Instituto Nacional cumple 204 años de historia en medio de cambios educacionales

El emblemático colegio celebra un nuevo aniversario, en pleno proceso de transformaciones que podrían cambiarlo para siempre, entre ellas la desmunicipalización y la integración del género femenino a sus aulas.

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“Arriba institutanos, nuestro colegio es cuna, de todo cuanto llaman chilena ilustración. Pues cupo al Instituto, la espléndida fortuna, de ser el primer foco de luz de la nación”, predica la parte de final del himno del Instituto Nacional José Miguel Carrera. Y su historia lo confirma.

El establecimiento fue fundado el 27 de julio de 1813 y abrió sus puertas el 10 de agosto del mismo año. Es decir, hoy se cumplen exactamente 204 años de funcionamiento de este colegio de hombres, que tuvo como alumnos a grandes referentes de la historia del país como Arturo Prat, 18 presidentes (entre ellos Manuel Montt, Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende, Patricio Aylwin y Ricardo Lagos), un sinnúmero de ministros y doce premios nacionales de Literatura. Su lema, “Labor Omnia Vincit” es un reflejo del estudio de quienes han pasado por sus aulas, donde “el trabajo todo lo vence”.

Por ello, La Nación aprovechó la instancia de abordar los cambios que ha tenido durante el último tiempo y que lo han hecho ser parte de la contingencia noticiosa a nivel país. Un ejemplo claro de ello, es que el Instituto ha tenido al menos dos tomas masivas al año desde 2006, que hacen ver que existen inquietudes constantes por parte de sus estudiantes.

Demandas sostenidas en los cambios que ha experimentado la sociedad chilena en sí. La primera y más bullada ocurrió en mayo de 2006, momento en que el estudiantado en comunión con el Centro de Alumnos y un sector del profesorado se adhirió a otros colegios públicos en función de diversas reformas a la educación a nivel país.

Entre las peticiones se encontraban la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza y del decreto 524 publicado el 11 de mayo de 1990 (que regula los Centros de Alumnos), el fin de la municipalización de la enseñanza, gratuidad de la Prueba de Selección Universitaria, pase escolar gratuito, entre otras demandas. La causa creció tanto que terminó en diversas movilizaciones a nivel nacional, que a su vez derivaron en lo que los medios denominarían la “Revolución Pingüina”.

“No es un aspecto nuevo el de las tomas. No es que haya surgido desde el 2006, en lo absoluto. Haciendo una mirada retrospectiva de la historia del colegio, han existido diversos movimientos en cada época donde nuestros estudiantes han sido actores importantes, a veces con mayor y otras con menor madurez, pero siempre han existido. La historia de Chile está llena, desde el siglo XIX incluso, de participaciones y aportes de los institutanos frente a las preocupaciones que atañen a la sociedad completa”, expresa el actual rector (y ex alumno del colegio), Fernando Soto a La Nación.

Año tras año los alumnos se han movilizado de forma continua. La última toma se llevó a cabo hace poco más de un mes, y los jóvenes entre otras solicitudes exigían “respeto de las instancias organizativas del establecimiento, garantizando el uso democrático de los espacios, y no coartar acciones en que los estudiantes, mediante afiches, lienzos o boletines, manifiesten sus pensamientos respetando la convivencia escolar”.

A su vez, exigían terminar con “la política represiva e intransigente de la administración municipal, que no propicia el diálogo o instancia alguna de negociación en la resolución de conflictos que aquejan a los liceos de la comuna de Santiago”. Y una de las principales preocupaciones de los jóvenes es la desmunicipalización, iniciativa que mediante un proyecto de ley ordena el traspaso de los colegios municipales al Estado en 2018 (medida que forma parte del nuevo Sistema Nacional de Educación Pública).

Sobre lo anterior, Myriam Aceitón -profesora de castellano del establecimiento desde 1991- asegura que “ha habido aquí muchas protestas en función de demandas que ya son casi históricas, tradicionales. Y en ellas se busca que la educación pública sea parte del Estado, que no transfiera las responsabilidades a las municipalidades, porque el financiamiento tampoco está acorde a las necesidades que tiene cada comuna”.

