Ffrench-Davis: “En este proyecto (reforma tributaria) hay mucha fake news”

Crítico tajante de la reforma tributaria planteada por el gobierno de Sebastián Piñera, el académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) Ricardo Ffrench-Davis, desmintió la visión de que la dictadura militar impulsó un milagro económico en nuestro país.

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La reforma tributaria ha sido uno de los principales puntos de tensión entre la oposición y el gobierno en el Congreso durante los últimos meses, y los economistas no han estado al margen del debate.

Ricardo Ffrench-Davis, uno de los fundadores de Corporación de Estudios para Latinoamérica (Cieplan) y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2005 ha sido un crítico acérrimo de la iniciativa, a la que acusa de apuntar en la dirección contraria al crecimiento y el empleo, beneficiando a las grandes empresas y no a las pequeñas y medianas.

Académico de la Universidad de Chile, Ffrench-Davis ha analizado con detalle el desarrollo económico del país desde 1973 hasta la fecha, estudios que plasmó en su libro ”Reformas económicas en Chile 1973-2017”, y que le ha permitido afirmar que el “mito” del milagro chileno en dictadura no es nada más que una “fake news”.

La reforma tal como está, plantea, “no da las cifras que están diciendo”. La propuesta “no da crecimiento, el crecimiento lo da un incentivo verdadero a la inversión productiva y el proyecto es fake news, hay mucha fake news”.

En relación a otro de los argumentos cuestionados, contextualizó el académico de la FEN, “es cierto que el mundo está reduciendo la carga tributaria, pero Chile tiene un 21% y los países de la OCDE tienen cargas del 40%, otras con 50% y otros con 38%, incluidos países que tienen bajos impuestos a las empresas pero muy altos impuestos a los ingresos personales”.

Ha sido muy crítico con la reforma tributaria planteada por el gobierno, ¿por qué?

– Las autoridades del gobierno han insistido mucho en que el corazón de la reforma apunta a apoyar las pyme, a impulsar el crecimiento y el empleo, pero la reintegración tributaria no es pro-inversión sino pro-distribución de utilidades que no se invierten, exactamente lo opuesto. Yo soy muy tajante con eso y encuentro que la gente de centroizquierda ha sido débil en ponerlo en primer lugar.

Si la empresa gana plata, una parte la reinvierte, otra la distribuye y la reintegración significa que la parte que distribuye se favorece, le devuelven plata tributaria que se pagó a las utilidades distribuidas, no a las invertidas, eso es contra inversión, evidentemente.

Un agregado es que se enfatiza que entran 150 mil pymes… bueno veamos cuánta plata le llegan a ellos y cuanto a las grandes, porque puedes tener 100 mil pymes pero son más chicas en términos de venta, patrimonio y utilidades que las 20 más grandes. Lo que importa es la cantidad de plata.

Lo que he propuesto es que si vamos a la reintegración démosela a los pequeños y medianos, devolvemos hasta cierto monto y se les devuelve en la declaración de impuesto en abril. Si hay que ceder, reintegremos pero no para los grandes y con eso nos economizamos dos tercios de la plata, porque no podemos bajar los impuestos. El reintegro para todos es regresivo, no es bueno para el crecimiento sino para la distribución de utilidades, y es bueno para comerse las platas o hacer inversiones financieras no productivas. Las empresas en general hacen inversiones productivas sea de servicios, maquinarias, eso construye y potencia para el futuro y eso necesitamos.

Creo que todos debemos pagar en proporción a nuestras rentas pero las rentas están muy concentradas, entonces los ricos tienen que pagar proporcionalmente mucho más y necesitamos impuestos progresivos.

Tanto en el libro como cuando se refiere a la reforma tributaria hace mucho énfasis en la relación entre las pyme, la equidad y el crecimiento sostenido, ¿cuál es la importancia de esa relación?

– El énfasis que he hecho es que necesitamos crecer, acortar la distancia con los países desarrollados. Uno de los problemas es que tenemos mucha informalidad, con cientos de miles de trabajadores informales. Es cierto que Francia y Estados Unidos también tienen pero son proporcionalmente mucho menos de los que tenemos nosotros. Tenemos que ayudar a la formalización, algo que ha avanzado en democracia. Tenemos mucha más gente cotizando en las pensiones que pueden ser miserables, pero están protegidas por contratos: eran un 41% y ahora es un 60%.

En los primeros años se hizo muy bien a pesar de tener a Pinochet como comandante en jefe, con el Tribunal Constitucional y los senadores designados, y nunca Chile lo hizo tan bien en temas de salarios, del empleo, de la inversión privada, los privados invirtiendo más en democracia con nuevos impuestos, reforma tributaria y reforma laboral, esos son puntos muy fuertes.

También necesitamos trabajadores más capacitados porque esto es, digamos, el capital físico. Otro punto clave es el acceso al mercado de capitales, que hoy es mucho más desigual. Entonces es mejor hacer una gran reforma del mercado de capitales, creando una banca de desarrollo grandota para las pymes. Actualmente está el Banco del Estado haciendo una tarea pero es el 15 o 17 por ciento del mercado crediticio, que es chico. Es por ello que necesitamos modernizar desde abajo el país porque eso sube el promedio. Si seguimos subiendo como hasta ahora va a haber más antagonismo social, más conflicto en el país y no vamos a crecer.

