Quiero dejar de estar gorda:  No estoy sola

595

Debo confesar que una de las primeras cosas que me hizo sentido del método Balance es que me dijeran que una no puede sola con todo esto. Que si bien el esfuerzo es individual, el contar con un apoyo permanente hace toda la diferencia.

Todos los que hemos hecho dieta más de una vez sabemos lo desagradable que es estar explicando a cada rato que “en verdad” no quiero comer tal o cual cosa, o que “en serio: sí pasa algo si lo bebo una sola vez”.  Digamos que el hacer dieta ya es un cacho, porque además de pelear contigo misma estás todo el rato lidiando con la resistencia de ciertas personas sobre los cambios de hábitos que, con mucho esfuerzo, estás tratando de implementar en tu vida.

Entonces es un agrado cuando la tía cocina sanito y te manda para la casa con verduras de su huerta, más pan recién hecho. Cuando las amigas esperan que una llegue para cocinar,  así se aseguran que puedo comer de lo que preparan o simplemente me dicen “vé tú lo que quieras y saca del refri”. Sin cuestionamientos.  No sólo respetando totalmente este cambio de vida si no que, a su manera, apoyándome.

De la misma manera, el Programa Balance me asignó desde el principio a mis compañeras de ruta con quienes debo hablar todos los días (debíamos ser parejas, pero como éramos impares armamos equipo de tres). Así: DEBO, porque mientras más amigas nos hagamos más bajamos de peso.  No por magia, sino que cuando una habla de tanta cosa se va conociendo y nos vamos apoyando una a la otra.

Descubro entonces que ya no les puedo esconder muchas cosas, porque se percatan rápidamente y en consecuencia se instaura la honestidad brutal sin esfuerzo alguno: nos contamos las trampas que nos autohacemos, nos motivamos a quedarnos dentro de las pautas no porque es lo que “se debe hacer”, sino por las razones específicas y muy escondidas que nos conocemos.

Mis compañeras han hecho toda la diferencia en este tiempo. Me apoyan y me impulsan, pero también me hacen reír y salir adelante en esos días en que todo es más complejo.  Me dan explicaciones insólitas a sucesos que me parecían simples, cosa que me permite entender mucho más mis propias emociones.

Estar frente a un equipo me ha hecho replantearme mi propia autosuficiencia, esa que con sangre, sudor y lágrimas logré levantar, para darme cuenta de lo valioso que es el apoyo de otros.  De que a ratos todos sería más simple si en verdad pido ayuda y cuento con un otro.  Porque llevo tantos años creyendo que soy tan rara que son sólo un puñado de amigos y familia los que en verdad me entienden, que dejé a todo el resto del mundo fuera de mi esfera.

Nueve semanas después, he perdido casi 7 kilos (un tercio de camino recorrido, eh eh!), estoy más vulnerable que nunca y más abierta a aceptar visiones, aportes y emociones que el mundo me pueda brindar. Agradecida de este cambio de piel, de haber salido finalmente de la crisálida y estirar las alas junto a otras mariposas.

Claudia Farah S.
Periodista indendiente.
MA in Philosophy, Politics and Economics (PPE) de University of York, Inglaterra.