Ley de aborto y derechos de las mujeres

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*Por Paola Osenga

El 21 de agosto del 2017 pasó a ser un día histórico para las mujeres de Chile y quedará, sin duda, también en la memoria colectiva de todos los chilenos, puesto que el Tribunal Constitucional rechazó la impugnación por parte de la colectividad Chile Vamos respecto a declarar inconstitucional el proyecto de ley sobre la despenalización del aborto en Chile, el cual se enmarca en tres causales acotadas y ya bien conocidas: riesgo de muerte materna, inviabilidad fetal y en el caso de que la gestación sea producto de una relación sexual no consentida por la mujer (violación).

Esto marcará un punto de inflexión respecto a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, de sus condiciones biopsicosociales de vida y, por supuesto, de su familia. Este fallo nos devuelve a las mujeres el derecho a decidir respecto a la opción de practicarnos o no un aborto, teniendo como marco tres causales restrictivas.

No deja de llamar la atención el reflote de los comentarios producto del reciente fallo, desde los bandos más liberales y demócratas, frente a los más tradicionales y católicos, dándonos a través de los voceros de las bancadas de la Cámara de Diputados y, luego, del Senado, un real espectáculo con un sinfín de juicios y verdades que se creen absolutas y polarizadas, defendiendo sus puntos de vista con inevitables componentes personales y valóricos, mostrados con una vehemencia a veces un tanto extrema, descalificadora y poco empática con la mujer que se vería enfrentada a estas tres causales tan dramáticas.

El reciente fallo es la punta del iceberg y bastará que se ponga en marcha la ley con el primer caso, o con la primera objeción de conciencia, para que nuevamente vuelva a la palestra el derecho a la vida del que está por nacer desde convicciones valóricas fuera del Estado de Derecho, sacando nuevamente del foco a la mujer y a sus propios derechos fundamentales como persona, en el marco de las situaciones particulares de su vida.

En este aspecto, creo importante poner los intereses y necesidades del otro -en este caso específico, de la mujer- por sobre los juicios de valor y éticos del personal de salud que asistirá a la usuaria en un proceso tan difícil y, por qué no decirlo, doloroso como es el aborto en las tres causales que todos conocemos.

Empatizar como mujeres, y contener, cuidar y acompañar este proceso como matrones y matronas: ese es nuestro rol y la labor que nos corresponde como uno de los profesionales con mayor cercanía a las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital. Lo fue, es y debiese seguir siéndolo ahora, bajo este nuevo contexto y cambio en la legislación que pronto se hará vigente.

 

*Paola Osenga es Matrona y Secretaria Académica de la Escuela de Obstetricia y Neonatología, de la Universidad Diego Portales.