Vaticano admite: “Llevamos 70 años encubriendo” pederastia de Marcial Maciel

Así lo afirmó un representante de la Santa Sede al reconocer que desde 1943 ésta posee documentos que acreditan denuncias de abuso sexual a menores y otros delitos contra el fallecido creador de los Legionarios de Cristo.

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“Tengo la impresión de que las denuncias de abusos crecerán, porque solo estamos en el inicio. Llevamos 70 años encubriendo, y esto ha sido un tremendo error”, sentenció el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz.

En una entrevista concedida a la revista católica Vida Nueva cuando visitó España hace un mes para clausurar la asamblea general de la Confederación Española de Religiosos (Confer) y que replicó este miércoles el diario El País, el clérigo reconoció que el Vaticano tenía desde 1943 documentos sobre la pederastia del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.

“Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia”, dijo el clérigo respecto del sacerdote que fue investigado entre 1956 y 1959 por distintas acusaciones contra el mayor depredador sexual en la historia reciente de la Iglesia que nunca fue condenado por ningún Papa.

Solo meses después de la muerte de su antecesor, el polaco Juan Pablo II, Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) lo conminó en 2006 a retirarse a México el resto de su vida, dedicado “a la penitencia y la oración”, donde finalmente murió sin pedir perdón dos años más tarde cuando ya se habían comprobados los delitos que cometió y que El Vaticano nunca quiso realmente indagar.

Cabe precisar que en 1999 pese a las evidencias depositadas sobre su mesa de presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el propio Ratzinger no hizo nada para condenar a Maciel, quien salió libre de cuestionamientos muchos años antes.

Fue investigado entre octubre de 1956 y febrero de 1959 por encargo del cardenal Alfredo Ottaviani, quien hizo el seguimiento al cuestionado fundador de los Legionarios de Cristo, quien estudió en la Universidad Pontificia de Comillas, de donde fue expulsado con algunos de sus compañeros sin que los jesuitas tomasen medidas adicionales.

La inspección del Vaticano la supervisó el claretiano vasco y futuro cardenal Arcadio Larraona. Maciel fue suspendido como superior general, y expulsado de Roma.

Las denuncias de sus incontables víctimas, a las que se unieron más tarde las de las mujeres con las que había tenido hijos, arreciaron hasta hacerse insoportables para el Vaticano y nadie puso el cascabel al gato.

“No se procesa a un amigo del Papa”, argumentaron entonces quienes debían intervenir, en primer lugar el cardenal Josep Ratzinger, hoy Papa emérito. Maciel también era su amigo, además de confesor del Papa polaco en muchas ocasiones.