México apela a la unión en su momento más critico

La fraternidad y unión de los mexicanos se siente con fuerza en el país del norte tras el sismo que ha dejado más de 230 muertos y miles de desaparecidos.

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Foto: AFP

En un país donde el problema del narcotráfico, los periodistas asesinados y las constantes intimidaciones del presidente del país vecino que amenaza con construir un muro en la frontera han estado en boca de todos este 2017, la naturaleza se encargó de que todo eso quedará en pausa y silencio.

El sismo de magnitud 7.1 y que hasta ahora ha dejado un saldo de al menos más de 238 muertos se ha transformado en la peor pesadilla de México. 108 fallecidos en Ciudad de México, 69 en Morelos, 43 en Puebla, 13 en el Estado de México, cuatro en Guerrero y uno en Oaxaca— son las cifras que manejan las autoridades, que no descartan que esta cantidad aumente con las labores de rescate.

El 19 de septiembre se transformó en una fecha maldita para México, ya que dos terremotos han azotado al país con 25 años de diferencia. En 1992 no existía la posibilidad de poder organizarse gracias a las redes sociales y a la plataformas de los grandes de la industria tecnológica que, sin dudas, han facilitado la comunicaciones entre familiares, amigos o seres queridos que no estaban en contacto. Pero también han arrojado otro valor agregado, el registro audiovisual, vídeos y fotos que sólo entregan un mensaje claro: Los mexicanos han salido a la calle para ayudar.

Rescatistas y bomberos unidos en las labores de rescate en Ciudad de México / Foto: AFP

En un país sumamente católico, gestos como el del Papa Francisco el cual se comprometió a donar $150.000 dólares para los damnificados es muy importante para los mexicanos. Del lado político, el mismo Donald Trump envío un mensaje -el cual demoró tres días en solidarizar con el terremoto de hace 12 días- se manifestó a través de su cuenta de Twitter.

UN EJEMPLO DE INQUEBRANTABLE ESPERANZA

Seis carpas (o tiendas de campaña) sobre la calle. Una mujer mayor, con chaleco rosa sobre sus frágiles espaldas, se seca las lágrimas frente al cartel donde están marcados los nombres de la veintena de personas atrapadas bajo los escombros de un inmueble destruido por el terrible sismo que sacudió México.

Hace cerca de 48 horas que esperan y la cuenta regresiva es cada vez más insoportable. Pero los allegados a esos desaparecidos mostraban este jueves una firme esperanza.

“Parece que todos los que están dentro están vivos”, asegura Samuel Torres, de 25 años, mientras contempla el montón de escombros del otro lado de la calle Alvaro Obregón, sobre la que trabajan los socorristas profesionales y militares. Allí estaba la oficina de su amiga Karen Nallely Flores, quien trabajaba en el cuarto piso en un estudio contable. El mismo de Karina Gabriela Albarran Luna, de 30 años. Su tío Armando habla en nombre de su hermana, demasiado emocionada como para hacerlo. “Los indicios muestran que aún hay gente allí, parece que aún están con vida. (…) La esperanza se mantiene”.

Un foco de atención internacional y que se ha transformado en el simbolo del terrmoto es el colegio privado Enrique Rebsamen, en el sur de la ciudad, donde fallecieron 21 niños pero autoridades comprobaron que al menos una niña permanecía viva bajo los escombros.

Pero el deterioro del edificio siniestrado, que muestra un notorio hundimiento, forzó a replantear el rescate con mayor cautela y menos personal.

Las sensaciones se contraponen en ambos ejemplos. Mientras los vecinos del edificio administrativo mantienen la fe y esperanza de que sus amigos y seres queridos siguen vivos bajos los escombros, Frida, la niña de la cual se habló en todos los noticiarios del mundo y que habría estado viva bajo los escombros de la escuela Enrique Rébsamen, estaría siendo desenmascarado como un invento, algo que no deja quiebra la unión de los mexicanos independiente de los comentado que será.

Posta de la escuela Enrique Rebsamen / Foto: AFP

Junto a otros allegados de desaparecidos del edificio de oficinas, centenares de voluntarios trabajan con máscaras contra el polvo para despejar los escombros, distribuir alimentos entre los familiares y socorristas. De repente, muchos pasan corriendo en dirección a los escombros, munidos de vigas y tablas.

“Médicos, médicos”, grita alguien un poco después, haciéndose eco de los pedidos provenientes del inmueble derrumbado.

El tiempo se acelera, algunos voluntarios corren ahora hacia las ruinas. Pero poco después las voces rompen nuevamente el silencio, los puños se bajan. Señal cruel para los allegados que siguen esperando.

El tiempo apremia porque el protocolo indica que a partir de las 72 horas se detengan las búsquedas y lleguen los bulldozers para retirar los escombros. Ya hay familiares que pasan con carteles contra las máquinas, con la esperanza inquebrantable.

Desde las celebridades y lideres mundiales que han mandado su mensaje de apoyo cumpliendo con la diplomacia referente y a veces obligada que atribuye llevar las riendas de un país, si México se levanta y se encuentran más sobrevivientes, los ciudadanos con su lucha y solidaridad gratuita engrandecerán a un país que en este momento vive y se sostiene por la solidaridad.

Texto con información de la Agencia AFP