Hacia un desarrollo agrícola y exportador de alto costo para Latinoamérica

397

*Por José Bengoa

Ante los diversos escenarios políticos, sociales y naturales a los que se enfrenta América Latina, el principal actor afectado sigue siendo el mundo campesino. No hablamos sólo del Cambio Climático o la escasez de recursos hídricos, sino de las profundas diferencias regionales en nuestra región o Centroamérica que hacen difícil generalizar una proyección. En particular, la ambigua  tendencia general del crecimiento agrícola publicada por la FAO de aquí al 2024.

En Chile, al menos, la situación para las nuevas hectáreas probables que se suman a la producción de viñas y frutales significan un crecimiento de la superficie cercana a las 200 mil hectáreas de especies de exportación de primera calidad. Hay capital y un poder comprador en Asia para nuestras manzanas, peras, uvas, ciruelas o las cerezas que viven el boom más grande de la historia. Pero también persiste una necesidad de duplicar la mano de obra.

¿Estarán los agricultores dispuestos a subir los salarios para atraer a trabajadores y temporeros, mejorar sus condiciones y sindicatos?, ¿se podrá tender hacia la situación europea donde los estudiantes en el verano acuden a las cosechas como alternativa laboral estacional? El concepto que se tiene allá entre los jóvenes sobre la cosecha agrícola es la de una actividad alegre, interesante, buena onda y veraniega para realizar durante la mejor estación del mediterráneo. Se ve difícil un escenario como ese al que tampoco se han referido los candidatos a la presidencia en el último tiempo. Tampoco se han referido a la calidad de vida de esta parte de la población ni la urgencia de mejorar esos salarios. De lo que sí hemos sido testigos es de que los empresarios están presionando por aumentar el 12% de las cuotas de trabajadores extranjeros. ¿Quiénes están pensando las estrategias en materia laboral y social al respecto? Aparentemente nadie.

Ahí tenemos un cuello de botella gigantesco en términos de la mano de obra, pero un segundo punto es el de los recursos clave para sostener una economía. ¿Con qué agua se va a hacer todo esto? Hay cuencas, como las de Petorca, que han llevado al extremo el uso de suelos, utilizando hasta los bordes de los cerros con paltos o chirimoyas. Una muestra más de la gran crisis del agua que hay en Chile. Este camino, en apariencia promisorio, se enfrenta controversialmente con lo que está diciendo la FAO sobre un crecimiento agrícola y exportador a mediano plazo. Un tercer punto que solamente mencionaré, es el de la cantidad de químicos y pesticidas que se requieren para hacer funcionar estas proyecciones a una escala muy grande. Con estas consideraciones por delante, no veo un camino estratégico o razonable que considerar.

Si bien Chile es parte de ese escenario impreciso, creo que políticas como la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina), un movimiento regional a tono con los tiempos, permiten anticiparse y fortalecer un sistema alimentario basado en la sustentabilidad agrícola y sistemas de economía familiar. Paradigmas diferentes donde la soberanía alimentaria es algo fundamental y se ejerce a través del uso de semillas, una agricultura sana y otros elementos fundamentales. Esta estructura va acompañada del fomento de la organización campesina mediante cooperativas y la asociatividad del mundo rural. Creo que ese es un camino de varios. Un camino difícil, pero viable en tiempos en que todo mundo cree que lo más importante es producir y exportar.

Hay otras experiencias recientes y exitosas como la Escuela Superior Campesina en Curaco de Vélez, Chiloé. Un proyecto en el que estoy vinculado y donde trabajamos con jóvenes campesinos reeducando sobre la reconstrucción del mundo rural, pero desde un punto de vista ecológico, el diálogo de saberes y la autonomía cultural. Esta sapiencia ancestral es la que propone un camino, quizás no a corto plazo, pero sí estratégico frente a los sistemas de explotación excesivos y sobreexigidos de nuestro país y el resto de Latinoamérica.

Si tomamos en cuenta que el costo es el sacrificio de las fuentes de agua, la extinción de la tierra fértil y un producto de exportación que sale al mundo repleto de químicos, la respuesta parece ser un movimiento agroecológico campesinista, quizás sea la única cosa que puede salvar la agricultura latinoamericana.

 

*José Bengoa es Historiador y Antropólogo. Reconocido especialista en materia indígena y campesina, es fundador de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.