Salario mínimo o salario ético

Si bien, la discusión sobre el salario mínimo es importante, cabe preguntarse también cuál debiese ser el salario ético, uno que permita a las cerca de un millón de personas que lo reciben vivir y no necesariamente sobrevivir.

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•Gerardo Wijnant, director de Proyectos de Proqualitas en Sostenibilidad y presidente de la Asociación de Fomento de la Economía del Bien Común en Chile.

La discusión sobre el salario mínimo es quizás uno de los temas que más debate genera en nuestro país. El Gobierno ingresó el proyecto que lo aumentará a 300 mil pesos para marzo de 2019. Sin embargo, no se logró llegar a un acuerdo con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), quienes además calificaron esta negociación como la peor de la historia, ya que no se habría incluido en la discusión al gremio, los que insisten en que la cifra debería llegar a $422.000 pesos en cuatro años.

Si bien, la discusión sobre el salario mínimo es importante, cabe preguntarse también cuál debiese ser el salario ético, uno que permita a las cerca de un millón de personas que lo reciben vivir y no necesariamente sobrevivir. De hecho, éste es justamente uno de los factores que inciden en la legitimidad de las organizaciones.

Tampoco se le ha prestado la debida atención a la brecha ética, es decir, la diferencia entre los que ganan más y los que ganan menos dentro de una organización.

Chile es uno de los países más desiguales del mundo en distribución de ingresos. Gremios empresariales han mencionado que subir los salarios por sobre los niveles de productividad, traería consecuencias negativas para la economía.

No obstante, hay que lograr hacer un balance, porque cuando se generan brechas muy grandes en una compañía, el grado de resistencia a la propia organización aumenta. Lo mismo ocurre cuando no existe la debida transparencia entre lo que perciben los altos ejecutivos y las personas en la base de la pirámide, quienes son fundamentales para su funcionamiento.

En Europa hay organizaciones orientadas a la economía del bien común que ofrecen a las personas la posibilidad de participar en la definición de las estructuras salariales como niveles máximos y mínimos, retribución fija y retribución variable a corto plazo, beneficios sociales, entre otros.

Puede parecer utópico para la realidad chilena. Sin embargo, existen alrededor de tres empresas en nuestro país que han comenzado a implementar algunas de estas acciones, por ejemplo, que la brecha salarial dentro de su organización no sea más de 1 a 10, es decir, que no haya 10 veces la diferencia entre el sueldo más alto y el más bajo.

Es muy importante que los colaboradores entiendan el por qué unos ganan más que otros, los grados de responsabilidad y calificaciones, así como generar espacios de reflexión conjunta para hacer comprensibles los motivos que justifican las diferencias retributivas.

Si los fines organizacionales respondan sólo a necesidades individuales por sobre las colectivas, más será la tendencia a aumentar la distancia entre los que ganan más y los que ganan menos.

Una empresa comprometida con el bien común, considerará que su responsabilidad va más allá de lo financiero. Son organizaciones más conscientes del entorno, de su cultura y capital social, y como tal, no sólo tenderán a disminuir la brecha, sino que lo considerarán como un imperativo ético en su gestión.

¿Cómo motivar a que las empresas paguen sueldos éticos? Premiando a aquellas que paguen sueldos justos, creando incentivos o sellos que les permitan acceder a mejores beneficios o puntajes en licitaciones del Estado.

•Gerardo Wijnant, director de Proyectos de Proqualitas en Sostenibilidad y presidente de la Asociación de Fomento de la Economía del Bien Común en Chile.