Fernando Haddad, posible plan B de Lula para las presidenciales de Brasil

Muchos analistas creen que el exalcalde de Sao Paulo acabará por sustituir a Da Silva al frente de la fórmula en las elecciones de octubre, dado que la candidatura del líder de la izquierda será con toda probabilidad impugnada por la justicia electoral.

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Fernando Haddad tiene un desafío inédito en Brasil: ser a la vez el mensajero del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en su tentativa de volver al poder en octubre y su probable reemplazante cuando la candidatura de su mentor sea formalmente invalidada.

El exalcalde de Sao Paulo fue designado el domingo por el Partido de los Trabajadores (PT) como candidato a la vicepresidencia, en fórmula con Lula, que desde abril cumple una pena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero.

En tanto que abogado, Haddad puede visitar con facilidad al exmandatario en su celda de Curitiba.

“Haddad tiene en este momento el papel de ser el vice para dar voz al presidente en el día a día de la campaña; es la voz del presidente”, declaró la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann.

Muchos analistas creen que Haddad acabará por sustituir a Lula al frente de la fórmula en las elecciones de octubre, dado que la candidatura del líder de la izquierda será con toda probabilidad impugnada por la justicia electoral.

En cambio, si Lula lograse mantenerse en la liza, Haddad quedaría totalmente fuera de juego, porque cedería su lugar a la exdiputada Manuela D’Ávila, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), de 36 años, que retiró su candidatura para aliarse con el PT.

En Brasil se dice que Lula, que dejó el poder con una popularidad récord y hasta ahora encabeza las encuestas con un 30% de intenciones de voto, podría hacer elegir un palo, si así lo quisiera.

En palabras del bloguero político Fernando Brito: “Lula es el hombre. Y Haddad tiene que ser ‘el hombre del hombre’”.

¿A LA SOMBRA DE LULA?

Haddad, de 55 años, fue ministro de Educación bajo los gobiernos de Lula y de su sucesora, Dilma Rousseff. Y en 2012 fue electo alcalde de Sao Paulo, la capital económica y financiera del país.

Su trayectoria lo colocó en el corazón de la maquinaria del PT, pero sin salir nunca de la sombra de su mentor. “Haddad sólo hablaba cuando le preguntaban algo”, contó un antiguo aliado de Lula a la Gazeta do Povo.

Algunos le reprochan un estilo distante, algo que él niega. “Soy hijo de un comerciante libanés con una estudiante de profesorado. Aprendí en casa a conversar, a negociar, y tengo en general un comportamiento tranquilo, incluso en las situaciones más adversas. Las personas confunden eso con frialdad y no lo es”, explicaba en un artículo publicado en junio de 2017.

En las elecciones municipales de octubre de 2016, Haddad buscó la reelección, pero sufrió una dura derrota (obtuvo apenas el 17% de los votos) y la prestigiosa alcaldía le fue arrebatada por el empresario liberal Joao Doria.

Los tiempos habían cambiado: Dilma Rousseff había sido destituida por un impeachment votado por el Congreso y muchos de los principales dirigentes del PT, Lula incluido, se vieron involucrados en graves denuncias de corrupción.

Pero Lula, incluso detenido, conserva gran parte de su aura, y llegado el momento, ese prestigio debe ser la mejor plataforma de puesta en órbita electoral para Haddad.

Haddad, según encuestas de junio, recogía apenas 2% de intenciones de voto, pero su apoyo parece despegar a medida que la posibilidad de su candidatura se precisa. Un sondeo del instituto Ibespe divulgado este mes indica que el exalcalde, como candidato de Lula, obtendría un 13% de los votos.

Ese resultado (aunque con un margen de error de 3,2%) lo coloca en segundo lugar, por delante de la ambientalista Marina Silva y del candidato de centro-derecha Geraldo Alckmin, ambos con 9%.

Esto significaría que Haddad se mediría en una segunda vuelta con el excapitán de ultraderecha Jair Bolsonaro, que obtendría 20% en la primera vuelta, según la encuesta.