Crece el cáncer de hígado en Chile: es el décimo más común en el país

Malos hábitos alimenticios y sedentarismo son algunos factores relacionados con la aparición de cáncer de hígado que normalmente no presenta síntomas.

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Es conocido la capacidad de diversos factores de influir en el estado de salud de las personas. Entre ellos se destacan los factores biológicos, sociodemográficos y medioambiental, en los cuales no siempre se puede lograr una intervención para la promoción de la salud. El cáncer de hígado, no está ajeno a esta realidad, y lamentablemente el verano es una perfecta ocasión para que se pierda el control de factores biológicos y sociodemográficos relevantes relacionados con el estilo de vida, como los excesos de consumo de alimentos no saludable, la ingestión de alcohol, resistencia a la insulina, sedentarismo, intoxicación por aflatoxinas y otros, suscitando consecuentemente la aparición de nuevos casos y el desarrollo de la enfermedad.

Los últimos estudios informan que los tumores hepáticos representan el quinto cáncer más frecuente a nivel mundial, aumentando su incidencia durante los últimos años. Y si bien, es más frecuente en los hombres, en las mujeres se ha observado un incremento en el número de casos, sobre todo después de los 50 años.

En Chile, los datos más recientes comunicados al cierre del año 2018 por la Organización Mundial para la Salud (OMS), informan que fue el décimo cáncer más frecuente representando el 3,22% del total de cáncer, con 1.582 nuevos casos, responsable de 1.448 muertes, 5% del total de muertes por cáncer y una prevalencia estimada a cinco años de 1.060 casos anuales.

“El carcinoma hepatocelular es el tumor responsable de la mayor parte de los cánceres de hígado, y entre las causas que hasta hoy se conocen, se encuentra el daño prolongado al hígado, como es el caso de infecciones crónicas por virus de hepatitis B o C, la cirrosis alcohólica, esteatohepatitis no alcohólica o hígado graso en pacientes con resistencia a la insulina y otros”, señaló Ramón Gutiérrez, médico, patólogo, oncólogo molecular y CEO del Centro Clínico ReCell. Lo preocupante es que las estimaciones muestran que en Chile al menos un cuarto de la población adulta sufre de hígado graso no alcohólico y esta enfermedad está en el origen de cerca del  15% de los casos de cáncer hepático. Por otro lado, cerca del 5% de los pacientes que sufren de cirrosis desarrollan este tipo de cáncer.

“El mayor problema del cáncer hepático es que es una enfermedad silenciosa dado a su característica asintomática lo cual hace que generalmente se detecte en etapas avanzadas cuando las posibilidades de tratamiento efectivo son más bajas”, comenta Gutiérrez quien además es presidente de la Sociedad Chilena de Inmunoterapia de Células Dendríticas y Exosomas (Sochidex).

A pesar de ello, existen diversos tratamientos a los que se pueden acceder dependiendo del estado del paciente y el tamaño del tumor, entre otros factores. Entre los tratamientos tradicionales se encuentran la cirugía, quimio y radioterapia, a lo que se suman terapias complementarias que contribuyen a una mejor evolución del paciente y que ayudan a potenciar hasta un 40% los resultados de los tratamientos tradicionales, siendo incluso, en algunos casos de cáncer en etapas más avanzadas, la única opción.

“Los tratamientos de inmunoterapia de células dendríticas de 3ª generación, utilizan técnicas con uno de los protocolos más personalizados y específicos dado que son elaborados para cada paciente y son capaces de estimular el sistema inmunológico, reconociendo y destruyendo las células tumorales, y entregando una nueva esperanza a los pacientes. El objetivo es instalar, reparar y/o potenciar los mecanismos de inmuno-vigilancia que pudieran estar dañados para mejorar las expectativas de recuperación. Y cuando el sistema inmunológico se acostumbra al tratamiento es capaz de seguir actuando contra el tumor a modo de ‘memoria’. Todo esto permite en algunos tipos de cáncer lograr disminuir hasta un 70% la reaparición de la enfermedad, reducir hasta un 80 % la intensidad de complicaciones clínicas derivadas del tumor; mejorar la calidad de vida y extender la supervivencia global, teniendo presente que por ser una terapia biológica, el mismo protocolo puede evolucionar distinto en cada persona”, explicó el experto.