Control preventivo de identidad: entre la eficacia y la libertad

457

*Por Iván Navas M.

Estos días se cumple un año desde la vigencia del nuevo control preventivo de identidad. En julio de 2016 entró en vigencia la Ley 20.931 que amplía las facultades a las policías para realizar un control de identidad.

Los objetivos de la reforma de 2016 eran particularmente dos: reducir las órdenes de detención pendientes y reducir los índices de criminalidad. La crítica al nuevo control preventivo viene dada por la idoneidad de que él sirva para los objetivos perseguidos. Especialmente cuando el costo implica una limitación del derecho fundamental de las personas como es la libertad.

En efecto, según los datos entregados por el Ministerio del interior[1], enero y marzo de 2017 tanto carabineros como la policía de investigaciones efectuaron 411.055 controles preventivos donde hubo 11.558 detenciones de personas que tenían efectivamente una orden de detención pendiente. Esto significa que de todos los controles realizados en dicho período sólo se consiguió encontrar detenciones pendientes en menos del 0.3 % de los casos. De esta forma cabe preguntarse si vale la pena el riesgo de afectación de la libertad de las personas por conseguir una cifra tan baja como la señalada.

Uno de los puntos más discutibles de la nueva redacción es el relativo a que la policía podrá solicitar identificación a cualquier persona cuando tengan algún antecedente que les permita inferir que una determinada persona tiene alguna orden de detención pendiente. Al respecto cabe preguntarse ¿cómo va a obtener un antecedente la policía que le haga sospechar que una persona tiene orden de detención pendiente? La respuesta en muchos casos es que eso va a depender de la apariencia de la persona. En un país donde lamentablemente existe un alto grado de clasismo, esta facultad permite continuar con una discriminación basada en motivos arbitrarios que en nada ayudan a terminar con la discriminación y que tampoco está claro que sirva para disminuir las órdenes de detención pendientes.

A propósito de esta última idea, debe recordarse que con la reforma de 2016 se puede realizar un control de identidad en cualquier situación, no hace falta que existan indicios de que la persona haya cometido algún delito. Incluso, si la persona se niega a identificarse o si simplemente no le fuere posible hacerlo, la policía tiene facultades para conducir a la persona a la unidad policial más cercana a fin de identificarla. Todo este procedimiento puede durar hasta 8 horas, que es el plazo máximo que establece la Ley.

Ahora imagínese que está de vacaciones con la familia y por esas casualidades se olvida la billetera con los documentos de identificación. Cabe la posibilidad legalmente establecida con este nuevo control preventivo, que pase las siguientes 8 horas en una comisaría. Que ello dependa simplemente del criterio del policía de turno es algo que debemos cuestionarnos como sociedad a la luz de nuestras valoraciones y resultados que vemos del control preventivo de identidad en este año de funcionamiento.

[1] http://www.subinterior.gob.cl/control-preventivo/

 

*Iván Navas Mondaca es Doctor en derecho Penal y académico de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U. San Sebastián.

 

  • Rita Salim

    Prefiero los controles y no vivir temiendo a delincuentes. Donde hay un policía me siento segura.

  • Cristóbal Goñi

    No puedo estar más en desacuerdo de lo opinado en este artículo. Todo esfuerzo por controlar la delincuencia y seguridad de la población, regulado y controlado, es un buen elemento. La postura tiene un gran sesgo político. La cuestión debe analizarse considerando, cuando hoy (ayer), los medios informan que se detiene a una muchacho de 20 años de edad con 114 procesos judiciales y decenas de ordenes de detención pendientes y esta persona puede andar libremente en la calle, abiertamente prófugo de una justicia inoperante, constituyendo un peligro para la sociedad. Presencié un control de identidad, por parte de Carabineros, en Av. Providencia con Antonio Varas. Ahí en una plaza habían sentados, en dos bancos distintos, una pareja de personas rubias, de buena presencia y muy bien vestidas y en otro, un muchacho que se notaba muy complicado socialmente. Los Carabineros hicieron el control a todos, al cabo de un momento, se llevaron en el radiopatrullas a la pareja de muchachos que estaban sentados juntos, devolviendo el carné a la otra persona y éste continuó escuchando música y comiendo un sandwich libremente, sin ningún problema. Hasta donde se, los reclamos por controles injustificados o fuera de procedimientos, son inferiores al 1% de los controles efectuados en el país. Tengamos un poco más de amor propio por nuestra seguridad y dejémonos de defender lo indefendible.