Investigación revela los “otros” costos por uso de calles y carreteras en Santiago

Congestión vehicular en horas punta, accidentes de tráfico, contaminación del aire, el ruido y la segregación espacial son factores que generan un costo extra por kilómetro para automóviles y buses en carreteras.

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El uso del automóvil genera una serie de costos externos no contemplados en los viajes de cada usuario. Accidentes de tráfico, retrasos en los viajes provocados por la congestión, desgaste de la infraestructura vial, ruido constante y contaminación ambiental, son algunos de los factores que afectan al bolsillo de los conductores diariamente.

Esta situación motivó a Luis Rizzi, docente en la Pontificia Universidad Católica e investigador del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) de la Universidad de Chile, a visualizar esta problemática y determinar estos costos externos en términos monetarios.

Desde la mirada de la microeconomía, el investigador plantea que en el caso de la contaminación atmosférica el costo externo está determinado por las funciones epidemiológicas. “Según la concentración de contaminantes, estimamos cuántas personas se verán afectadas en su salud y nosotros lo monetizamos a partir del incremento del riesgo de sufrir eventos de mortalidad y/o morbilidad que ello genera”, explicó.

La investigación, financiada por ISCI, propone estimar los costos externos generados por cada kilómetro adicional recorrido. De esta manera, Rizzi estima que los valores bordean los $332 para automóviles bencineros, $336 para los automóviles diésel y $1.141 para los autobuses. Cuando estos valores son convertidos a pasajeros/kilómetro, los automóviles a gasolina, los automóviles diésel y los autobuses imponen un costo final de $258, $264 y $25, respectivamente.

Estos valores son contrastados con el impuesto a los combustibles, diseñados inicialmente para la reconstrucción de caminos y carreteras tras el terremoto de 1985, y que actualmente tienen por finalidad, entre otros, ‘cobrar’ a los automovilistas los costos externos que ellos generan. En palabras del académico, “los impuestos a los combustibles, en su magnitud (aproximadamente $30 por kilómetro circulado en área urbana para autos bencineros) son bajos y no alcanzan a cubrir los costos externos por kilómetro adicional. Si bien la gente se queja que el impuesto es alto, no es lo suficientemente alto en relación a los costos externos generados, especialmente en la región Metropolitana”.

Por otro lado, el investigador señala que el impuesto a los combustibles contribuye al uso más racional del vehículo. “En ese sentido, el impuesto a los combustibles es una muy buena medida. Yo sostengo que no debería bajarse; es más, creo que debería subirse. Si el impuesto fuera mayor la gente usaría el auto de manera más racional aún”, aseveró.

La investigación pretende aportar al debate sobre cómo gestionar, de forma eficiente, las externalidades de los vehículos motorizados a partir de la implementación de instrumentos tributarios, regulación del transporte y al análisis del costo-beneficio de proyectos de transporte en la región Metropolitana.