Las lecciones de solidaridad del hogar de menores “Cardenal José María Caro” de La Pintana

Una residencia para niños que se han visto separados de sus padres es una pequeña organización de favores y gestión en una de las comunas de más difícil acceso en Santiago. Sus encargados y voluntarios cuentan cómo sería nuestro país si la clase política y la sociedad se unieran solidariamente más allá de las teletones y las catástrofes.

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El proyecto de la residencia de menores “Cardenal José María Caro” se titula “Hagámoslo juntos”, con la idea de generar un cambio a través de una cadena virtuosa a nivel social, que nace desde la precariedad y que concluye cuando sus pequeños ciudadanos alcanzan la autonomía.

La corporación, que cumple 35 años de vida, y que es otra de las iniciativas sociales que el cardenal Raúl Silva Henríquez inspiró en vida, es no solo una isla de paz y verdor en la comuna de La Pintana -una de las cinco comunas con peor accesibilidad y menor cantidad de áreas verdes en la capital-, también es un proyecto sui generis dentro del vapuleado concepto de los hogares residencia.

Las cuatro casas que componen el complejo están insertas en una parcela de mil metros cuadrados que acoge a 40 niños y niñas desde los 4 años. La mayoría de ellos son hermanos, porque el proyecto valora ese vínculo como un importante factor de permanencia. Una residencia es la última opción cuando no hay familia extensa o algún tutor que pueda hacerse responsable.

“Somos uno de los pocos hogares de carácter mixto. Los chiquillos son enviados acá por orden de los tribunales desde entornos de vulnerabilidad”, explica su directora, la psicóloga Angélica Yevilaf.

La responsable es enfática en aclarar que, si bien el hogar es un organismo colaborador del Servicio Nacional de Menores (Sename), está muy lejos de la figura escabrosa que los medios han potenciado a través de coberturas recientes sobre el tema. Este nuevo espacio al que llegan los niños y niñas es muy espacioso, tiene una multicancha para que realicen actividad deportiva y muchos árboles frutales como paltos, nogales, parrones y damascos. “Son tantos que podemos hacer mermelada para todo el año”, comenta.

Dentro del equipamiento hay una piscina recreativa que literalmente “se partió” para el terremoto del 2010 y que los niños han echado de menos, cuenta la directora. La última cotización, arrojó un presupuesto de 5 millones de pesos por su reparación.

UNA AYUDA QUE DURA TODO EL AÑO

Como el sistema permite a los residentes permanecer en el hogar mientras sigan estudiando, el concepto de autonomía se funda en que los niños y adolescentes lleven una vida normal y puedan proyectar su madurez con herramientas propias a través de aprender un oficio o desarrollarse intelectualmente. Es el caso de los dos integrantes mayores del hogar -un par hermanos de 17 y 19 años- que llegaron juntos al recinto hace 12 años y que estudian administración de empresas y prevención de riesgos.

El fin de semana, después de hacer las tareas, los niños acuden a talleres artísticos y musicales en el sector. De vez en cuando, la gente de Azul Azul, invita a los menores al estadio a ver a los partidos de la Universidad de Chile. Un gesto que la encargada del hogar agradece.

La directora repasa la permanente ayuda de ONG’s como Desafío Levantemos Chile (que instaló paneles solares y losas radiantes en las cuatro casas), colegios y otras empresas cuyos trabajadores organizados también ayudan materialmente al proyecto. Es el caso de la distribuidora de insumos eléctricos Dartel; de la alcaldesa de Teno, Sandra Valenzuela (que aporta alojamiento para las salidas de verano) o Carolina Toledo, una ingeniera en marketing que suele ingeniárselas para conseguir salidas a Fantasilandia, al cine y otros eventos para los chicos del hogar de menores.

