Especialista en inclusión: “Se necesita un cambio cultural para valorar a una persona por lo que sabe y no por como luce”

Lucía Vivanco, terapeuta ocupacional y madre de un joven con discapacidad, detalla cuáles son los principales vacíos de una Ley de Inclusión Laboral que considera cuotas, pero no una estrategia detrás.

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En abril del año pasado fue publicada la Ley de Inclusión Laboral que establece una reserva de empleos del 1% para personas con discapacidad o beneficiarias de la pensión de invalidez de cualquier régimen previsional, ya sea en organismos del Estado y empresas privadas que tengan 100 o más trabajadores o funcionarios.

Aunque hasta ahora el 83% de las empresas han cumplido con el nuevo reglamento en lo que parece un triunfo de la justicia social, para otros es un maquillaje que a un año de su puesta en marcha persiste en segregar a la población con discapacidad.

Entre los entendidos se encuentra el Jefe de la División de Gestión de personas de la Comisión para el Mercado Financiero, Juan Francisco Cantillana. El abogado cree que las organizaciones y empresas deben alinearse con esta legislación pero con miras a generar una real igualdad de oportunidades más que cumplir metas sin una estrategia detrás. Asi se evitan fiascos como crear rampas para sillas de ruedas, habilitar baños y pasillos en una empresa, pero no considerar los accesos en las inmediaciones del edificio o la integración con el transporte público.

“Esto quiere decir que hay que incluir también todos las adaptaciones y ajustes necesarios para no caer en discriminaciones arbitrarias que limiten la participación de las personas con desafíos múltiples. En las bases o pautas de selección de personal aun suelen persistir condiciones, requisitos o exigencias que implican discriminaciones arbitrarias que limitan la participación de personas con discapacidad”, explica el abogado sobre letras chicas como la “salud compatible” y capacidad.

CARIDAD Y PRECARIEDAD LABORAL

Si bien la ley es un mandato para los empleadores, la inclusión es un proceso que involucra a todos y todas las personas que constituyen cada empresa u organización.

“Hay que preparar también a los compañeros de trabajo para que no vayan a ser los primeros en discriminar tanto negativa como afirmativamente. Suele pasar que el compañero nuevo es visto con lástima o incluso con temor cuando priman los prejuicios”, comenta la terapeuta ocupacional Lucía Vivanco, especialista en este aspecto de los recursos humanos. La profesional también es crítica respecto de algunos vacíos en la puesta en marcha de la Ley 21.015.

En ese contexto, Vivanco señala que, según datos del Ministerio del Trabajo, hay más de 7.500 personas con algún tipo de discapacidad que actualmente están buscando empleo y que eso es motivo suficiente para dar mayor urgencia a la necesidad de generar socialmente espacios para la inclusión de modo integral y no desde una mirada de caridad.

“La persona que dona plata para la Teletón hoy es la misma que mañana ocupa los estacionamientos para discapacitados sin importarle o la que contará chistes sobre discapacitados. Creo que eso es lo perverso de este tipo de instancias que le hacen creer a la gente que la inclusión se logra con campañas o donando dinero, cuando en realidad se requiere un cambio cultural”, explica Vivanco quien es también profesora en la Universidad de Santiago (Usach) y madre de un joven con discapacidad.

Si bien esta ley es un avance, queda mucho camino por delante para lograr la inclusión de las personas con discapacidad más allá de la obligación legal, apunta.

“Esta ley favorece solo a un pequeño grupo de personas con discapacidad: las que cuentan con competencias, han accedido a una buena educación o tienen redes de apoyo. Ellos están preparados para ese mercado laboral competitivo, pero esta ley no se hace cargo de, por ejemplo, personas con discapacidades más severas. ¿Dónde está la igualdad de condiciones si hay gente que jamás podrá acceder a un trabajo digno?”, comenta Vivanco. “Se necesita un cambio cultural para decir: podemos valorar una persona por lo que sabe y no por como luce, o si habla bien o raro o mal, nos falta para eso”, agrega.

Para optar a un genuino espíritu de inclusión más allá de cualquier coerción legal, ambos profesionales estiman que un trabajo inclusivo parte por generar conciencia en la sociedad también. Una capacitación real en los hogares, colegios, lugares de trabajo con un enfoque que no sea desde la carencia o la ayuda, sino desde la dignidad.

“La integración no debe ser un proceso condescendiente, sino que un objetivo en el que los profesionales con discapacidad postulen a trabajos y se desempeñen sus labores en igualdad de oportunidades. No se trata de realzar a las personas porque tengan una discapacidad o echarlas para abajo, sino que simplemente tratarlas como a un semejante”, comenta Vivanco.