Las similitudes entre La Ballena Azul y la hipnosis según psicólogo

El también hipnoterapeuta José Luis Rojas explica las razones del por qué los adolescentes son víctimas a este tipo de “juegos”

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Es la preocupación de la semana. El juego de La Ballena Azul, que se ha convertido en viral a través de redes sociales, se ha tomado la agenda, recibiendo el interés periodístico desde noticiarios centrales a matinales. Es por eso que entender el fenómeno para poder atajarlo se convierte en una prioridad.

Así también lo entiende el psicólogo e hipnoterapeuta José Luis Rojas, quien explica las razones del por qué los adolescentes son víctimas a este tipo de “juegos”. Pero no se queda ahí, ya que también expone las peligrosas semejanzas con el proceso de la hipnosis y como los menores van cayendo en este espiral.

La Ballena Azul, básicamente, consiste en una serie de “retos” planteados en grupos cerrados en los que se pide a los jóvenes, desde los 12 años, que realicen una prueba cada día durante 50 jornadas, cuya intensidad va en aumento reto a reto.

Luego de superar las peticiones “simples” como comer una determinada cantidad de huevos o no hablar durante un día, comienzan las “exigencias” que implican cierto riesgo mayor como pasar 24 horas sin dormir o hacerse cortes en la piel en forma de ballena. Todo, para terminar en la prueba final es el suicidio.

“Primero porque nacieron en esta era digital por lo que manejan perfectamente las redes sociales y muchas veces sin ningún tipo de supervisión de sus padres”, contextualiza el profesional.

Junto a lo anterior, continúa Rojas, “se potencia una de las características de personalidad que tienen los adolescentes, que es la omnipotencia, ellos creen que nada les puede pasar y esto es clásico de la edad”.

Pero quizás el punto más sensible es la desensibilizacion: “También ayuda a esto el hecho de que el ser humano necesita 21 días para modificar un hábito, e incluso una creencia a nivel inconsciente, por lo que sin darse cuenta, al pasar los días va perdiendo la distancia que pudiera haber tenido los primeros días del juego”.

Finalmente, a nivel neuroquímico, el cerebro terminando eliminando las barreas entre fantasía y realidad, “por lo que se deja llevar por las descargas de dopaminas y adrenalina que el juego hace que produzca, alcanzando el centro de recompensa del cerebro que lo hace perder el criterio de realidad y continuar en este desafío perverso”.