Los autores recomendados del traductor de la trilogía china del momento

Javier Altayó, el español a cargo de pasar desde el chino los extraordinarios mundos de la Trilogía de los Tres Cuerpos, explica a La Nación los principales privilegios de leer la letra original y las complicaciones de unir el imaginario occidental y asiático en el papel. “Es una historia ambiciosamente profunda que, encima, es pura diversión”, destaca.

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La literatura de ciencia ficción china salta por encima de su gran muralla con la consagración de Cixin Liu, autor de la sorprendente Trilogía de los Tres Cuerpos. El tríptico que, a lo largo de 1.700 páginas totales, deja en segundo plano la pregunta “¿estamos solos en el universo?” y la reemplaza por un lacónico: “¿Merecemos sobrevivir como civilización dentro del concierto del universo?”

Como esos viejos discos de Elvis, 7 millones de chinos que compraron los libros para despejar la incógnita no pueden estar equivocados. El resto lo hicieron las recomendaciones de varios lectores ilustres de la obra de Cixin Liu: Barack Obama, Mark Zuckerberg, Rodrigo Fresán y el autor de Juego de Tronos George R.R. Martin, que aseguraron en su momento que la saga “El Problema de los Tres Cuerpos” era un mundo increíblemente imaginativo que no se parece a nada leído antes.

Algo de exotismo hay ahí, peor también un mérito propio del autor que especula con el contacto entre los seres humanos y un planeta extraterrestre hostil a 4 años luz de la Tierra. El mensaje enviado por una científica desencantada de la Revolución Cultural China, propicia una invasión que tardará cuatro siglos en desarrollarse. En el camino, se desata la desesperación humana por alcanzar un grado técnico que permita hacer frente a un eventual ataque, el debate moral sobre qué estamos dispuestos a sacrificar y una escalada geopolítica de discusión sobre la diplomacia humana y la economía que es tan demencial como reconocible.

Este relato coral que abarca siglos y personajes que van y vienen en diversos tiempos cargando sus incoherencias vitales es el que le ha valido a Cixin Liu el mote del Tolstoi Chino. Aunque ha sabido moverse en las aguas de la ciencia ficción más dura y el relato convencional de aventuras más adictivo, ha escondido bajo su prosa a un importante personaje que suele quedar relegado en estos casos. Como un buen árbitro o un ilustrador de portadas de libro, el talento del traductor de “El problema de los tres cuerpos” y su secuela “El bosque oscuro”, es el que menos se destaca.

 LITERATURA DE LA EVASIÓN

Javier Altayó, traductor del chino mandarín al español afincado en el gigante asiático, también mantiene esa doble militancia del ávido lector que le permite navegar estas aguas profundas que relegan al intérprete fuera del aura del superventas que se lleva -merecidamente-  el reconocimiento del gran público.

Altayó admite vivir este espacio de una manera muy oriental, “con la misma resignación de tantos otros profesionales que ejercen labores igualmente indispensables pero invisibles, como los correctores ortotipográficos y de estilo. También, si soy sincero, con cierto alivio: no sé cómo llevaría el escrutinio al que viven sometidos algunos traductores literarios en Japón, cuyo estatus de estrella acarrea igual número de seguidores que de detractores”, dice al diario La Nación desde Taipéi.

Reconoce un alto desafío en la traducción de las obras literarias chinas contemporáneas, sobre todo cuando se trata de sumar aspectos técnicos a la voz de la ciencia ficción. En particular sobre Cixin Liu: “Su estilo está muy lejos del lenguaje pomposo y abigarrado de otros autores que he traducido (estoy pensando, por ejemplo, en la grandilocuente Zhang Ling). Su exuberancia es, efectivamente, imaginativa y no del verbo; en ese sentido su prosa me lleva de la mano con muy pocos sobresaltos”, explica.

Durante el trabajo de traducción, interpretar sentimientos que tardan varios capítulos en florecer, cosmovisiones con miles de años de ventaja sobre occidente y otras volutas del lenguaje, aparentar ser un idioma extraterrestre muchas veces. Altayó recuerda algunos de estos “callejones sin salida” que son parte del oficio del traductor.

“A pesar de la abundancia de términos especializados de muy diversos campos, desde la física hasta las matemáticas pasando por la aeronáutica, que van apareciendo en la obra, como traductor ya estoy acostumbrado a solucionar esos rompecabezas. Más que conceptos o palabras -para los que siempre acaba habiendo una equivalencia, ya sea solucionada a golpe de diccionario o de paráfrasis-, a mí me preocupa más lograr plasmar la voz particular de cada personaje, conseguir transmitir una misma atmósfera. Creo que ese es el don a refinar”, comenta sobre escenas difíciles de imaginar, quizás más complejas de relatar, como un ingenio milenario que computa con personas y código binario en vez de cifras, o la posibilidad de desplegar un protón para construir “dentro” de él una súpercomputadora o bien desarrollar los cientos de mundos posibles dentro de un videojuego de rol.

En la lucha de la creación sin límite de la ciencia ficción y el campo de las palabras, ¿dónde crees que están los pasadizos más estrechos para conectar ambas habitaciones?
Creo que eso habría que preguntárselo al autor de la obra original, es él quien hace ese tránsito. Yo no me muevo de la habitación de las palabras, es él quien viene a mi encuentro con ellas en tablillas de bambú para que yo las transforme y recoloque en un pergamino occidental. Sin embargo, la obra de Cixin Liu es un alarde de imaginación. Una historia ambiciosamente profunda que, encima, es pura diversión.

Desde el privilegio de leer en el idioma original, ¿qué autores recientes de la literatura china nos recomiendas?
Hace poco me dijeron que acaba de salir en castellano “Ciudad difunta” de Jia Pingwa y me alegró  muchísimo. Más allá del gancho publicitario que suponga el hecho de que pasara años censurada por su contenido sexual más o menos explícito, lo cierto es que es una de las novelas que mejor plasma la transformación socioeconómica de la China contemporánea. Y en cuanto a no ficción, recomiendo “Betraying Big Brother: The Feminist Awakening in China” de Leta Hong Fincher para saber cómo se está desarrollando el movimiento feminista en la República Popular China.

 EL SENTIDO DE LA MARAVILLA

Uno de los editores revisores de este traspaso del chino al español es el “Librero del mal”, Antonio Torrubia. Un referente de la literatura pop que no se encuentra en la cima de una torre de rankings de libros, sino en el mostrador de la popular librería Gigamesh de Barcelona. Desde ahí, recomienda párrafos y obras a personas en busca de cómics, fantasía, pop y descatalogados. Sobre la obra de Cixin Liu, le tocó ser de los primeros en leer las páginas traducidas por Altayó.

Del autor (y su traductor) destaca el sentido de la maravilla, el montaje de la trama y el prisma de la cultura asiática que se encuentra en las antípodas de la literatura de evasión occidental. “Es un punto que bebe del mejor Arthur C. Clarke o Isaac Asimov mucho, aunque los reinventa, reescribe y en mi opinión, los supera”, plantea.

De plano define la tercera parte de la saga como una “de las mejores lecturas de ciencia ficción que he leído nunca”.