Cambio curricular: contra la educación pública otra vez

El asedio permanente contra la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales -y su profesorado- devela una operación cultural que tiene por único objetivo precarizar la educación pública y eliminar el pensamiento crítico, la memoria histórica y la identidad colectiva de la formación de los y las estudiantes.

2028

. Beatriz Areyuna, decana de la  Facultad de Pedagogía de la Universidad academia de Humanismo Cristiano.

El viernes pasado la ministra de Educación, Marcela Cubillos, anunció la reforma curricular aprobada por el Consejo Nacional de Educación (CNE) donde, entre otras medidas, se le quita la obligatoriedad a la asignatura de Historia y Ciencias Sociales, dejándola como optativa en tercero y cuarto medio. La ministra defendió la medida, explicando que los contenidos de la asignatura serán redistribuidos entre primero básico y segundo medio, por lo que la enseñanza de la Historia y Ciencias sociales sería innecesaria en los dos últimos años de educación general.

La decisión del CNED y las declaraciones de la secretaria de Estado reflejan tres cuestiones gravísimas, que debieran poner en alerta a toda la sociedad civil y a quienes se han manifestado en defensa de la educación pública. En primer término, la decisión sobre el conjunto de cambios al currículum nacional fue hecho a espaldas de los y las profesores/as, actores claves de la educación y sin espacios reales de deliberación y consulta pública. Hasta ahora, no han sido difundidos los informes de expertos que justifiquen las medidas tomadas, y que el presidente del CNED calificó como la reforma más sustantiva desde 1998. Una vez más, un grupo minoritario representativo de los intereses privados de la educación decide contra las mayorías y muestra el autoritarismo curricular chileno.

Por otra parte, el retiro de la obligatoriedad de la Historia en tercero y cuarto medio devela la mirada tecnocrática y mercantil con la que se conducen los destinos de la educación. No es primera vez que se embate contra la Historia y las Ciencias Sociales.

A fines del 2010, el entonces ministro (de Educación) Joaquín Lavín anunciaba una disminución importante de las horas de la asignatura para, según sus dichos, asegurar mayor cantidad de horas a asignaturas que permitieran elevar los resultados de los estudiantes chilenos en mediciones estandarizadas a nivel nacional e internacional.

Un amplio movimiento ciudadano repudió la medida, exigió al ministro explicar los fundamentos de su decisión y devolver las horas al currículum nacional. La unidad, organización y defensa generalizada de la Historia y las Ciencias Sociales como parte del patrimonio educativo integral de la sociedad fue exitoso y el ministro debió retroceder en su iniciativa.

Pero, ¿por qué la Historia y el Arte una y otra vez?

El asedio permanente contra la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales -y su profesorado- devela una operación cultural que tiene por único objetivo precarizar la educación pública y eliminar el pensamiento crítico, la memoria histórica y la identidad colectiva de la formación de los y las estudiantes. La educación sin pensamiento crítico es una tecnología reproductora de las condiciones de desigualdad del sistema que, intencionadamente, formaría personas dóciles e irreflexivas; ese tipo de formación que conculca la posibilidad de apropiarse del futuro y que sólo conviene a unos pocos.

La justificación de la ministra Cubillos en torno a la cobertura de los contenidos de la asignatura desde primero básico  a segundo medio da cuenta de la banalidad de la discusión y de una profunda ignorancia pedagógica; pues, en los dos últimos años de la enseñanza media se desarrollan privilegiadamente las habilidades del pensamiento histórico más complejas, como elaboración de juicios propios sobre el pasado histórico y su aplicación en el presente o la toma de posición como sujetos/as históricos.

Eliminar la obligatoriedad de la Historia y las Ciencias Sociales de los cursos superiores de la enseñanza media implica decirle a la sociedad chilena que el pensamiento histórico no es importante para la formación de nuestros y nuestras jóvenes; hacerla elegible representa dramáticamente la metáfora de la educación de mercado, donde se pone a la Historia, las Artes Visuales, o las Ciencias Sociales en una gaveta de mercadillo para que clientes sumisos o distraidos escojan según la ocasión.

Este embate ha sido compartido una y otra vez con la asignatura de Arte, que contribuye a la construcción de la identidad de los sujetos/as históricos y que dota a los y las estudiantes de la oportunidad de expresión de ideas, sueños o emociones. El arte como experiencia creativa representa la posibilidad de darle una narrativa estética al mundo; la separación tecnocrática entre saberes útiles y saberes inútiles despoja a nuestros y nuestras estudiantes de un capital social y cultural que es vital en la construcción de una ciudadanía activa.

Por otra parte, la eliminación de las horas obligatorias de Educación Física en esta fase educativa contradice incluso las indicaciones de los organismos internacionales, y representa una falta de preocupación y empatía por la salud pública y desarrollo integral de los y las estudiantes, principalmente de sectores más desposeídos, pues es sabido que uno de los conflictos mayores en el desarrollo de esta disciplina es la falta de infraestructura adecuada de escuelas y liceos.

Por último, el supuesto cambio de la asignatura por Educación Ciudadana es una enmascarada del objetivo político de fondo: volver a la formación de una ciudadanía cívica -liberal y conservadora- cuyo fin es contrario al empoderamiento ciudadano. Esto busca encauzar a la ciudadanía hacia la adhesión acrítica al orden establecido: docilidad y conformismo son los aprendizajes fundamentales en ese modelo, pues la enseñanza de la ciudadanía desfondada de la experiencia y la memoria histórica, que está a la base de las luchas de distintas sociedades y grupos por ampliación de participación y derechos, es utilizar el espacio formativo como adiestramiento para mantener el respeto al orden tal cual está y valorar la participación electoral como la única vía de expresión de los ciudadanos.

Consideramos que el CNED, junto con la actual administración del Mineduc, han cometido un ataque inadmisible contra la educación pública. Por ello, creemos que es necesario interpelar a la ministra de educación, Marcela Cubillos, y a cada uno de los miembros del CNED, que representan intereses privados centristas y tecnocráticos.

Llamamos a toda la comunidad académica, profesores/as, estudiantes y apoderados/as y sociedad civil en general a pronunciarse en contra de la medida y a formar un movimiento amplio en defensa de un currículum nacional que promueva la autonomía, la creatividad, el pensamiento crítico y desarrollo integral de las y los estudiantes de Chile, por una escuela sin aulas seguras y con acceso inclusivo.

. Beatriz Areyuna, decana de la  Facultad de Pedagogía de la Universidad academia de Humanismo Cristiano.