 1.000 etapas”, entendió que el fracaso era parte del proceso mismo.

. Anil Sadarangani, director de Innovación de la Universidad de los Andes.