Nomofobia: el mal irracional a estar sin teléfono celular

Cuando no se cuenta con el aparato por olvido o falta de energía, el usuario puede sentir algún nivel de incomodidad e incluso desesperación, remarca Juan Pablo Bustamante, gerente comercial de Mall Connection.

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La tecnología ha reportado beneficios a la sociedad, pero también muchos problemas inesperados. Uno de ellos es la Nomofobia.

Según explican los especialistas, se trata del miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término proviene del anglicismo Nomophobia, es decir No-Mobile-Phone-Phobia.

Cada día el teléfono móvil se convierte más en una proyección de las personas, en el sentido de ser una herramienta que utilizamos para distintas actividades: la comunicación mediante voz y escrita; con amigos, asuntos de trabajo y trámites personales.

El entretenimiento es otra de las áreas que el teléfono móvil satisface, ya que permite conexión a internet para acceder a juegos además de escuchar música online y almacenada en el dispositivo. Retratar y grabar momentos, es posible con los nuevos teléfonos móviles.

El smartphone además ayuda a buscar las mejores rutas para trasladarse de un sitio a otro, identificar la ubicación de personas y de algún lugar de interés.

“Considerando todo lo anterior, junto con otras características y funciones de los teléfonos móviles, no es extraño que cuando no se tiene por olvido o falta de energía, el usuario sienta algún nivel de incomodidad e incluso desesperación. Sin embargo, de estos sentimientos a una sensación enfermiza que puede incluir molestias físicas como ansiedad, taquicardia, dolores de cabeza y de estómago, existe una gran diferencia”, explica Juan Pablo Bustamante, gerente comercial de Mall Connection.

La Nomofobia es un problema socialmente hablando y podría convertirse en un inconveniente mayor, si no se hace algo por controlarlo, agrega. Es importante aclarar que las tecnologías no son un problema, pero sí el uso patológico de estas.

Estudios establecen que quienes presentan de forma más recurrente adicción son adolescentes y claramente, esto tiene mucho sentido si se considera que ellos quienes nacieron en torno al desarrollo de la telefonía celular y están más familiarizados con la tecnología.

“Los jóvenes y adolescentes han ‘aprendido’ a comunicarse en forma remota, mediante los teléfonos móviles u otros dispositivos, muchas veces dejando de lado, la comunicación en forma presencial (cara a cara)”, agrega Bustamante.

Sondeos indican que en promedio una persona ve su teléfono celular unas 150 veces al día, pero si se segmenta por edad, se comprueba que ese número aumenta varias veces en los más jóvenes.  Si se lleva esta cifra a la vida cotidiana, se comprueba que una persona ve su teléfono casi 10 veces por hora (considerando 16 horas de actividad consciente y 8 horas de sueño).

MOMENTOS DE DESCONEXIÓN

¿Cuándo fue la última vez que estuviste presente en una reunión que durara al menos una hora y durante ese período tu teléfono móvil estuvo apagado? Es necesario generar tiempos e instancias, que permitan desarrollar actividades donde no se esté “conectado”.

La capacidad de autocontrol de cada uno es fundamental para lograr determinar hasta dónde el uso del teléfono móvil, sirve  para facilitar o mejorar la vida; o pasa a ser un mal hábito que no permite a la persona relacionarse con su entorno de manera correcta y por ende, se distancia.

“En algunos lugares se implementan medidas que apuntan a generar momentos de desconexión, por ejemplo, existen restaurantes donde los teléfonos celulares no están permitidos y debes dejarlo en un locker habilitado. De manera que al estar en la mesa, nadie tenga su teléfono, generando una instancia de conversación”, explica el ejecutivo de Mall Connection.

A nivel familiar una medida para combatir el problema podría ser establecer un horario de convivencia y conversación familiar, donde cada integrante comente algún tema del día.

El simple hecho de generar instancias de desconexión no es una solución por sí sola, lo importante de ese tiempo, es analizar la instancia: poder determinar y valorar las experiencias obtenidas durante ese lapsus, que seguramente, no se habrían producido con el teléfono móvil conectado.