La historia de Karen Henríquez, la ingeniera química que se transformó en perfumista

Experta -a la izquierda-trabaja en la empresa local Cramer, una de las principales casas de fragancias y sabores de Sudamérica. En 2017, junto a otra especialista de la empresa, recibió en Brasil el Premio Actualidad Cosmética, en la categoría “Creación de Perfume Libre”, reconocido como “los Oscar de la perfumería”.

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“Crear un perfume es un arte que se ve influenciado por los gustos del cliente que lo solicita, la moda, las tendencias e incluso los movimientos sociales”, dice la experta en fragancias e ingeniera química chilena, Karen Henríquez.

La perfumista junto a Patricia Muñoz, otra especialista formada por ella, recibió en 2017 en Brasil el Premio Actualidad Cosmética, en la categoría “Creación de Perfume Libre”, reconocido como “los Oscar de la perfumería”.

Hace tres décadas que trabaja en la empresa Cramer, donde desarrolla no solo aromas para perfumes, sino también para todo tipo de productos de belleza y cuidado personal, del hogar, industriales, entre muchos otros. Hoy está a cargo de los equipos del área en Cramer Chile y sus filiales en Brasil y Perú.

“Chile es reconocido como uno de los países que más consume perfumes en Latinoamérica y pienso que en gran parte es porque nos gusta recordar, evocar lo vivido en el pasado”, remarca.

Oriunda de la Región de Valparaíso llegó a trabajar primero al área de Sabores de Cramer en junio de 1989. Dos años después, reconociendo sus capacidades e intereses, le ofrecieron una oportunidad en el área de perfumería.

“Sin duda, las fragancias eran lo mío. Y aunque se puede pensar que es un don natural, tiene demasiado que ver con un oficio, con ‘entrenar la nariz’ todos los días y encantarte con los aromas que te rodean. Cuando comenzamos en esos años no teníamos cromatógrafo, todas las esencias se trabajaban por nariz”, recuerda.

MUCHA DEDICACIÓN

Su carrera fue en constante ascenso. En los años posteriores preparó a distintos profesionales para que fuesen parte del equipo de fragancias (analistas, químicos, vendedores, entre otros), viajó a Nueva York a hacer un curso para la clasificación de materias primas, e inventó códigos relacionados a fragancias que todavía se usan en la empresa. “Es el índice de los productos con que trabajamos”, dice orgullosa.

Actualmente, distribuye su tiempo entre la casa matriz de Cramer en Chile y los laboratorios que mantiene la empresa en Brasil y Perú, donde dirige y entrena equipos especializados en las tendencias y gustos olfativos de distintas zonas de Latinoamérica.

“Nuestro trabajo requiere de mucha dedicación. Eres perfumista las 24 horas del día y necesitas de una concentración y silencio constantes. Muchas veces pesas fórmulas de 60 componentes; vas en el número 59, te equivocas, y debes partir todo de nuevo”, remarca.

Durante los primeros años no tenían salas aisladas en la empresa y su labor era más difícil; hoy trabajan con tecnología de punta, cromatógrafos, sistemas de pesajes, y salas aisladas.

“Esa realidad inicial parece de otra época y tuvo su magia; fueron 15 años trabajando solo con nariz”, cuenta.

Y es que se trata de una carrera que tiene a reconocidos exponentes en Europa, donde hay grandes casas de fragancias dedicadas a la creación de esencias.

Karen señala que “aunque en Francia incluso puedes estudiar la carrera de perfumista, que en Sudamérica no existe, no es un camino fácil ni igual para todos, ya que las percepciones olfativas varían de una persona a otra”, lo que ella grafica con un ejemplo simple. “Si nos pides a dos perfumistas que desarrollemos una fragancia de manzana y nos entregas las mismas materias primas, yo te puedo asegurar que los dos vamos a hacer un perfume distinto, porque esto es un arte que va muy ligado con tu experiencia de vida y con tu sensibilidad”.

Luego de entrenarse durante todos estos años, Karen ya tiene a su haber varios desarrollos propios que han logrado abrirse camino en distintos países de Latinoamérica.

“Levantar los descriptores que te entregan los clientes diría que es uno de los pasos más complejos. Hay que conocer sus gustos y sensibilidades para empatizar con ellos y así llegar al resultado que ellos tienen pensado”, remarca.