El crepúsculo de hombres y bestias de la Patagonia en la muestra “Huesos de Bagual”

La exposición de video documental y fotografía muestra la relación entre el final en la vida de los animales indomables de Tierra del Fuego y las preocupaciones cotidianas del ocaso propio de los trabajadores de este páramo sobrecogedor.

2076

“Animales nunca dominados por el hombre”. Los baguales suelen ser un espejismo del extremo sur de Chile: caballos, vacas, toros, cerdos, ovejas, perros y gatos que escapan del estado doméstico y se reproducen en camadas que retornan a su estado salvaje en la Patagonia como otro de sus mitos.

La exposición fotográfica y de video “Huesos de bagual” materializa esta fauna indómita a través de sus restos en un registro de 85 imágenes capturadas en la localidad de Bahía Inútil. Más específicamente en la hacienda Tres Hermanos. Más de 10 mil hectáreas de páramo feroz donde la muerte se aprecia a simple vista a través de los abundantes restos de estos animales (incluidos ballenas y pingüinos) que dan cuenta de un entorno agreste y aparentemente abandonado donde el hombre está solo frente a sus fuerzas.

Del otro lado del retrato están Felipe Roa, Mau Jiménez y Matías Mellado, autores de la instalación que destaca a los estancieros como otra especie que convive con su extinción con el mismo brío del animal nunca domado.

“Los baguales tienen una personalidad propia, una manera de ser. Pero al ser capturados pierden la calidad de bagual. En ese sentido los estancieros siguen siendo baguales”, sostiene Roa, fotógrafo e historiador, quien pasó gran parte de los últimos años trabajando en la aventura y estudiando la manera de convertir en una instalación relevante este interminable sembradío de huesos como metáfora de un crepúsculo vital tanto de hombres como de bestias.

“La muerte suele ser algo casi invisible para quienes habitamos en las grandes ciudades, pero algo mucho más concreto para estas personas en Bahía Inútil. A través de este relato que es ‘Huesos de bagual’ deseamos hacerla más concreta para los espectadores de la muestra”, dice.

“Para quienes están enraizados con la magallanía hay un proceso muy complejo que ocurre entre el momento en que dejan de trabajar y la muerte biológica. Es un lapso que se vive como un letargo. La muerte biológica es tener que abandonar la tierra que trabajas”, reitera.

El fotógrafo cuenta que junto a Jiménez, diseñador gráfico, identificaron este fenómeno a partir de su paso por la zona donde el clima, los terrenos cenagosos y el descampado son cementerio y cadalso a la vez. “Si bien proponemos una metáfora, el riesgo de la muerte en Tierra del Fuego no es ninguna ficción. En este páramo lleno de huesos, los animales caen por enfermedad o por meter una pata en las numerosas vegas o humedales que existen en los lugares por donde pasaron los glaciares. Allí se hunden y quedan atrapados sin ayuda en una extensión de terrenos de más de 10 mil hectáreas donde hay sólo 13 personas a la redonda. Los animales mueren naturalmente por cientos de años y por eso quedan todos estos restos, estos numerosos huesos esparcidos por el terreno como la basura en las ciudades”, sostiene Jiménez.

Pese a la exigencia de la naturaleza, los trabajadores de la Patagonia no abandonan sus posibilidades de seguir trabajando hasta el máximo posible. El documental del mismo nombre que puede verse en la exposición da cuenta de esa lucha constante, pero también del premio que significa convertirse en parte del paisaje también.

“La gente que vive en la Patagonia y Bahía Inútil se comportan como una especie de baguales, ya que cuando comienzan a abandonarles las fuerzas y las posibilidades de seguir trabajando, principalmente por problemas de salud, se desaniman. El trabajo es parte vital de su existencia”, señala.

–Desde una mirada urbana la perspectiva del retiro pasa por otras prioridades, como el debate sobre las pensiones. En este caso, el viejo estanciero bagual debe tener otras opciones
-Claro. Allá en el extremo sur tu existencia está más vinculada al trabajo físico y práctico. Sobre todo en este lugar donde la persona más “joven” trabajando supera los 50 años y el mayor llega a los 80. Desde aquí proviene tu vigencia como trabajador. Cuando no trabajas generas un declive en términos de ganas y de la utilidad que tengas para tu entorno. Son personas que dependen de su pulso. Es decir, es difícil imaginarlos pendientes de si son pensionados o no. Allá no es una prioridad saber con cuánta plata te jubilas, sino en qué condiciones físicas estás para rendir en el día a día. No con qué dinero llegas a morir. Probablemente es una diferencia que está más alejada de la tensión mediática propia de las grandes ciudades.