COAR Chile, la silenciosa labor en ayuda de los niños del Hospital Roberto del Río

La ONG tiene un objetivo claro: apoyar a las familias y pequeños que se están tratando en el recinto pediátrico más antiguo del país. Pero necesita recursos, los que obtiene por sus propios medios y mediante donaciones. Su trabajo es conocido por pocos, pero agradecido por miles de familias que a las que les tendió la mano en más de 20 años de historia.

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A fines de noviembre cumple 25 años con tanta historia como ayuda entrega a las familias de miles de niños que han pasado por sus puertas.

Se trata de la Corporación de Amigos del Hospital Roberto del Río (COAR), ONG nacida en 1992 con un único fin: ayudar a las familias. El centro ubicado en Independencia (a poca distancia del mismo hospital), ofrece una residencia temporal para las familias que llegan desde regiones para someter a distintos tratamientos a sus hijos.

El Hospital Pediátrico Roberto del Río recibe anualmente cientos de casos de niños con distintas patologías desde fuera de Santiago, donde los centros asistenciales sufren de falta de especialistas para tratar de forma oportuna a los pacientes. Es así como llegan a la capital, sobre todo de la zona norte.

Oncológicos, cardiopatías, nefrología y traumatología son los casos recurrentes de niños que llegan hasta COAR, siendo el cáncer la que ocupa el 60% de sus habitaciones.

Sala de estar en COAR (Fabián Vargas – La Nación)

“Mi hijo quedará ciego”

COAR es una ONG que se financia por medio de donaciones privadas y de eventos anuales para recaudar fondos y así realizar mejoras en su infraestructura. Con capacidad para hospedar hasta 36 personas de manera gratuita, da un respiro a padres que llegan inesperadamente a una ciudad extraña y desconocida.

Marcela Álamos es una de esas madres. Desde 2011 viaja todos los años desde Copiapó con su hijo -hoy de 16 años- quien sufre de un tumor cerebral y ha pasado por cuatro operaciones desde los 12 años, cada una ha perjudicado los nervios ópticos dejándolo solo con el 15% de visión en un ojo. Sabe que un nuevo procedimiento lo dejará ciego.

“COAR ha sido de gran ayuda. Uno viene de afuera, pensando que es la única que le está pasando esto. Llegué aquí y me di cuenta que lo que tenía mi hijo es nada comparado con lo que pasan otros niñitos, nos muestra algo distinto, ayuda a uno y a otras mamás que llegan”, relató Marcela a La Nación.

Todo comenzó con un supuesto dolor de estómago y un infructuoso tratamiento con Viadil y Omeprazol. Las dolencias no terminaron y en una nueva consulta, junto a nuevos síntomas, el menor fue derivado de urgencia a Santiago. Debió viajar solo en ambulancia hasta el Hospital Roberto del Río, donde el diagnóstico fue confirmado: craneofaringioma.

Marcela Álamos (Fabián Vargas – La Nación)

El tumor de su hijo, si bien no en canceroso “es traicionero”, dice. Pero se ha calcificado y se aloja sobre la glándula pituitaria, afectando el crecimiento y desarrollo normal de su hijo, quien por estos días se dedica a fabricar mandalas, unos para decorar parte del COAR y otros para vender: “así ayudo a mi mamá con los remedios”, nos dijo.

Pero no todo es perfecto. Marcela Álamos, que llegó a COAR gracias al “dato” de una enfermera, explicó que solo hay un problema: “lo único es que la casa se hace chica. Somos tantas (las mamás) que venimos de afuera que muchas veces alguien queda fuera. No es como decir ‘soy del norte y me vengo a quedar’, tiene que ir al asistente social, ver si hay cupos, a veces tiene que esperar todo un día si es que alguien se va… Si no, hay tiene que buscar un arriendo en Santiago, que son muy caros”.

Si bien el COAR son los socios los que ayudan, es de gran ayuda para la gente que viene del norte, que no tenemos donde estar”, agregó.

“Uno llega del norte al Roberto del Río y es como si llegara a una clínica, porque si bien tenemos un hospital bonito, con infraestructura, no tiene un oncólogo, pero sí tiene un endocrinólogo, que me dio hora para el 2019. Mi hijo necesita sus remedios diarios”.

Patio de juegos en casa de acogida de COAR (Fabián Vargas – La Nación)

Socios, donaciones y Fonasa: Los pilares financieros de COAR

Si bien las donaciones son un aporte importante para el funcionamiento de COAR, no lo es todo. La mayor parte de ellas son bienes, como pinturas, máquinas de coser, electrodomésticos y otras. Parte de los sueldos y servicios básicos se financian gracias a los cerca de 450 socios que se han unido a la corporación.

Además, Fonasa costea parte de la estadía de cada persona en el centro, pero es insuficiente.

Somos una corporación privada sin fines de lucro y su objetivo es ayudar en proyectos que pueda necesitar el hospital y siempre vamos a estar buscando fondos. En este momento estamos juntando para construir una sala de entretención para los niños que llegan de forma ambulatoria a Roberto del Río”, explicó el Dr. Juan Pablo Valdivieso, presidente del directorio de COAR.

Son 100 millones de pesos los que necesita la ONG para lograr la construcción del espacio lúdico para los niños, donde podrán disfrutar de distintas actividades.

COAR cuenta con habitaciones para 36 personas, incluyendo niños y un padre. (Fabián Vargas – La Nación)

Con financiamiento limitado, la corporación organizó un campeonato de golf para reunir fondos, se trata del “XI Campeonato de Golf Copa COAR – Raúl Schönthaler”,  evento que va en directo beneficio de los menores que se hospedan en el recinto.

La casa de acogida ya tiene 16 años funcionando y la hemos logrado sacar adelante y como ya la tenemos más o menos bien establecida, tratando sacar nuevos proyectos para el hospital, el de la sala de entretención para los niños es la que hoy nos tiene concentrados”, agregó Valdivieso en entrevista con La Nación.

Las veces anteriores fueron una buena experiencia en que ya han participado entre 60 y 100 jugadores que apoyaron la causa en cada versión. Este año se realizará el 15 de noviembre desde las 12:30 hrs., en el Club de Golf Lomas de la Dehesa.