Gabriela Rodríguez lanza libro “La Memoria de la Sangre”, que releva la existencia del “sutil e invisible” lado femenino

La taróloga y psicomaga vuelca en su primera obra su experiencia de más de dos décadas trabajando con el árbol familiar, tanto en su consulta particular como en los talleres grupales que organiza en Chile y el extranjero. En entrevista con La Nación repasa el profundo proceso que la llevó a dar vida a esta obra, de 177 páginas, que lanzará este jueves 10 de enero, a las 19 horas, en la Fundación Cultural de Providencia.

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En la vida, a veces, las energías del universo confluyen en un momento preciso para que se abran los caminos y algunas personas puedan cumplir sus sueños y, lo más importante, su misión.

Cuando Gabriela Rodríguez mira hacia atrás piensa que eso sucedió con el libro “Mujeres Mágicas” (Editorial Aguilar, 2015), de Patricia Schüller. Ella fue una de las siete mujeres que la periodista entrevistó para reconstruir periodísticamente su historia como terapeutas, sanadoras o chamanas.

Su experiencia de más de dos décadas en la sanación del árbol familiar llamó la atención de Editorial Aguilar que la convocó a plasmar su vasto trabajo como referente femenino de la psicomagia en Chile y el extranjero.  Gabriela admite que siempre había querido escribir y que se fascinó con el proyecto. Aunque sabía que le resultaba fácil el arte de narrar igualmente sintió un poco de temor ante el desafío.

Confiesa a La Nación que inmediatamente se le instaló en la cabeza el nombre del texto. Se llamaría “La Memoria de la Sangre”, porque es eso precisamente lo que sucede con el árbol genealógico donde está la memoria de la familia, “y donde actualizamos la memoria de los ancestros”, dice.

Durante dos años trabajó en forma persistente ordenando sus ideas, sus vivencias y seleccionando los testimonios de sus pacientes y de las personas que han participado en los encuentros y talleres grupales que organiza tanto en Chile como Argentina, Perú, México, Italia y España, además del proyecto de terapia colectiva que realiza, que denomina PsicoTeatroMágico, donde en compañía de actores y colaboradores teatraliza actos psicomágicos para abrir espacios de sanación social.

Fue así entonces como esta “curandera urbana que realiza actos para sanar” –como ella se define- madre de Natalia, Paloma y Hugo, y abuela de Eva, Baltazar, Guadalupe y Simón, dio vida al libro, de 177 páginas, que será lanzado este jueves 10 de enero, a  las 19 horas, en la Fundación Cultural de Providencia.

ARQUETIPO FEMENINO “ESTÁ MUTILADO”

Gabriela Rodríguez estudió Diseño Teatral en la Universidad de Chile y “las lecturas de Jung la llevaron al mundo de lo simbólico. Estudió tarot, astrología, el análisis de los sueños, la mitología, las religiones y más. Su búsqueda la conectó con importantes maestros como Adriana Manríquez en Chile, Alejandro Jahuanchi, un gran chamán de la selva peruana y Alejandro Jodorowsky, quien sería su ‘padre espiritual’”, destaca su presentación en el libro.

En el Drugstore de Providencia, saboreando un junto mientras cae la tarde, Gabriela Rodríguez repasa cómo fue el proceso de escribir. Al terminar, sintió que había sido “un parto bien largo”, reconoce.

“El punto de partida fue escribir acerca de mí en mi calidad de referente femenino de la psicomagia. Poco a poco fui dándole forma para que la línea que conduce todo el texto fuera la memoria. La memoria para mí está relacionada con una carta del Tarot que se llama La Papisa que es el primer arquetipo femenino. Se trata de la esencia del ser de lo femenino que tiene que ver con la receptividad, intuición, la percepción más fina, la gestación y manifestación de la forma de todo lo que se crea y de la preforma que tiene mucha relación con este arquetipo que es como el vientre materno, el útero del mundo, el caldero donde se cocinará todo”, detalla.

Como el arquetipo femenino está “mutilado en esta sociedad –añade- me resultó mucho más interesante meterme ahí y explorar eso desde lo que yo sé, porque trabajo con todo lo inconsciente, que es el reino de La Papisa”.

¿Cómo fue el proceso de escribir?

-Es bueno tener mucha información, pero te juega en contra, porque todo puede ser una tentación (como tema a desarrollar). Creo que La Papisa me fue guiando, porque fui deponiendo mi propia historia, aprendizaje y conocimiento con los maestros, y me fui metiendo conmigo misma. En la medida que escribía iba sacando aspectos de mí. Hice un proceso de inferir. El conocimiento no me venía de afuera, de lo que está pasado por el cedazo racional, sino que venía del origen mismo de la célula. Hay algo que sabemos como seres libres y todo eso se encuentra en un contexto natural, planetario terrestre, femenino. Cada vez más se me multiplicaban los intereses, había un hilo conductor que me hacía volver (al eje del libro).

