El efecto “Chimuelo” en la publicidad y sociedad

El caso reciente este viral nos entregó soluciones mucho más creativas desde los propios usuarios, que hicieron de esta situación una forma satírica para mostrar la actualidad de un país, compartir experiencias similares o quizás una forma de distender el denso ambiente que vivimos como sociedad.

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. Gustavo Arias Constanzo, director de Underbrand, publicista Analista Medios Digitales.

Cada cierto tiempo, las redes sociales nos sorprenden con videos o situaciones que hace reaccionar a las personas de manera que sorprende, porque surge una creatividad que muchas veces parece solo reservada para especialistas del área, sin embargo esta ahí y quizás siempre estuvo, lo que personalmente es simpático o quizás anecdótico.

Por otra parte, la industria de la publicidad muchas veces carente de ideas propias, ve en estas situaciones la oportunidad de salir del anonimato, dado que sus propios esfuerzos creativos por lo general son vistos con indiferencia por los propios consumidores que no logran comprender el mensaje o la idea central de eso que los especialistas en mercadotecnia denominan conexión.

En estricto rigor, esta suerte de “quién lo dice primero” le favorece porque los sitúa en el ojo de la opinión pública no por el atributo diferenciador de cada marca, simplemente por la vinculación que estos hacen con el contenido que a diario consumen, casos hay muchos y que si bien permanecen en la boca de las personas por unos días, luego pasan de inmediato al olvido y no son solo más que anécdotas del día a día, sino pregunten por la “Tía Paty” o el “Tarro”. Ambos surgieron de una acción viral que luego las marcas recogen y hacen sus propias versiones del suceso, pero sin los resultados esperados, muchas de estas acciones son divertidas porque surgen de manera espontánea sin un libreto o maqueta detrás y es quizás eso lo que más valora la gente y provoca esta suerte de histeria colectiva tras el fenómeno.

¿No será acaso entonces una señal para que las empresas dedicadas a generar contenidos, dejen de lado los paradigmas de la exclusividad creativa y den paso a la espontaneidad social?, ¿no es mejor establecer un vínculo más informal con las nuevas audiencias y las narrativas pretenciosas se transformen en situaciones más humanas que divinas?

Otro punto en cuestión, es ¿qué tipo de personas ve estos virales ?, ¿son todos ?, o solo aquellos que están inmersos en esta vorágine viral, donde la vida es retratada con cierta inocencia y, hasta fortuna por llamarlo de alguna manera, en una plataforma que se ha convertido en una segunda vida, una hecha de pixeles y códigos, que nos está invitando a partir de un tirón de orejas para que los verdaderos constructores de historias comiencen a cambiar el guión y entender que existen muchos públicos y diferentes formas de entender una misma historia que, dependiendo de la plataforma o vida que cada individuo, experimenta la percibe con mayor fuerza.

El caso reciente de “Chimuelo” nos entregó soluciones mucho más creativas desde los propios usuarios, que hicieron de esta situación una forma satírica para mostrar la actualidad de un país, compartir experiencias similares o quizás una forma de distender el denso ambiente que vivimos como sociedad.

El forzar una historia natural, incorporándole una marca o una promoción no hará la diferencia entre aumentar las ventas o clientelas, porque si es simplemente buscar la forma de ser visibles a los ojos de esta nueva generación de consumidores, que siempre están mirando con recelo lo que la industria publicitaria ofrece, está bien, pero, no representa en absoluto el camino que la industria publicitaria debería seguir para generar valor de una marca.

Es tiempo de ir entendiendo que no todo es viral y que no todo puede ser relacionado a vender o intentar forzosamente de prometer valores que muchas de estas marcas asocian a estos fenómenos que cada cierto tiempo dan de comer a los publicistas, que ven en esta suerte de salvavidas creativos, la salida más rápida a una realidad más profunda respecto del por qué hoy ya no se puede seguir insistiendo en vender algo que no tenga vida propia, con historias propias, es como el “guatón copión”, que una vez resulta simpático, pero después de varios intentos resulta algo empalagoso y más que afinidad termina generando rechazo.

. Gustavo Arias Constanzo, director de Underbrand, publicista Analista Medios Digitales.