Macron apuesta a un gran cabildo nacional para zanjar la crisis de los “chalecos amarillos”

Desde noviembre pasado las protestas de los trabajadores de las clases populares y medias hastiadas de los impuestos y una política social que tildan de injusta, han provocado una seria merma en la actividad económica del país, sobre todo en el área del turismo.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, urgió a todos los franceses a participar en un gran debate nacional con el que espera zanjar la crisis de los “chalecos amarillos”, la más grave que enfrenta desde que llegó al poder.

“Tengo la intención de transformar la ira en soluciones”, escribió el mandatario en una carta abierta a los franceses difundida la noche del domingo, en la que invita a toda la ciudadanía a participar en esta gran consulta nacional inédita que se abrirá este martes y durará dos meses.

Será el propio jefe de Estado quien dará inicio al cabildo popular en una pequeña localidad del norte de Francia, en donde hablará durante tres horas junto a 600 alcaldes y representantes locales sobre las principales preocupaciones de los franceses.

Con este gran debate nacional el Ejecutivo espera dar término a la crisis de los denominados “chalecos amarillos”, un colectivo de franceses de clases populares y medias, hastiadas de los impuestos y una política social que consideran injusta, que protestan en todo el país desde mediados de noviembre.

En su larga misiva el gobernante planteó cuatro grandes temas que articularán las discusiones: presión fiscal, organización del Estado, transición ecológica y la democracia, que según estima responden a las “principales inquietudes que han surgido en las últimas semanas”.

“Sé que algunos de ustedes se sienten insatisfechos o enfadados. Porque los impuestos son demasiado altos, los servicios públicos demasiado lejanos, los salarios demasiado bajos para que algunos puedan vivir dignamente de su trabajo”, detalló Macron. “Comparto su impaciencia”, afirmó.

No obstante la empatía mostrada hacia los manifestantes, el mandatario fijó una serie de “líneas rojas” sobre las que no piensa ceder, como la supresión del impuesto sobre la fortuna, una decisión que tomó tras llegar al poder en 2017 y que se ha convertido en una de las reformas más impopulares de su presidencia.

“NO OLVIDAR A NADIE”

Este debate “no es ni una elección ni un referéndum”, advirtió Macron, quien puso también como condición al diálogo el cese de toda forma de violencia, tras varias jornadas de manifestaciones que se han visto empañadas por choques entre la policía y manifestantes, así como agresiones contra periodistas.

La secretaria del ministerio de Transición Ecológica, Emmanuelle Wargon, y el ministro encargado de las Colectividades Territoriales, Sébastien Lecornu, serán los responsables de llevar a cabo esta consulta nacional en la que los alcaldes tendrán un papel esencial como canal de transmisión de las preocupaciones de los ciudadanos.

La idea es ir a todos los rincones de la República y no olvidar a nadie”, explicó el portavoz del gobierno Benjamin Griveaux. Macron prometió que el debate concluirá con anuncios antes de finales de abril.

Este debate nacional es el segundo intento del presidente de 41 años de apagar las protestas de los “chalecos amarillos”, un movimiento que comenzó contra el alza de un impuesto sobre los carburantes, pero que luego se convirtió en una revuelta popular más amplia por la pérdida de poder adquisitivo y los recortes en los servicios públicos.

El presidente anunció en diciembre medidas en favor del bolsillo de los franceses más modestos, incluyendo un alza del salario mínimo de 100 euros, como parte de un paquete que le costará a las arcas públicas hasta 10.000 millones de euros. Pero no fue suficiente para acallar las protestas.

NO ES SUFICIENTE

El sábado, 84.000 “chalecos amarillos” volvieron a manifestar en toda Francia, un saldo mayor que el de la semana anterior, cuando se contabilizaron unos 50.000 manifestantes. No obstante, esta cifra sigue siendo netamente inferior a los cerca de 300.000 que salieron a las calles a mediados de noviembre.

Macron, cuya popularidad ha caído a cifras mínimas en los sondeos, tendrá que redoblar esfuerzos para convencer a los franceses de participar en el debate. El 77% de los ciudadanos estima que esta consulta no se realizará “de forma independiente” y 70% cree que no será útil para el país, según una encuesta divulgada el viernes.

Además muchos de los que abrazan esta causa ponen en duda la legitimidad de esta iniciativa. Para ellos el verdadero debate se está llevando a cabo “en las calles”.

Las manifestaciones han sido incesantes y se han propagado por todo el país, haciendo temblar una economía que lucha por reponerse y que con el movimiento se ha visto impactada considerablemente en diversas áreas como las de servicios, turismo y agricultura, entre otras.