No quiero que venga el Papa

1832

*Por Rodrigo Larraín

¿A qué viene el Papa?, ¿qué puede hacer que la Iglesia chilena y sus obispos no puedan realizar? Confirmar nuestra fe se puede hacer sin él, dar un mensaje según el espíritu, anunciar el Evangelio y la persona de Jesucristo, para todo ello no es imprescindible. A santificar al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, tampoco. Animar al pueblo católico después de todos los delitos cometidos por personal eclesiástico, requeriría que se cerrara el ciclo de pecados graves, lo que aún no ocurre, y ello es responsabilidad de la Iglesia chilena.

No quiero que venga el Papa porque los ánimos no están para que venga. Hay una opinión pública que no sé si es mayoritaria, pero es bastante estridente, que progresivamente ha instalado su agenda y ha hecho una envidiable construcción lingüística de la realidad. Por ejemplo, reclamar con voz engolada o por escrito, que Chile es un país laico y que las religiones no tendrían el derecho a emitir sus opiniones públicamente; lo anterior no pasa de ser una ‘patudez’ ya que en su ordenamiento jurídico no se afirma la laicidad del Estado en ninguna parte, con ignorancia o mala fe se equipara la separación de la Iglesia del Estado a haber, por arte de magia, establecido un Estado laico.

Un audaz reclamaba a fines del año pasado por los contenidos en clases de religión y pedía que se cambiaran -si es que no se suprimían- dichas clases. En el fondo lo que quería era censurar unas Epístolas de San Pablo porque, según él, ofendían la diversidad reconocida en nuestra sociedad. Para alegar en el Tribunal Constitucional, el Gobierno se consiguió un abogado católico para defender la constitucionalidad de la ley del aborto, en sendas entrevistas explicó las razones jurídicas, aunque no morales ni religiosas, de su acción.

La descapitalización moral de la Iglesia y su pérdida de status y de respeto en la sociedad chilena va en directa relación con el descubrimiento de pedofilia, de abusos sexuales y de encubrimientos en que quedaron tocados muchos clérigos de distinto nivel; respuestas tontas a los casos denunciados -y por muchos conocidos desde mucho tiempo atrás– ayudó al desprestigio generalizado de la Iglesia y a la vergüenza de la comunidad católica. Cada vez que la Iglesia dio su opinión un coro generalizado le decía: “Desde qué moral opinan, limpien su casa antes de alzar la voz”.

Además que no sólo el número de católicos ha decrecido, también su formación religiosa. Personas que al persignarse terminan chupándose el dedo, falta de pastorales vocacionales en colegios municipales, más parroquias en los barrios altos que en los pobres, y los que dicen “haber estudiado en colegio de curas y monjas” y que se sienten con derecho a releer su paso por esos supuestos colegios en clave pedófila, con abusos como tradición, con bullying o si no patriarcales. Supuestos colegios católicos ya que esos exalumnos no saben que son curas los párrocos, y que las monjas son de claustro.

No tiene sentido que venga el Papa ya que la recuperación del prestigio de la Iglesia debe hacerse desde aquí, paso a paso, sin prisas pero sin pausa. Será muy difícil pues deberá hacerse en medio de la ofensiva lingüística que cambia el sentido de la realidad y presenta como negativos, conservadores e inhumanos, los valores de la Iglesia.

La ridiculización de lo sagrado y consiguiente deslegitimación hace rato que están entre nosotros, quienes protestamos nos arriesgamos a ser excluidos y sufrir las miradas y gestos despectivos ya que nos volvimos unos ‘tontitos’ que aún tienen fe. Todo ello por defender la verdad biológica, o el derecho de los padres a ser educadores naturales de sus hijos. El Ministerio de la Verdad, ese de la novela de Orwell, dedicado al doble pensamiento y reescribir cuantas sea necesaria la verdad ya se instaló entre nosotros; la batalla decisiva se dará en el lenguaje, no en las ideas, pues que no son necesarias.

Por último, el viaje es muy caro, la jerarquía no ha hecho la pega y el mismo Papa se permitió ofender al rebaño de Osorno, por ser unos tontos que siguen a los zurdos. Plop.

 

*Rodrigo Larraín es Sociólogo, Máster en Teología y Académico de la Universidad Central.

  • ALVARO PETZOLD

    la pura y “santa” verdad!

  • Zeukrob

    Además, no representa a cada día más Chilenos que no creemos en dios. Es un despilfarro de dinero. No es bienvenido, y si viene que venga con su plata.

  • Manuel Martin

    Mal Rodrigo. Tu comentario es segregacionista y falaz. Atacas los argumentos por las personas que las sustentan. Te eriges como juez y haces afirmaciones que no resisten mayor análisis, como cuando afirmas que “las monjas son de claustro”. Esperaba más de ti precisamente porque tienes una formación que te permite, al menos así se espera, ser más objetivo y menos pasional. En fin, la ley de inclusión, por lo visto, no ha hecho eco en ti. Que venga Francisco, que es un hombre como tú y como yo y como todos; un ser humano, y como tal tiene virtudes y defectos, por lo mismo, dialoguemos con él, busquemos con él, oremos con él y con todos, sin diferencias de etnias, razas, condición social, género e incluso de opción religiosa. Te invito a que releas tu artículo para que descubras el enorme culto al ego que está traslapado en él. Paz y bien para ti y todos quienes leas tu columna.

  • Adrián E Hurtado

    No entendí…si es una ironía, no se alcanza a entender. ¿Quiere que venga o no?. A mi, que no soy religioso, pero si creyente, me da lo mismo que venga o no, pero que el estado financie ese viaje no me parece correcto. Hay tantas opciones para gastarlo en el país, que quiere que le diga.

  • Pandedios

    Que lastíma con la mayoría de chilenos que nada se enteran de la “descreditación y campaña que corre hacía contra el Papa Fransisco. Desde cuando aquí se preocupan de unos paar de millones, cuando se podría decir que son los mismos que nada hacen de sacar ese dinero a las FFAA que dejo amarrado el ladrón general. O las riquezas naturales del suelo chileno.Lo que si es claro (..) es que el Papá a sido muy “liberal” para la minoria Mundial Empresarial. Creó que los periodistas o comentaristas de hoy son los mismos que fueron o aplaudieron al Papa Polaco que le dio la mano al asesino y ladrón de Pinochet. Hay incluso, fotos de aquellos mas jovenes “criticos” por un milllon de dolares. Doble moral. Saquen el dimero a una otra religión que conocimos y no alcanzan a los 1,5 % de la población chilena.

  • Ismael Guzman

    que venga al movistar y pague por verlo la gente que le interese escucharlo