A 50 años de Mampato, su autor vuelve a la vida con “La gran aventura de Themo Lobos”

Historias personales, íntimas, un vistazo en la cabeza de quien es considerado como uno de los grandes ilustradores que ha dejado la historia chilena. Picardía, humor y hasta educación era parte de sus viñetas que maravillaron a grandes y chicos.

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Chile no solo es un país de poetas, es también de varios artistas, algunos incluso sin la fama que podrían merecer, pero sí con el cariño de la gente.

Muchos de ellos siguen en el inconsciente colectivo gracias a su obra. Uno de ellos es el ilustrador y dibujante Temístocles Nazario Lobos Aguirre, más conocido como Themo Lobos, creador de personajes como “Ogu y Mampato”, “Alaraco”, “Máximo Chambónez” y muchos más. Colaborador de distintas revistas y diarios, incluyendo La Nación.

Cabe recordar que este año “Mampato” cumple 50 años, creado un 30 de octubre de 1968.

Su obra sigue siendo parte de la cultura popular, con más de 60 años de trabajo, su historia es una que se debe rescatar. Desde su niñez, hijo de carabinero, vivió lo duro de la pobreza y el trabajo temprano.

Vivencias que se tradujeron en el libro “La gran aventura de Themo Lobos”, de Rafael Valle, que no intenta ser biográfico, pero sí un relato de crecimiento, obra y amor por un trabajo que puede no recibir el verdadero reconocimiento que merece.

En entrevista con La Nación, Valle se reconoce como un fan de Themo y lo que significó para él tener una serie de conversaciones con el dibujante para descubrir su historia, con sus propias palabras.

“Imagínate lo que es estar en la casa de Themo Lobos y conversa con él y a un metro de los dibujos originales de él. Era como visitar a un ídolo. Obviamente, como periodista, uno va en una parada distintas. Pero el ‘cabro chico’ interior estaba impresionado”, se confiesa.

¿Por qué Themo? ¿Qué te llevó a materializar un libro que trata solo sobre su vida?

Viene de un tema de admiración soy de los niños que alcanzaron a comprar “Mampato” y aprendí a apreciar a Themo como dibujante, como contador de historias en que había de todo: historia, humor, suspenso, ciencia ficción y un ingrediente pedagógico. Eso siempre me llamó la atención. Cada vez que veía algo de Themo descubría algo nuevo, como “Alaraco”, “Máximo Chambónez”, uno de mis favoritos. Su firma para mi era algo de calidad, y después empiezas a buscarlos.

¿Y qué diferenció, para ti, el trabajo de Themo en el escenario de ilustradores de su época?

Lo que me llamaba la atención es que en Chile hay tres grandes autores con sus obras: Pepo con “Condorito”, el más universal probablemente, Guido Vallejo con “Barrabases”, que ha traspasado varias generaciones. Pero lo de Themo, a diferencia de los anteriores es que era mucho más versátil, en sentido que ha trabajado en muchos más géneros y personajes y el que tuvo una carera más larga. Comenzó a trabajar en los años 40 hasta poco antes de su muerte en 2012.

No sé si hablar de mejor, pero si un autor mucho más versátil con trabajos en distintos tipos de revistas y publicaciones.

Rafael Valle

¿Fue un logro personal conocerlo?

O sea, imagínate lo que es estar en la casa de Themo Lobos y conversa con él y a un metro de los dibujos originales de él. Era como visitar a un ídolo. Obviamente, como periodista, uno va en una parada distintas. Pero el ‘cabro chico’ interior estaba impresionado.

Themo lobos a diferencia de otros autores, lo citaban mucho, y gente que no solo estaba ligado a la historieta, como Pedro Peirano que conocemos con “31 Minutos”, él es un admirador, Francisco Ortega, Gabriel Rodríguez que dibuja para el mercado estadounidense y que cuando se ganó el premio Aysler, que es como el “Oscar de los cómic”, se lo dedicó a Themo Lobos. Era una influencia muy importante.

Y a pesar de todo eso, quizás se conoce más a los personajes que al autor, ¿porque crees que ocurre?

Creo que tiene que ver con la paradoja que, aunque la historieta tiene un capitulo super importante en nuestra historia, es mirado como un genero menor, en que no importa el autor, creo que la gente le baja mucho el perfil.

La vida del ilustrador o dibujante es difícil, pasando penas y muchos dolores por el arte, pero que tiene un pago austero en lo financiero. Además en una época en que se impulsa a las nuevas generaciones hacia las ingenierías y lo técnico, alejándose de las artes.

La del historietista era una profesión mucho mas rentable en una época, cuando habían muchas más revistas donde trabajar. Había espacio para los que hacían color, tinta, dibujo, porque había una industria de la historieta y eso se acabó. Ya no existe. Quien hace historietas no es una persona que se puede dedicar a eso a tiempo completo.

No se puede vivir de eso

Yo creo que no, no están los mismos volúmenes de venta, a menos que seas uno que exporta a Estados Unidos. Es difícil dedicarte 100% a eso.

¿Hay un heredero de Themo lobos, pensando en su humor, su crítica y dibujo?

Me cuesta verlo, me cuesta ver un nuevo Themo Lobos, también es muy relativo eso. Cada persona es única y suena muy cliché, pero cuesta identificarlo en alguien más.

Hay grandes artistas que hay son legendarios y aún están vigentes, como Hervi que es otro de los grandes, pero es de una generación más joven. Hoy él es uno de los grandes, ahora está dedicado al humor gráfico en La Tercera, pero también tiene una producción muy versátil y prolifera.

Estas entrevistas cómo se desarrollaron, cómo fueron esos encuentros cara a cara en que reveló temas tan personales.

Le encantaban, porque le gustaba conversar. Era un profesional en hacer memoria, en irse para atrás en contar anécdotas de él y su familia, siempre matizando con el chiste.

Fue muy agradable, no fue rígido ni estructurado, fue sentarse, conversar con un pucho y una copa de vino.  Fueron muchas sesiones así en su casa. Eso ayudó a que salieran más cosas. Me interesaba eso, que fuera él quien contara la historia.

Se nota el relato que en momentos es en tercera persona pero con la sensación que fuera una historia contada por su protagonista. Su libro además destaca con varias ilustraciones y borradores

Siempre está la presencia de uno como periodista, en que trata de hacer que confronte algunos temas, que los hizo, pero me interesaba que le diera una hipérbole a las cosas, que exagerara y que fuera como él lo contaba, cómo era la época en sus ojos, que no fuera un libro frío.

Es un punto de vista, es una vida de Themo Lobos, y ojalá hayan muchos más. Hacer estos libros ayudan a reconstruir una página de la cultura popular de Chile, vista desde otro punto de vista, desde el de la historieta o la ilustración, que hacía que la cultura fuera súper rica, era un país lector, la historia cultural se hacía en los quioscos porque habían muchas revistas y de distintos tipos. Obviamente hoy es otra época, el cabro chico anda con un celular o un Tablet en la mano y sabemos el problema que hay.

Vale la pena pensar en la historieta como una forma de educación. ¿Hasta cuándo hacemos leer a los niños los mismos libros? ¿Para qué hacerlos leer best sellers gringos? Mejor que lean historietas, que lean Ogú y Mampato.