De igual modo, el ex alumno y actual editor de la Academia de Periodismo del colegio, Felipe Rivera, argumenta que “las demandas de los alumnos se sostienen en muchos puntos. En primera instancia, creo que hay molestia en que exista -según mi punto de vista- un sesgo ideológico en lo que plantea Valentina Quiroga (subsecretaria de Educación). Lo que ella persigue es responder a una necesidad histórica de devolver la educación al Estado, pero no dice cómo va a ser esa educación, cómo va a hacer que sea de calidad, cómo la va a mejorar. Entonces, como el Instituto nunca se ha desmunicipalizado, no se sabe qué condiciones va a brindar el Estado una vez que este proceso finalice”.

A ello agrega que “tanto yo como muchos estudiantes del colegio creemos que existe un trato discriminatorio, porque por una parte los colegios de excelencia no tienen permiso total para seleccionar, sí se les discrimina a la hora de desmunicipalizarlo o no. Entonces, el criterio de la igualdad se aplica para algunas cosas solamente“.

Otra demanda que plantea el actual Centro de Alumnos, y que podría representar una revolución histórica para el colegio, es la de un plan de transformación efectiva de los liceos hacia la categoría mixtos. Esta reforma incluye además la búsqueda de una “educación feminista e integral del petitorio, junto a un protocolo en caso de discriminación de género y acoso sexual, que asegure la igualdad de trato y condiciones para alumnos, docentes y funcionarios”.

Frente a este petitorio, el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, indicó a través de la prensa que “es posible, tenemos que trabajarlo. Yo me inclinaría porque así lo fuera, y me quiero juntar con ellos para evaluar éste y otros temas. Pero un cambio tan importante no se puede hacer de un día para otro, ya que se requiere habilitar el establecimiento para recibir a mujeres”.

De hecho, en abril de este año, en el marco de un convenio entre el departamento de francés de los institutanos y el colegio público “Lycée Nelson Mandela”, 16 jóvenes francesas estuvieron durante dos semanas en las dependencias de la escuela como alumnas regulares. Algo que profesores y alumnos calificaron a través de la prensa como una “experiencia positiva”, pero que tuvo disidentes que argumentaban que algunos estudiantes no se comportaban de buena manera.

En relación a ello, Fernando Soto señala que “como rector me toca aglutinar la visión y opinión de una comunidad entera, que incluye a cerca de 10 mil personas y siempre mi idea es buscar consensos en base al respeto y tolerancia. Pero como profesor de Estado y ex alumno, pienso que efectivamente la educación en el siglo XXI tiene que ser mixta, que forme jóvenes para una sociedad diversa, heterogénea. Considero que ya no existen muchos argumentos para sostener una educación separada por género”.

Esta misma visión es compartida por la docente Aceitón, pero opina que “tiene que existir una transformación gradual, y no de un día para otro. Aquí hay costumbres y formas de ser que hay que ir modificando de a poco, paso a paso. No es un tema que se solucione de inmediato”.

A ello añadió que los alumnos han llevado a cabo diversas formas de manifestarse durante el último tiempo. “Ayer llegaron un montón de ellos con jumpers, y eso demuestra una nueva forma de protestar”, remarca la docente.

Por último, Felipe Rivera incluye el aspecto de la infraestructura al debate. “La disposición técnica no es la mejor. Tienen que haber espacios especiales destinados a las mujeres, como camarines propios, baños exclusivos, entre otras cosas. Y eso hoy en día se ve difícil, porque ni siquiera se han terminado las estructuras que se estaban construyendo. Entonces, mucho menos se puede pensar en que existan espacios exclusivos para ellas en el corto plazo”.

No obstante, afirma que el cambio al que se apunta va mucho más allá. “Desde la Academia de Periodismo y un importante sector de los estudiantes, pensamos que el Instituto no debiera ser de hombres o mujeres, sino que de todas las condiciones sexuales y de género que puedan existir. Por ejemplo, aquí hay un alumno que es transexual y pide que lo llamen Alicia. Entonces muchos consideramos que la mirada va mucho más allá del tema de si hacer o no mixto el colegio”, puntualiza.

En medio de los vientos y tendencias de cambio, el Instituto Nacional se proyecta hacia el futuro buscando seguir siendo el “primer foco de luz de la Nación” formando a los futuros protagonistas de la historia de Chile.