“Una Mujer Fantástica” y el llamado a la integración personal

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  • Por Isaías Sharon

La película “Una Mujer Fantástica” no solo ha sido aclamada en los principales festivales de cine del mundo y ha recibido el Oscar a Mejor Película Extranjera, sino que también muestra algo que está más allá. Por medio de la historia de Marina Vidal, personaje de Daniela Vega, exhibe cómo es la vida de una mujer transgénero en la sociedad de hoy, los prejuicios, la violencia, la negación y la exclusión que puede recibir alguien que, sin hacer mal a ningún otro, simplemente es diferente y vive lo que es en su vida pública, como cualquier otra persona.

Por cierto que esta situación es vivida diariamente por muchísima gente, no solo por temáticas de identidad de género o diversidad sexual, sino que de igual manera por temas económicos, políticos o religiosos; por lo que pensar en la inclusión y el respeto a la diversidad es algo que debemos mirar más allá de un área en particular, y llevarlo a nuestra manera de convivir en sociedad, con lo diverso, en la discrepancia respetuosa y constructiva, porque aunque nos podamos ver iguales (o diferentes) seguimos siendo personas únicas, y es en esa unicidad donde tenemos la riqueza de llegar más lejos, de compartir una mirada que abra nuevos caminos y construya los puentes a lograr nuestras metas, como seguramente ocurrió con Daniela Vega en el escenario de los Premios Oscar 2018.

“Una Mujer Fantástica” nos hace otra invitación que va “más acá” de la inclusión y el respeto social a la diversidad, y que se relaciona con la integración personal. No es posible pensar en una sociedad inclusiva si vivimos en un gueto interno, si no logramos vivir en paz con nosotros mismos, aceptarnos, querernos y cuidarnos para florecer desde lo auténtico.

Esta película no convence por su calidad cinematográfica (la que también tiene), sino que lo hace por su autenticidad, por su veracidad, porque aquello que es real convence por sí mismo, y vivimos entre tantas apariencias y banalidades vacías que encontrarnos con nuestra esencia y aceptarnos nos vuelve íntegros, nos ayuda a ser veraces y a tener la fuerza inmensurable de aquello que es real, invitándonos a la vez a seguir cambiando para crecer en nuestro potencial, para ser una mejor versión de nosotros mismos y también poder comprender desde otra perspectiva lo que significa vivir con otros que también están en el camino de encontrarse. Como decía Carl Jung “el privilegio de una vida es convertirse en quien realmente eres”.

 

 

 

 

 

  • Por Isaías Sharon
    Psicólogo director ejecutivo Smart Coach