Esta última piensa que más que recursos materiales, aunque importantes, un tiempo de calidad, contención y orientación es algo que podría ser de mucha utilidad para los niños. “Hay varias formas de acercarse al hogar y ‘apadrinar’ a un niño con contención, acompañamiento según sus distintas edades o guiar una vocación, por ejemplo. Muchos de estos menores no imaginan lo que pueden lograr en su vida. Si como país pudiésemos enfatizar esta entrega de cariño, nuestra realidad sería otra”, invita.

Por su parte, desde la gerencia de personas de Dartel, también explican cómo lograr muchos avances con un poco de esfuerzo. “Transmitir cariño, preocupación y amor, es algo tan relevante como cualquier otra acción. Cada dos meses vamos a celebrar los cumpleaños y para Pascua de Resurrección les llevamos huevitos de pascua a los niños y niñas. Queremos demostrarles siempre que no están solos y que pese a los momentos complejos que les haya tocado vivir, existe esperanza y la opción de, si se lo proponen, optar por una vida mejor”, remarca Carlos Yáñez.

HACIA UNA IDEA DE LA SOLIDARIDAD GENUINA

Desde el Hogar “Cardenal José María Caro” explican que esta política colaborativa es un gesto bidireccional que actualiza una idea tradicional de solidaridad por sobre la simple caridad. Un requisito para acordar este tipo de ayudas es que los chicos sean parte de cualquiera de estos esfuerzos como, por ejemplo, reparar un muro o pintar un comedor. Es decir, que cualquier actividad solidaria los incluya como parte y no como fin. “Que sea un logro y un aprendizaje y no una cosa que cayó gratuitamente del cielo”, agrega Yevilaf.

“Así fue cuando realizaron la reestructuración desde el Desafío Levantemos Chile, los niños apoyaron, dentro de sus posibilidades, todas las acciones. Así, también se genera una responsabilidad en el cuidado de las instalaciones”, destaca.

¿Cómo ha afectado la obra el efecto de los abusos y precariedades en algunos hogares del Sename?
-Es una preocupación constante, pues se ha generalizado la mala gestión de algunos de esos hogares con la totalidad de las residencias. Lo que nos llama la atención es que se denuncia cuando una residencia no hace bien las cosas, -lo que está bien- pero jamás se detienen a decir cuáles son las residencias donde se logra un buen nivel. Algunos políticos han hecho demagogia con esta problemática real y no han estado a la altura de mejorar las condiciones de niños de todo el país. Nosotros tenemos una política de “puertas abiertas” y recibimos a cualquier persona que quiera conocer cómo funciona el hogar. La visión que se tiene de las residencias es súper negativa y parcelada, sin embargo, contamos con el apoyo y la credibilidad de todos quienes nos colaboran. En ese sentido, no nos podemos quejar.

Cómo considera que se ha conducido la discusión sobre generar oportunidades a niños y adolescentes en riesgo social?
-Creo que se están privilegiando más las sanciones que las soluciones. Se ha conducido hacia la búsqueda de cómo castigar y controlar a niños desde los 14 años y eso demuestra que como sociedad estamos muy mal si lo que interesa es perfeccionar sanción tras sanción. Lo que se requiere es averiguar el trasfondo, actuar ante la raíz que hace que sucedan las cosas, profundizar en una mirada más integral. Hace muy poco pusimos en el colegio a un niño nuestro con carencias, algo difícil; lo primero que propuso el plantel nuevo fue reducir su horario de clases para que se fuera dos horas antes que sus compañeros. No lo aceptamos y lo cambiamos de establecimiento. Si quieres mejorar la vida de un niño que lo ha pasado mal, no podemos partir penalizándolo y restándole oportunidades para desarrollar.

Por otro lado, niños que nos llegan en las mismas circunstancias, terminan siendo elegidos mejores compañeros, subiendo las notas al máximo o llegando a la universidad. Hay decisiones que se están tomando que generarán consecuencias históricas. Nuestro país se está polarizando cada vez más en la desigualdad y eso nos hace perder la óptica de lo relevante. Quizás quienes toman decisiones, deben salir un poco más a la calle para entender lo que se les escapa desde la oficina y el escritorio.