Emilia Schneider: “Queremos que la FECh vuelva a ser una necesidad” para los alumnos

La nueva presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile se hace cargo del desinterés cívico de los votantes (dentro y fuera de la Casa de Bello), proyecta un interinato de seis meses en el que espera lograr cambios relevantes y propone que la organización vuelva a ser un referente para los grandes cambios sociales.

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La nueva presidenta de la Federación de Estudiantes de  la Universidad de Chile (FECh) echa a andar el cronómetro. Tras una baja asistencia a las urnas universitarias y promediar un quórum del 40%, tiene seis meses de interinato para llamar a nuevas elecciones, dejar una rúbrica en la gestión de género y concretar lo que ella llama “una refundación” de la federación.

Emilia Schneider (22), nieta del asesinado general René Schneider, estudiante de quinto año de Derecho en la Casa de Bello,  ayudante del ramo de “Género y derecho” y militante del Frente Amplio por el Partido Comunes, está entusiasmada y expectante. Obtuvo la mayoría con 3.708 votos para quedar a cargo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, una mayoría que no fue quórum suficiente.

Luego de ser una de las voceras del movimiento 8M el 2018 y una de las primeras secretarias de género del plantel, está hoy enfundada en mezclilla y una sonrisa permanente para proponer 10 cambios por minuto en una universidad tradicional en la que las denuncias por sexismo arrecian.

Propone sacar de gira a la FECh por las facultades más abandonadas de la Chile, visibilizar la invisibilización de carreras como artes y otros institutos y devolver a la federación a su sitial histórico como motor de cambios sociales (dentro y fuera de la universidad).  Tras el extenso enunciado, Emilia pregunta: “¿sueno muy dispersa?”

Esa tarde, por diversos compromisos como esta conversación con La Nación en su calidad de representante de los estudiantes, debió faltar a clases. Luego tenía una entrevista en la radio de la universidad donde debía responder las mismas preguntas sobre su condición natural de mujer transgénero.

“Se suele poner la identidad de mi persona por sobre el programa o proyecto político que nos llevó a la presidencia. Hemos intentado poner el centro de la conversación ahí, porque sabemos que no porque la FECh tenga una representante trans el país va a cambiar o adoptar el feminismo como algo central”, dice. “Eso es algo que estamos impulsando, claro, pero que exige mucho trabajo político. Es decir, tenemos algo de positivo y de negativo al recibir esa atención, porque al hacerlo se están ignorando las ideas colectivas de un equipo que muchos estudiantes respaldaron”, sostiene.

Emilia reconoce que estamos ante un hito social y político, pero que en ese mismo contexto, lo que debe llamar la atención realmente (más que su identidad de género) es la radicalización de los grupos conservadores en contra de la disidencia sexual. Algo que se ve en las calles tan normalizado como hace décadas. En tal sentido, estima que las posibilidades de proponer una transformación desde este cargo es algo muy importante.

DE VUELTA AL PODIO HISTÓRICO

Enfrentada a la baja votación general de los estudiantes que le otorgó la presidencia, Emilia reconoce que hay un escenario general de descrédito hacia la clase política que también salpica las elecciones universitarias.

Los comicios de la FECh también son un barómetro del estado de las cosas a nivel de participación y fortaleza de los atributos de muchos partidos. Un aspecto en el que Schneider reconoce un lastre contra el que hay que tomar medidas de cara a las siguientes elecciones convocadas para el segundo semestre.

“La representatividad y la legitimidad hace mucho rato que están en crisis en Chile y muchas veces la federación no ha podido escapar de esa inacción. Eso es algo en lo que debemos ser honestos y honestas. La política como ejercicio no ha servido como herramienta de transformación y plataforma de las demandas de las mayorías que se han movilizado para plantear sus cambios. Eso es una situación que se ha dado también en algunas conducciones anteriores de nuestra federación y eso la ha alejado de los estudiantes. Esa es una crítica que debemos hacer”, explica recordando el rol de la FECh en las grandes movilizaciones obreras y campesinas desde los años 20 hasta 1973.

¿Específicamente qué falencias reconoces?

Situaciones como las del 2018, cuando durante las movilizaciones feministas la federación no jugó el rol que debió haber jugado. Yo fui vocera de toma en ese proceso y de escenarios que queremos mejorar desde la experiencia para articular esos esfuerzos y proyectarlos, para recuperar la conexión de la FECh con esas luchas. La presidencia anterior de Carla Toro también ha realizado esfuerzos tendientes a esa transformación. Lo que nosotros y nosotras buscamos, más que una transformación, es una refundación orgánica, una refundación política. Queremos que la federación vuelva a ser importante para los estudiantes, que se vuelva una necesidad. Que esté al servicio de los alumnos, con humildad, y no solo que se ubique por encima de ellos. Desde ahí, es posible acortar la distancia entre el movimiento estudiantil, la política y la sociedad para ser respuesta a nivel país de muchas de esas inquietudes que antaño también obtenían respuesta de la federación.

¿Dónde identificamos una deuda de la federación respecto a una mayor participación dentro de los  movimientos sociales?

-Recientemente muchas demandas sociales se ha mostrado como una alternativa más efectiva para lograr participación que las mismas organizaciones políticas en general. Lo hemos visto desde las manifestaciones estudiantiles, el movimiento NO + AFP y la cuestión feminista que terminan siendo también manifestaciones de inquietudes y necesidades que no están siendo atendidas por la política tradicional y eso es expresión de cómo está haciendo crisis el sistema y de la necesidad de una democracia menos restringida en la que los lineamientos histórico de la FECh están totalmente llamados a participar.

“Queremos ser parte activa de la discusión de una reforma educacional que no fue pensada en la línea de lo que planteaban las grandes mayorías que salieron a marchar por educación gratuita y de calidad, lo mismo en la entrega de becas que finalmente entregan más recursos a las universidades privadas y que pone a la educación pública en un plan de desfinanciamiento que genera alza en los aranceles. Ya desde discusiones como estas tenemos mucho que hacer ante emergencias sociales relevantes. Estar de nuevo donde las papas queman como actor político”, añade.

Anteriormente otros líderes han propuesto cambios en este espacio mayor que se define con orgullo como centenario e inamovible, incluso. ¿Cómo proyectas grandes transformaciones en un periodo tan breve de gestión?

-Será una agenda intensa y de harto trabajo. Creo que la clave es tener una federación en terreno que escuche mucho carrera a carrera, instituto por instituto, que vaya a presentarse, que ayude a levantar centros de alumnos y se vincule con las problemáticas de nuestros compañeros, primero. Ese es un paso cero que nos tiene optimistas.

“Es importante concentrar los esfuerzos en gestionar las transformaciones con el acuerdo colectivo para que esos cambios tengan lugar. Los grandes cambios se han conseguido cuando las grandes mayorías son las que han propuesto estos temas manifestándose o marchando. Entonces, como movimiento estudiantil hay que mantener abierto el debate que abrimos en años anteriores y no bajar los brazos para que esas demandas se concreten. Es una responsabilidad enorme dirigir los cambios en esa dirección, en materia feminista, social, educativa y de oportunidades, pero para ello se necesita de una colaboración total entre las voluntades del Consejo de Rectores, docentes estudiantes de la educación superior, estudiantes secundarios y organizaciones sociales para crear un gran consenso y no solo fortalecer la educación pública, sino extenderla a todos y todas”. remarca.

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