Expertos estudian los daños que sufren erizos y bivalvos en la Antártica

La presencia de plásticos que se degradan a micropartículas afecta a la fauna marina, causándole muerte celular programada.

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El efecto de esferas de nanoplásticos, específicamente de poliestireno (plumavit), genera un daño en células fundamentales del erizo antártico (Sterechinus neumayeri), especie presente en el Continente Blanco. Estas nanopartículas incrementarían la expresión de genes relacionados con la apoptosis, o la muerte celular programada, en el erizo antártico, además de incrementar la expresión de genes de estrés y antioxidantes.

Una investigación pionera en la materia, se está llevando a cabo en el marco del proyecto europeo denominado “Nanopolímeros en el ambiente marino y biota antártica (Nanopanta)”, liderado por las Universidades Italianas de Génova y Siena, en el cual participa desde hace tres años, el jefe del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (INACH), el Dr. Marcelo González, en conjunto con instituciones brasileñas, inglesas e italianas.

González explicó la relevancia de estas células en los erizos antárticos, “las células inmunes de erizos antárticos, llamadas celomocitos, cumplen un rol clave en su respuesta inmune. Estás células tienen la capacidad de capturar bacterias, pero ante la presencia de partículas de poliestireno, estás son comidas por las células”.

El origen de estos nanoplásticos proviene de la degradación de macroplásticos como el plumavit, plástico, ropa, desechos de cañerías o productos de belleza. Estos materiales se van degradando por distintas condiciones como calor, luz, viento y eso genera un microplástico como, por ejemplo, un trozo de plumavit, que se sigue degradando hasta llegar a nanoplásticos de poliestireno. Estas pequeñas partículas de plástico, se encuentran en la Antártica.

Actualmente, otra arista del proyecto Nanopanta analiza el efecto de los nanoplásticos en invertebrados marinos antárticos, en este caso la almeja Laternula elliptica. Teresa Balbi, bióloga de la Universidad de Génova, en colaboración con el doctor González, participó de la Expedición Científica Antártica (ECA 54), en isla Rey Jorge en los laboratorios en la base científica “Profesor Julio Escudero”.

“A partir de las células inmumes de la almeja antártica denominada Laternula elliptica, se puede observar el efecto que tienen los nanoplásticos en estas células. El proyecto, también tiene como objetivo conocer el origen de estas partículas de tamaño nanométrico, el impacto dentro del ecosistema marino antártico global y las interacciones biológicas no solo en los individuos, sino su bioacumulación y transferencia en la cadena trófica polar”, agregó Balbi.

El proyecto Nanopanta, donde participa Marcelo González, pertenece a una colaboración entre varias instituciones, que incluye al Programa Nacional Italiano de Investigación Antártica (PNRA), la Universidad de Génova, el British Antarctic Survey (BAS) del Reino Unido, la Universidad de Sao Paulo, Brasil y el INACH. Parte de los resultados de este proyecto serán presentados en junio próximo en el workshop “Plásticos en los Polos”, organizado por el Comité Científico Internacional de Investigación Antártica (SCAR) en la ciudad de Davos, Suiza, como parte del Congreso Polar 2018, que reunirá a investigadores que trabajan en el Ártico y en la Antártica.