El liberalismo-igualitario de Macron y las similitudes con Chile

Lucas Maubert, cientista político Sciences Po Francia.

3563

La victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas constituye una doble-ruptura, marcando el fin del bipartidismo que estructuró la vida política del país y de un ciclo de derrotas para los movimientos social-liberales en las democracias occidentales. Lejos de coger al azar ideas de izquierda y de derecha, el programa del presidente electo francés encuentra su raíz en una corriente de pensamiento conocida como “liberalismo igualitario”, renaciendo en estos inicios del siglo XXI.

El eslogan de campaña del candidato del movimiento En Marche! es una referencia directa a esta filosofía : “Francia debe ser una oportunidad para todos”. En efecto, el liberalismo igualitario se refiere al hecho de que en una sociedad justa, cada persona debe tener la oportunidad de realizar sus proyectos sin que las desigualdades de condición social lo impidan. Combina las ideas de libertad e igualdad – pilares fundamentales en la oposición tradicional entre izquierda y derecha en Francia – en particular en la obra de John Rawls. Este último considera que se debe combinar el aumento de libertades básicas para todos con la limitación de desigualdades económicas para permitir la equidad entre los ciudadanos.

¿Cómo se articulan estas ideas en el programa de Macron? De un lado, preserva las libertades básicas, en particular las de emprendimiento, de conciencia y de asociación. Por otro lado, defiende la igualdad de oportunidades, entre otros gracias a inversiones en la educación en zonas prioritarias, medidas contra las discriminaciones de etnia o de género en el mundo laboral y un sistema de jubilación universal.

En las similitudes con Chile, se puede destacar el Partido Liberal chileno, liderado por el diputado Vlado Mirosevic como el más cercano al nuevo líder francés por su filiación al liberalismo igualitario y el lema de la Revolución Francesa “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. En este sentido existen convergencias entre las propuestas de Macron y Mirosevic, en cuanto a instalar una agenda social-liberal, fuera de las alianzas políticas tradicionales y de cambios en la manera de pensar el posicionamiento del individuo en la sociedad.

En este momento surgen las dificultades: para Macron, marcar el cambio político introducido por su campaña electoral, y para el Partido Liberal chileno, lograr imponer una alternativa del paisaje tradicional en la política chilena. Dos desafíos para dos nuevos movimientos, en dos países no tan lejanos.

  • Miguel ESPINOZA

    El columnista olvida conveniente esta frase de E. Macron que nadie más ha olvidado: «es necesario que haya jóvenes franceses que tengan ganas de ser multimillonarios». Rawls se revolcó en su tumba. Pero eso no es nada nuevo. El joven banquero, robot creado a su imagen y semejanza por el mundo de la finanza, está hecho de contradicciones: un día dice que es socialista, al día siguiente afirma que no; para él la colonización francesa fue un crimen contra la humanidad, pero tuvo aspectos positivos, y así sucesivamente. Es imposible explicar lo inverosímil, a saber, que este hombre sea compatible con el liberalismo «igualitario». El otro oxímoron se encuentra en el título mismo de esta nota: liberalismo igualitario. No existe un sistema de recompensa que satisfaga a la vez los criterios del igualitarismo y del liberalismo. O una cosa o la otra. Es curioso que se afirme algo sin justificarlo, aunque la falta de espacio puede, en algunos casos, ser una circunstancia atenuante (no existe una «ciencia política»; cuando se agrega «ciencia» a una etiqueta, quiere decir que no lo es). Por ejemplo, no se puede afirmar que E. Macron haya puesto fin al bipartidismo izquierdas vs. derecha o a los partidos políticos tradicionales porque eso dependerá, en parte, del resultado de las elecciones legislativas. Podría haber cohabitación con una ideología o con otra. La verdad, fácil de verificar, es que este joven fue elegido presidente principalmente gracias a una serie extraordinariamente larga de azares y de coincidencias felices para él. El presidente continuará,
    sin ninguna duda, el ultraliberalismo, causa infalible de desigualdad. Hay al menos una afirmación que compartir con el autor de la nota: «en este momento
    surgen las dificultades para E. Macron».—

  • Miguel ESPINOZA

    El columnista olvida esta frase de E. Macron que nadie más ha olvidado: «es necesario que los jóvenes franceses tengan ganas de ser multimillonarios». Pero esta contradicción con la supuesta búsqueda de igualdad no es nada nuevo. El joven banquero está hecho de contradicciones: un día dice que es socialista, al día siguiente afirma que no; para él la colonización francesa fue un crimen contra la humanidad, pero tuvo aspectos positivos, y así sucesivamente. Se dice que E. Macron empezó estudiando filosofía, pero no aprendió algo tan básico como el hecho de que una contradicción es una falta grave en el razonamiento. Y la
    sabiduría, absorbente y celosa, no permite que se ame la riqueza material. Es imposible
    explicar lo inverosímil, a saber, que este hombre sea compatible con el liberalismo «igualitario». El otro oxímoron se encuentra en el título mismo de esta nota: liberalismo igualitario. No existe un sistema de recompensa que satisfaga a la vez los criterios del igualitarismo y del liberalismo. O una cosa o la otra. Es curioso que se afirme algo sin justificarlo, aunque la falta de espacio puede, en algunos casos, ser una circunstancia atenuante (no existe una «ciencia política»; cuando se agrega «ciencia» a una etiqueta, quiere decir que no lo es). Por ejemplo, no se puede afirmar que E. Macron haya puesto fin al bipartidismo izquierdas vs. derecha o a los partidos políticos tradicionales porque eso dependerá, en parte, del resultado de las elecciones legislativas. Podría haber cohabitación con una ideología o con otra. La verdad, fácil de verificar, es que este joven fue elegido presidente principalmente gracias a una serie extraordinariamente larga de azares y de coincidencias felices para él. Pero a partir desde ahora, sisorpresa, el presidente continuará el ultraliberalismo, causa infalible de
    desigualdad. Hay al menos una afirmación que compartir con el autor de la nota: «en este momento surgen las dificultades para E. Macron».—

  • Miguel ESPINOZA

    Nadie ha olvidado esta frase de E. Macron: «es necesario que los jóvenes franceses tengan ganas de ser multimillonarios», incompatible con el liberalismo igualitario (à la J. Rawls) que se le atribuye y con la ética de P. Ricœur, de quien fue estudiante. La contradicción entre esta afirmación y la supuesta búsqueda de igualdad no es nada nuevo. El presidente está hecho de contradicciones: un día dice que es socialista, al día siguiente afirma que no; para él la colonización francesa fue un crimen contra la humanidad, pero tuvo aspectos positivos, y así
    sucesivamente. Se dice que Macron empezó estudiando filosofía, pero no aprendió algo tan básico como el hecho de que una contradicción es una falta grave en el razonamiento. Y la sabiduría, absorbente y celosa, no permite que se ame la riqueza financiera más allá de lo necesario para llevar una vida digna. «Liberalismo igualitario» es también un oxímoron. No existe un sistema de recompensa que satisfaga a la vez los criterios del igualitarismo y del liberalismo. O una cosa o la otra. Este hombre fue elegido presidente principalmente gracias a una serie extraordinariamente larga de azares y de coincidencias felices para él. Pero a partir desde ahora, sin sorpresa, el joven banquero — robot creado a su imagen y semejanza por el mundo de la finanza — continuará el ultraliberalismo, causa infalible de desigualdad.—

  • Christian Martínez N

    Es mejor el comentario de Miguel Espinoza que el artículo de Maubert, que la verdad, es de una vaguedad supina.