Gabriela remarca que “lo femenino está mutilado neurológicamente en nuestra sociedad. Nuestro cerebro tiene un condicionamiento de hace milenios que enseña a ver el mundo de una cierta forma. Valoramos la lógica, pero no sabemos que antes de esto hay una gran riqueza, la pre-forma que contiene toda la información, que es el femenino, lo podríamos llamar la Gran Madre. Es sutil, invisible, y es totalmente importante, pero se mira en menos, porque la intuición se desprecia. Y ello nos tiene en una crisis planetaria. En las religiones que conocemos, como la Judeo Cristiana, el arquetipo femenino está subvalorado. La Virgen es una señora que parió a Jesús, aparece en el parto y cuando su hijo muere. Recién en el siglo XX se le puso a un nivel digno, a la altura de Dios (…) En el libro le doy mucha importancia al arquetipo femenino, que como digo fue sacado, dando pie al origen del desastre, del desequilibrio que hoy llamamos machismo, violencia intrafamiliar, subvaloración de las mujeres. Para sanarnos tenemos que volver al equilibrio de las polaridades ya sea físico, sexual, emocional, intelectual”.

Tú señalas que mientras escribías te guiaba internamente La Papisa. ¿Tu eje era ayudar a despertar?

– Claro, pero también valorar ese mundo al que se le llama “brujístico”, porque eso es el lado femenino de la existencia. Todo el mundo tiene percepciones, intuiciones y hasta premoniciones y ello viene de ese ámbito. Mi norte es valorar eso para que se integre en la sociedad, en la educación. La familia te puede decir: “Intuiste eso, ¡ya estás hablando leseras! Lo mismo ocurre en el trabajo. La gente tiene miedo entonces de meterse en un mundo que todavía está negado. Estamos condicionados para ser ignorantes en lo que respecta al lado femenino.

“REVISÉ MI HISTORIA”

¿El libro te remeció de alguna manera?

-Sin duda, porque revisé mi historia que va atravesando el libro. Tenía varios afluentes para empezar. Estaba bastante perdida al comienzo, no sabía para dónde iba el barco; pero paulatinamente fue apareciendo el eje que está relacionado con el lado receptivo, con el yin. Yo podía hacerlo, porque soy mujer. Esto no significa tampoco que mi femenino esté bien instalado. Lo más importante fue que La Papisa me ayudó a desarrollar y profundizar mejor el arquetipo original femenino y espiritual. Y esto se transformó en el ancla del libro.

¿Cómo seleccionaste los testimonios que insertaste en algunos capítulos?

A medida que escribía me acordaba de los testimonios que tenían relación con el tema que se estaba tratando. A veces estaba trabajando (en los talleres) e inmediatamente me daba cuenta que una experiencia me inspiraba para algunos de los capítulos. Así fue tejiendo las historias. Un amigo muy querido (el pintor Felipe Oyarzún) leyó mis escritos y su mirada me ayudó muchísimo.

El dinero, cómo nos relacionamos con él, es un tema que adquiere importancia en tu libro.

-La plata tiene un componente emocional y simbólico que pocos conocen. Es por eso que en el texto hablo primero de la energía, de aquella que no vemos. Hay una energía que estamos controlando y esta nos controla a su vez a nosotros. Una gran dificultad que yo tuve, mientras escribía, era cómo aterrizaba este conocimiento para llevarlo a cuestiones bien concretas, para hacerlo lo más comprensible posible.

 Mientras escribías, ¿ibas descubriendo aspectos de ti que antes no habías visto?

– Sé perfectamente qué hacer con las dolencias de las personas, pero lo que aterricé fue poder transmitir eso coherentemente. Tuve mucho más claro que cada vez que empiezo  hacer un acto para sanar ya estoy en otro lado, sé hasta dónde me muevo. Luego hay algo que se orquesta y que yo conduzco no más. Esto que se puede llamar trance o estado alterado, yo lo tenía en algún espacio que no estaba totalmente sólido en mí. En definitiva, lo que hice con el libro fue traer a tierra algo que es místico.

¿Qué esperas ocurra con “La Memoria de la Sangre”?

– Espero que le sirva a la gente. Yo me dedico a hacer algo que puede resultar útil para sanar y en las páginas hay varias situaciones que te pueden hablar. Si eso sirve estaré contenta.

¿Qué planes tienes ahora?

– En unas semanas más iré a Monterrey, México, a hacer un taller. En febrero viajaré de vacaciones con unos amigos a Vietnam y Tailandia. Y en marzo comenzaré a dictar en Santiago unos talleres sobre sanación que están bastante inspirados en el libro. Mi interés es que las personas nos vayamos conectando. Quiero trabajar la percepción, el sentir, el sexto sentido, el femenino que está desvalorizado.