Quiero dejar de estar gorda: ¡Adiós al primer rollo!

921

* Por Claudia Farah S.

Esto no ha sido fácil.  El impulso de las dos primeras semanas desde que me inscribí en un programa para perder peso se empieza a diluir en un mar de “me veo igual con dos kilos menos”, “quién se va a dar cuenta si me como un alfajor” y “la vida se vive una vez”… Increíblemente lo único que me motiva a seguir es que el rollo que detenía el codo cuando movía los brazos ya no está. ¡No está! ¡En dos semanas me deshice de la masa que me incomodaba al sentarme y limitaba mis giros!

Lo hice a pura porfía y desobediencia, debo admitirlo. La profesora de educación física del programa Balance me dijo que caminara media hora diaria. Pero claro, yo camino todo el día, entonces mi cabeza dura porfiada no ve mucha diferencia entre eso de ponerse ropa de ejercicio para caminar a paso estable y rápido y las caminatas laborales de mí día a día. Entonces, lo que hice fue poner “cardiobox 30 min” en YouTube y mirar los resultados. Porque no hay nada que me entretenga más que el cardioboxing.

Es el único ejercicio que me motiva a ponerme la “ropa de ejercicio” y sudar la gota gorda.  No sé por qué. Quizás sea la idea de poder pegarle a alguien (algo que no ocurriría jamás en la vida real, porque la violencia hace que me desmaye y tengo cero tolerancia al dolor), pero que en el imaginario me tiene saliendo de la cama derecho a darle play y pegarle al aire por media hora, al menos 3 veces por semana. Aclaro que esto ocurre en mi imaginario porque en la práctica, como el ejercicio y yo no nos llevamos bien, prefiero dejar la ropa lista la noche anterior, ponérmela antes de que mi cerebro despierte del todo y empezar a moverme antes de darme cuenta. Porque si la pienso me vuelvo a dormir. O peor, tomo desayuno y busco alguna excusa para no hacerlo en todo el día.

Seamos honestos, todos tenemos montones de excusas para no hacer ejercicio: que no tengo plata para el gimnasio, que no tengo tiempo, que hay que comprarse ropa especial y tantas otras que nos ayudan a dedicar esa hora diaria al ejercicio.

Pero no es necesario comprarse una ropa especial, basta con una polera y un pantalón/short/patas cómodos que no generen estática y te permitan moverte sin problemas. Yo caigo de la cama a una polera que me gusta pero que ya no puede salir a la calle, patas de esas que venden en cualquier lado y mis zapatillas que me afirman bien los tobillos. Es que con puro programa de alimentación no se puede: estoy aprendiendo que el peso tiene que ver también con ejercicio, con la cantidad de agua que tomo y con las horas que duermo.

Así que estoy en búsqueda de la rutina perfecta. Me paseo por canales y rutinas, probando uno cada vez. Algunos días cambio del cardiobox a “cardio para principiantes”, pero algo siempre me hace volver al ring imaginario. Estoy tentada de darle una oportunidad a “cardio zumba 30 minutos”.

Debo confesar que los días que hago ejercicios me cunde más el trabajo, me resultan más cosas y hasta ando más feliz por la vida (¡malditas endorfinas!), lo que me da más rabia porque en el fondo hace que me motive a hacer ejercicio otra vez. Tan raro en mí todo esto. La buena noticia es que bajé otro kilo y medio, por lo que solo van quedando 17,5 kgs.  ¡No queda nada!

 

 

 

 

 

* Claudia Farah S.
Periodista