Consejos para pasar del liceo a la universidad sin complejos

Una experta se refiere a los conflictos emocionales que enfrentan los alumnos en su primer año de educación superior y entrega recomendaciones a los padres para acompañar a sus hijos en este proceso.

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Al pasar del colegio a la universidad, los jóvenes atraviesan un trastorno adaptativo que es prácticamente inevitable. Tienen que ajustarse a nuevas normas que muchas veces desafían su capacidad de organización, disciplina y responsabilidad, lo cual puede derivar en diferentes conflictos emocionales. “Pueden sentir que no logran encajar en este sistema educativo o, en ocasiones, consideran que son poco acogidos, ya que algunos profesores no tienen el mismo trato cercano que muchas veces existe en los colegios”, explicó la psicóloga de Clínica Vespucio, Karen Kiblisky.

A algunos “mechones” les cuesta trabajo adecuarse a una mayor flexibilidad, ya que están acostumbrados a regirse y funcionar bajo normas establecidas. Otros, por ejemplo, deben aprender a organizar sus tiempos, a priorizar y a ser responsables con sus tareas sin la supervisión de los profesores. “Esto puede causar ciertos desajustes en la estabilidad emocional de los jóvenes, provocando estrés, ansiedad y/o angustia al sentirse sobrepasados por el nuevo ritmo o sistema de estudios”, aclaró la especialista.

A su vez, es posible que las expectativas y fantasías de los jóvenes en cuanto al desempeño académico que tendrán, también los afecte, ya que en la mayoría de los casos en nuestro país, “no tienen cerca a una persona que haya vivido la misma experiencia, con quien puedan compartir aquellas ansiedades, sintiéndose escuchados, comprendidos y contenidos”, afirmó la psicóloga.

En cuanto al área social, el nuevo grupo de pares que conocen al entrar a la universidad también implica un importante desafío. Ahora, los jóvenes deben relacionarse con un mundo social diferente, enfrentándose directamente con la diversidad. “Tienen la oportunidad de reinventarse socialmente, creando nuevos lazos y ocupando un rol distinto al que ocupaban en el grupo de amigos del colegio”, expuso Karen Kiblisky.

Si los jóvenes no logran lidiar bien con estos cambios y vemos que sus comportamientos, gustos, apetito, sueño (cantidad y/o calidad) se ven afectados, la psicóloga advirtió que es importante consultar con un profesional a la brevedad, “para orientarlos y entregarles el apoyo emocional que requieren en este proceso adaptativo que están viviendo”.

¿CUÁLES SON LOS RIESGOS?

Si el joven es susceptible, inseguro y sus padres no contribuyeron en el desarrollo de autonomía personal, puede existir mayor riesgo de desencadenar trastornos alimentarios o depresiones. “Sin embargo, dependerá absolutamente del caso particular y de los antecedentes personales, familiares, sociales y emocionales del alumno”, especificó la especialista.

Las inseguridades, una baja autoestima y ser muy introvertido son factores psicológicos que también pueden jugar en contra en este proceso de cambios. Lo anterior, ya que aumentan los sentimientos de pesimismo ante el logro de sus metas en el ambiente universitario y pueden aparecer miedos o angustias frente a lo que están viviendo. “No obstante, todos estos factores pueden ser trabajados con altas posibilidades de éxito, logrando así, una buena, sana y agradable inserción al mundo universitario”, afirmó Kiblisky.

CÓMO ENFRENTARLO

Es positivo para los jóvenes continuar desarrollándose y vivenciar esta nueva etapa en un ambiente familiar sano, respetuoso, comprensivo y contenedor. “Para un universitario que se desenvuelve en un hogar carente de estas características, será más complejo lidiar exitosamente con los cambios que conlleva el paso del colegio a la universidad, y ahí, la resiliencia y redes de apoyo que existan, juegan un rol fundamental”, dijo la psicóloga.

Con el fin de amenizar este período de adaptación, la especialista entrega las siguientes recomendaciones a los padres:

► Escuchar sin juzgar, dialogar, generar un ambiente de confianza y contener a su hijo.

► Entregarles tiempo de calidad, aunque ya sean adolescentes o jóvenes, valorarán que sus padres se preocupen de buscar momentos únicamente para estar y compartir con ellos.

► Priorizar la calidad por sobre la cantidad de tiempo que pasan juntos.

► En el caso de que existan, recordar sus tiempos universitarios con ellos y compartir anécdotas. De lo contrario, conversar sobre las fantasías, sueños y metas que tenían los padres a la edad del joven, lo cual ayudará a afianzar la relación.

► Consultar a un especialista en el caso de que fuese necesaria una ayuda externa.