Comprensión lectora: Los niños no pueden esperar

No podemos resignarnos ante las brechas en las habilidades culpando al sistema, la cultura, o los estereotipos que perpetúan la falta de oportunidades para acceder al conocimiento que la lectura entrega.

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•Pelusa Orellana, Vicedecana de investigación de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes.

Hace unos días se dieron a conocer los resultados del Estudio Nacional de Lectura realizado en 2017 a alumnos de segundo año básico. Con preocupación constatamos que no hay variaciones significativas en la comprensión lectora respecto de su aplicación anterior en 2012. Inquieta además que las diferencias entre niños y niñas que se observan en evaluaciones nacionales e internacionales, en los cursos superiores, ya son evidentes en segundo básico, al igual que las diferencias asociadas al nivel socioeconómico de los estudiantes.

Uno querría que la solución al estancamiento de las habilidades lectoras en Chile fuese fácil de resolver, pero no lo es. No es fácil explicar estos resultados, porque la lectura es un fenómeno complejo y multidimensional.

Tal como el estudio muestra, hay factores asociados a oportunidades tempranas de interactuar con el texto escrito, como las instancias de lectura de cuentos, o la capacidad de identificar letras y palabras. Otros factores dicen relación con el acceso a libros, las expectativas que los padres tienen respecto del éxito escolar de sus hijos, como también lo muestra el estudio. Si bien estas variables explican parte de la ecuación, hay otras que se hace necesario analizar si es que queremos revertir esta tendencia. ¿Cuánto importa, por ejemplo, el método con que se aprende a leer?, ¿qué impacto tiene la motivación intrínseca por la lectura? La evidencia acerca de la correlación entre este punto y la comprensión es contundente, sin embargo, en la mayoría de nuestras escuelas hacemos a los estudiantes leer libros para luego rendir una prueba sobre su contenido, lo que constituye un enfoque de motivación extrínseca. Por otro lado, ¿cuánto pesa la preparación del docente para enseñar a leer?

A modo de ejemplo, en Finlandia, país con alto desempeño lector sostenido, el 40% del currículum de formación inicial docente tiene que ver con la enseñanza y aprendizaje de la lectura. Finalmente, ¿importa que exista un justo calce entre el nivel de dificultad de lo que se lee y las habilidades de los lectores?, ¿estamos absolutamente seguros de que nuestros alumnos leen, en cada curso de la escolaridad, textos cuya dificultad está alineada con sus habilidades? Sin duda, las respuestas a estas preguntas pueden acercarnos a entender mejor por qué todavía estamos tan estancados, y por qué se perpetúan las brechas en el rendimiento lector.

Chile necesita respuestas urgentes a estas interrogantes para poder incorporar cambios que permitan romper con la inercia de los puntajes en lectura. No podemos resignarnos ante las brechas en las habilidades culpando al sistema, la cultura, o los estereotipos que perpetúan la falta de oportunidades para acceder al conocimiento que la lectura entrega. La lectura dignifica a la persona, le abre puertas, la empodera.  Es un deber moral entregar a todos los alumnos de nuestras aulas habilidades para comprender textos para distintos propósitos y tareas. Bien lo decía Gabriela Mistral cuando afirmaba que los niños no pueden esperar. Estamos en un momento crítico para cambiar este destino.

•Pelusa Orellana, Vicedecana de investigación de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes.