Midiendo a las Incubadoras de Negocios

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  • Por Luis Lino

Siguiendo el axioma de “lo que no se mide no se puede mejorar” varias incubadoras y aceleradoras nacionales han ingresado a ser parte de distintos rankings nacionales e internacionales respecto a su operación e impacto, lo cual es muy bueno para todo el ecosistema, pues nos permite ir reconociendo a las organizaciones destacadas, aprender de sus buenas prácticas y perfeccionar el apoyo a los nuevos negocios chilenos.

Sin embargo, al revisar los resultados de los rankings desde el año 2014, emergen singularidades que generan cuestionamientos a ciertos resultados, más aún si en algunos de ellos la única manera de ser considerados es por medio del pago de cifras no menores anualmente.

Lo extraño de los resultados de estos rankings es que las organizaciones presenten en los primeros lugares en un año, ya no aparecen en los siguientes. Otra situación es que el mismo año en que una organización fue destacada en uno de estos rankings internacionales, ésta estuvo muy cuestionada a nivel nacional respecto a la calidad de los servicios a sus incubados (evidencia en RRSS y reclamos formales), poniendo en cuestionamiento la revisión y veracidad de los datos que se entregan para estos análisis. Por otro lado la CORFO el año pasado destacó a dos organizaciones por su gestión local, pero sólo una de ellas coincidió en los rankings internacionales.

Estos hallazgos podrían entenderse como normales cuando se empieza a medir algo de manera global basado en la confianza, pero lo preocupante es que este tipo de rankings sean exigidos directa o indirectamente como validantes de la gestión de las incubadoras de negocios o que sólo sean ocupados por estas organizaciones para destacarse y sobresalir, pagando el costo económico que esto implica durante un año, sin pretender ser evaluados para mejorar.

Por esta razón las preguntas que emergen de estas preocupaciones son: ¿para qué nos medimos?, ¿debería haber coincidencia entre lo que se mide localmente y lo que se mide de manera global?, ¿se debe revisar la veracidad de la información que es entregada por las organizaciones?, ¿le hace bien al ecosistema referirse a procesos de ranqueo en donde sólo se puede participar si se paga?

Las respuestas deberían venir del mismo ecosistema y en la co-construcción de parámetros pertinentes a las diferentes realidades de las organizaciones y en directa relación con los desafíos que el país defina. Esto porque no da lo mismo desarrollar nuevas empresas que ofrecen aplicaciones para el aumento del consumo, que nuevas start-ups que brinden soluciones médicas de bajo costo y mayor exactitud. De esta manera para que podamos saber para qué medimos el trabajo y el impacto de la incubadoras y aceleradoras de negocios, hay que tener claro qué es lo queremos como país en 20 años más. Sin duda, otro gran desafío de la nueva administración nacional del emprendimiento y la innovación.

 

 

  • Luis Lino
    Director Centro INNOVO, Universidad de Santiago de Chile