El liberalismo-igualitario de Macron y las similitudes con Chile

Lucas Maubert, cientista político Sciences Po Francia.

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La victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas constituye una doble-ruptura, marcando el fin del bipartidismo que estructuró la vida política del país y de un ciclo de derrotas para los movimientos social-liberales en las democracias occidentales. Lejos de coger al azar ideas de izquierda y de derecha, el programa del presidente electo francés encuentra su raíz en una corriente de pensamiento conocida como “liberalismo igualitario”, renaciendo en estos inicios del siglo XXI.

El eslogan de campaña del candidato del movimiento En Marche! es una referencia directa a esta filosofía : “Francia debe ser una oportunidad para todos”. En efecto, el liberalismo igualitario se refiere al hecho de que en una sociedad justa, cada persona debe tener la oportunidad de realizar sus proyectos sin que las desigualdades de condición social lo impidan. Combina las ideas de libertad e igualdad – pilares fundamentales en la oposición tradicional entre izquierda y derecha en Francia – en particular en la obra de John Rawls. Este último considera que se debe combinar el aumento de libertades básicas para todos con la limitación de desigualdades económicas para permitir la equidad entre los ciudadanos.

¿Cómo se articulan estas ideas en el programa de Macron? De un lado, preserva las libertades básicas, en particular las de emprendimiento, de conciencia y de asociación. Por otro lado, defiende la igualdad de oportunidades, entre otros gracias a inversiones en la educación en zonas prioritarias, medidas contra las discriminaciones de etnia o de género en el mundo laboral y un sistema de jubilación universal.

En las similitudes con Chile, se puede destacar el Partido Liberal chileno, liderado por el diputado Vlado Mirosevic como el más cercano al nuevo líder francés por su filiación al liberalismo igualitario y el lema de la Revolución Francesa “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. En este sentido existen convergencias entre las propuestas de Macron y Mirosevic, en cuanto a instalar una agenda social-liberal, fuera de las alianzas políticas tradicionales y de cambios en la manera de pensar el posicionamiento del individuo en la sociedad.

En este momento surgen las dificultades: para Macron, marcar el cambio político introducido por su campaña electoral, y para el Partido Liberal chileno, lograr imponer una alternativa del paisaje tradicional en la política chilena. Dos desafíos para dos nuevos movimientos, en dos países no tan lejanos.