Francisco Brugnoli prepara su adiós del MAC: “Los cambios culturales exigen una persona más joven”

A sus 81 años, el artista visual hace un balance junto a La Nación su gestión como director del Museo de Arte Contemporáneo. Además, analiza la escasa importancia que tiene el mundo de la cultura en una sociedad dañada por la herencia de la dictadura militar.

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En su juventud hizo caso omiso a las expectativas paternales, desechando sus estudios de medicina en Concepción para retornar a Santiago e ingresar a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, forjando sus primeras armas con José Balmes como maestro.

Hace 52 años inició sus revoluciones creativas, que lo llevaron a asumir la dirección del Museo de Arte Contemporáneo. Sin embargo, Francisco Brugnoli (81) ahora se prepara para una nueva revolución en su vida: en julio pondrá fin a su gestión a la cabeza del MAC, que está ad portas de cumplir 70 años.

A la hora de explicar su decisión, el artista visual comenta en entrevista con La Nación que “el museo y mi participación en la Universidad de Chile han sido parte importante de mi vida. Yo estudié en este edificio y ahora soy director. Pero también hay una cosa de edad, una proyección como artista que no se puede desarrollar plenamente, y creo que los cambios culturales que está viviendo el país exigen una persona más joven, ojalá mucho más joven. Pero joven de verdad, porque hay jóvenes que son más viejos que uno”.

– Mirando hacia atrás, ¿el balance es más positivo o negativo?

– Si miramos que partimos de la nada, es positivo. Pero si pensamos en lo que debería ser hoy en día, yo me voy frustrado. Me voy sin que el museo tenga un presupuesto digno, por lo que me voy sin la posibilidad de hacer todas las cosas que hay que hacer plenamente.

– ¿Cuáles han sido los principales inconvenientes?

– Son históricos. En Chile se hizo una gran destrucción cultural en el periodo post ’73, es decir, en todo lo que fue la dictadura militar. El país estaba avanzando en una dirección que llamaba la atención internacionalmente, y después viene un vacío muy grave, un vacío a nivel oficial. La dictadura fue muy profunda culturalmente, pues cuando un gobierno se toma todo el plano cultural, todo el plano educativo hay que pensar qué está tramando, y lo que se tramó en ese tiempo aún lo estamos viendo: fábricas de seres humanos que obedecen órdenes. Se pasó de un sujeto cultural a un objeto cultural, ese que no tiene la capacidad de pensar.

Esas generaciones fabricadas durante la dictadura son las que hoy en día tienen el poder. Nos gobiernan en distintas cosas, y algunas veces pueden tener las mejores intenciones, pero no pueden superar eso. Aquello queda demostrado en las discusiones legales que hay sobre problemas que tienen una gran incidencia cultural en el Congreso, donde no es un problema de derechas e izquierdas, porque son planteamientos que se transversalizan”, complementa.

De hecho, Brugnoli entrega un claro ejemplo de la importancia que tienen las artes en la sociedad actual de Chile: “En 1910, con solo 2 millones de habitantes, el edificio del MAC y la Biblioteca Nacional fueron las dos construcciones más monumentales que se hicieron en Chile. Edificios netamente dedicados a la cultura. ¡Qué visión tenía la sociedad de ese tiempo! Ahora, tuvimos un bicentenario donde ningún edificio dedicado a la cultura se levantó. Es muy triste, ese es el cambio en la sociedad”.

– ¿Cómo se combate ese desinterés cultural?

– El desinterés va cambiando y lo museos tenemos que ir paralelamente, ahí está la gran dificultad. Un museo como este, que es contemporáneo, necesita presupuestos para muchas acciones. A veces tenemos inauguraciones con 1500 personas y quiénes son esas personas, jóvenes, profesionales y estudiantes de últimos cursos de universidades. ¿Y quiénes son los jóvenes de un país? El signo de los jóvenes es el signo del deseo, entonces vienen –tal vez– buscando las imágenes deseadas del futuro, y eso es muy halagador.

En este punto, aprovecha para darle un tirón de oreja al mundo universitario, que con el tiempo se ha dormido en la corriente. “La cultura no ocupa un lugar relevante, en ninguna parte, y desgraciadamente, hay que decirlo, tampoco para los espacios universitarios”, afirma.

“Trabajo en una de las actividades académicas importantes, que son tres: investigación, docencia y extensión. La extensión es la que tiene menos valoración en la calificación académica (ríe). Entonces, ¿qué pasa con eso? El peso de los cambios culturales es negativo”, añade.

– ¿Qué rol juega el Estado en todo esto?

– El Estado está preocupado de crearnos competencia, abriendo otro museo de arte contemporáneo con nombre de centro cultural (inaugurado en noviembre pasado en Cerrillos). En definitiva, distrayendo los fondos de un espacio estatal como este. Eso abre la discusión de para qué, para –de alguna manera– replicar lo que hacemos, pero de una manera más tradicional. Esas son las cosas que me dan vuelta en el mate. ¿Por qué no fue en otra dirección? ¿Por qué tenía que ser igual? Que se creen diferentes centros culturales, pucha yo aplaudo. Lo mismo que hayan muchas escuelas de arte. El problema no es la cantidad, sino lo que hacemos. Si vamos a estar hablando de lo mismo en todas partes… ¿para qué?

– Estamos en año electoral, ¿espera algo de los candidatos en política cultural?

– Ninguno dice ni una sola palabra al respecto, entonces no sé por dónde comenzar. No hay ninguna mención respecto al tema cultural, ninguna apertura. Los discursos son descalificatorios, tampoco veo una base programática donde decir ‘podría apoyar esto’.

“Los políticos trabajan en cuanto a sus bases electorales. Por eso, no entiendo a las universidades, que gastan mucho tiempo pidiéndoles atención a los gobiernos, pero los gobiernos no miran a la universidad como posible elector, miran una masa que se refleja en encuesta, porque hoy en día todo es con encuestas”, agrega.

– ¿Desvincular el museo de la Universidad de Chile podría ser una solución?

– No, en ningún caso. El hecho que la universidad esté estrangulada económicamente como herencia de la dictadura no puede servir de pretexto para algo así. Un museo de arte contemporáneo tiene que estar en la universidad, quizás otro no, pero este museo sí. En primer lugar, porque la universidad es el campo de desarrollo del conocimiento, es justamente el espacio donde la investigación científica y pensamiento filosófico está inquiriendo sobre el mundo. Segundo, la universidad es autónoma, por lo que yo no tengo que ser políticamente correcto. ¿Tú crees que a un museo de gobierno se hubiesen podido traer una muestra con 5 mil gallos desnudos al parque? No se puede. Eso es muy importante, el arte contemporáneo no puede estar subordinado a políticas oficiales.

– Pero usted ha manifestado el desinterés de la universidad por la cultura.

– Eso mismo hay que recuperar. Y eso está empezando a suceder de alguna manera. Desgraciadamente las universidades privadas nos están quitando terreno y de alguna manera me alegro porque todo es bienvenido. Ahora, cuando son instituciones con fines de lucro, vale preguntarse con qué intenciones hay. Si es tan desinteresada la cosa o no. Recuperar el interés por la cultura en espacios universitarios es clave.

– ¿Seguirá vinculado al museo para recuperar ese interés?

– Por ahora, quiero dedicarme a mi obra, que hace tiempo la tengo abandonada. Además, quiero escribir y aportar desde esa trinchera. Creo que tengo harto que contar.