En su libro busca desmontar dos mitos: primero que la dictadura impulsó un milagro económico en Chile, y segundo que ese “modelo” económico se ha mantenido hasta hoy sin cambios.

– Ambas visiones no tienen los pies en la tierra. La visión de que todo lo deben hacer los privados y que las empresas públicas son malas es falsa, hay empresas públicas estadounidenses, europeas muy buenas de gran nivel. Creer que todo lo pueden hacer las empresas públicas, tampoco resulta. Tienes que tener una cosa mixta.

En cuanto a la idea del milagro económico en dictadura, en dicho periodo Chile creció 2,9 por ciento por año con salarios mínimos achicándose. Hablamos de una economía que tiene dos grandes crisis producidas por las reformas extremistas que hicieron: el ’75 y el ’82. ¿Fue mala suerte? No, fue el endeudamiento externo y que se comieron la plata con reformas de libre mercado donde los incentivos estaban en especular y consumir, y eran malos para la inversión productiva.

¿Qué pasó en democracia?

– No hubo linealidad. Había una inflación muy alta en la región, de 1.665%, y en Chile la dictadura dejó una llanura de inflación sobre el 30%. Qué pasa en el Banco Central autónomo que dejó la dictadura: cinco días antes de la elección, que ya se veía que ganaría la Concertación, el consejo del banco donde había dos pinochetistas, dos concertacionistas y un independiente, decidió subir la tasa de interés y éste recogió mucha plata y fue una señal muy importante: esto va en serio.

Lo dijimos en la campaña del “No” y luego la de Aylwin: tenemos que restablecer impuestos a las empresas, luego la reforma laboral. Las dos tuvimos que negociarlas porque no se podían sacar como los queríamos debido a la oposición de la derecha y ante el temor de lo que pudiera hacer el Tribunal Constitucional y con Pinochet como Comandante en Jefe, entones para que no las rechazaran, cedimos. Ser críticos de esos primeros años y decir que fueron lo mismo es de una ignorancia muy dañina para las fuerzas progresistas del país.

Crecimos al 7% durante nueve años aumentando los salarios y el empleo, cuando durante toda la dictadura el salario mínimo bajó, pero ahí empezaron a haber renegaciones. Se dijo: ‘ya hicimos la tarea, ahora volvamos a lo que está haciendo el mundo’, y el mundo marchaba hacia el neoliberalismo.

Poco a poco todos fuimos abriendo nuestras cuentas de capitales, incluido Chile. Hubo cambios en el Banco Central y llegaron varios doctores que venían de Estados Unidos, donde se generó una disputa en su interior donde se impuso una orientación neoliberal. Se intervino menos en el tipo de cambio, no se monitoreó el mercado y se fue dejando que el dólar se abarate cuando llega más plata.

Luego, nos quedamos 5 a 6 años en recesión y ese fue un tremendo retroceso hacia las visiones neoliberales sobre el funcionamiento de los mercados. Cuando estamos en recesión tenemos que hacer nosotros una reactivación con gasto público, no hay que bajar el impuesto sino subir el gasto público. Cuando bajas el impuesto el sector privado paga deudas y va poco a consumo, no se reactiva la economía, es la empresa y el gasto público el que reactiva.

En el primer gobierno de Michelle Bachelet hubo un proyecto de generación de clusters, ¿qué pasó con eso?

– Cuando yo estudié se llamaban complejos productivos. Es lo que hizo la Corfo en los ‘40. Ahí está la gran Endesa, la CAP, y se generaban empresas a su alrededor generando valor agregado.

En ese primer gobierno hubo un trabajo interesante de la Corfo, que se hizo junto a otras instituciones del Estado, en un proceso de regionalización con sustento productivo porque las regiones no pueden vivir de la generosidad del Estado. El sustento nacional es el desarrollo productivo, no hay combate a la desigualdad sin éste y no es sostenible si no es incluyente con las pymes.

Los clusters tienen la ventaja de ser un esfuerzo de desarrollo productivo, pero hubo resistencias a estas propuestas. Gente en la centroizquierda que renegó y dijo que había que hacer esto con libre mercado, y al llegar el siguiente gobierno lo tomaron al principio pero quedó trunco.

¿Cómo se puede dar un giro a la situación económica del país en esta línea?

– Con la liberalización de las cuentas de capitales en Chile y del tipo de cambio entramos a los ciclos internacionales de la economía emergente. Dijimos ‘vengan todas las crisis que surjan del mundo financiero’ que es intenso en ciclos, que vienen acompañadas de una recesión con la caída del empleo, las ventas, los sueldos, los ingresos tributarios, eso lo tenemos pendiente.

Chile ha estado con una situación recesiva la mayor parte de los años entre el 99 y el 2019, produciendo menos de lo que somos capaces, lo que significa menos empleo y menos ingresos y utilidades sobre todo para las pyme que sufren mucho más.

Debemos retornar como en los ‘90 a una economía que trabaja en el techo productivo y eso implica regular los flujos especulativos financieros, que no se preocupan del mundo productivo sino de hacer ganancias de capital en el corto plazo y vuelan cuando quieran dejándonos con escasez de dólares y demanda. Tenemos que restablecer una política macroeconómica parecida a lo que hicimos en los primeros años de democracia pero modernizada.

Eso es clave junto a un mercado de capital local para las pyme y mejorar la capacitación laboral no para los MBA sino platas públicas para capacitar a la fuerza laboral.