Pinochet y la derecha renovada en las elecciones presidenciales

El empresario Sebastián Piñera, que se autocalifica de centroderecha, se encamina a ganar con holgura la primera vuelta. Pero todo hace pensar que tendrá que disputar un balotaje en el que el apoyo de la derecha más dura será clave.

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Siete elecciones después del fin de la dictadura de Augusto Pinochet, Chile no acaba de desprenderse del extenso legado de su régimen, poniendo en especial disyuntiva a la derecha chilena, que cuenta con ventaja para retornar al poder.

Un 12% de los chilenos considera que el exdictador –cuyo régimen se cobró más de 3.200 vidas- fue “uno de los mejores gobernantes del país”, según una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), un porcentaje imposible de obviar ante las elecciones del 19 de noviembre.

Amplio favorito, el empresario Sebastián Piñera, que se autocalifica de centroderecha, se encamina a ganar con holgura la primera vuelta. Pero todo hace pensar que tendrá que disputar un balotaje en el que el apoyo de la derecha más dura será clave en su intento de retornar a La Moneda.

La irrupción como candidato del diputado ultraconservador José Antonio Kast, quien reivindica abiertamente la dictadura de Pinochet, trayendo de vuelta sin pudores el ideario ‘pinochetista’, llevó a Piñera a “derechizar” su discurso durante su segunda campaña, cuando se volvieron a escuchar gritos de “¡Viva Pinochet!” en algunos de sus actos.

Aunque cada vez más reducido, el llamado ‘pinochetismo’ tiene todavía un inmenso poder económico y maneja gran parte de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido político más grande del país.

Piñera no es pinochetista pero necesita del pinochetismo“, dice, graficando la encrucijada que enfrenta el empresario, el analista de la Universidad de Santiago, Raúl Elgueta, a la AFP.

En contra del aborto, a favor de cerrar las fronteras a los migrantes y del porte masivo de armas para enfrentar la delincuencia, Kast busca captar el voto de derecha “más duro” y que desconfía de las lealtades del exmandatario.

Con un lenguaje directo y en ocasiones extremo, como cuando prometió disparar en caso de que un delincuente entrara a su casa, Kast logró levantar bastante ruido mediático aunque en las encuestas no supera el 3%.

“En segunda vuelta, todos deberán votar por Piñera, y Piñera deberá adoptar posiciones más moderadas para poder ganar. El pinochetismo está muerto o es muy marginal”, dice por su parte el analista de la Universidad de Nueva York, Patricio Navia.

¿Derecha renovada?

La “derechización” de su campaña llevó a Piñera a sepultar momentáneamente sus intentos de erigirse como el líder de una derecha renovada y despojada de toda herencia de la dictadura de Pinochet.

El empresario votó ‘No’ en el plebiscito que en 1988 decidió el fin del régimen dictatorial y durante su primer gobierno, entre 2010 y 2014, criticó a sectores dentro de la misma derecha, al calificar de “cómplices pasivos” a civiles que apoyaron la dictadura. También -en una decisión que ninguno de sus antecesores de izquierda se atrevió a adoptar- ordenó el cierre de una cárcel especial para violadores de los derechos humanos.

Pero en su nueva campaña dijo que reabriría la cárcel de Punta Peuco, un penal especial donde cumplen condena más de un centenar de violadores a los derechos humanos, en caso de que Michelle Bachelet concrete su anunciado cierre.

Enfrentado en 1988 a una elección, Pinochet obtuvo el 43% de los votos, pero conforme han pasado los años, la figura del exdictador se ha vuelto cada más débil aunque su legado económico y político se mantiene.

Veintisiete años después del fin de su dictadura, el sistema económico de libre mercado que instauró permanece casi intacto, al igual que el sistema privado de pensiones y la Constitución que dictó en 1980.

Su sistema electoral –que por años benefició a la derecha- fue desmantelado por el gobierno de Bachelet, que también busca poner fin a su sistema educativo.

Los cambios, no obstante, se han dado a paso lento en una sociedad que se acostumbró a vivir bajo el modelo de Pinochet.